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GRATIS Lanzamiento Novedades literarias

#2020GRATIS NUNCA ES TARDE PARA SER LA REINA DEL BAILE #librogratis #Wattpad

Hola a todos:

¡Feliz 2020! Quería haberos hecho un regalo estas Navidades, pero al final entre unas cosas y otras se me ha hecho tarde, pero bueno, ahora sí que os dejo un libro que he escrito, y solo voy a compartir en Wattpad, ya que no estoy del todo convencida, y prefiero dejar que la gente lo lea y decida.

Nunca es tarde para ser la reina del baile de Olga Núñez Miret
Nunca es tarde para ser la reina del baile de una servidora.

Nunca es tarde para ser la reina del baile.

¿Te has encontrado alguna vez en la poco envidiable situación de que te digan que eres una persona demasiado… (puedes rellenar el hueco con cualquier palabra relevante: joven, bonita, delgada, gorda, baja, alta, lista, tonta, vieja…) para hacer algo?  Mildred, una de las protagonistas de nuestra historia, siempre había soñado con tener su propio baile de graduación. Pero en la época en que ella terminó sus estudios, en Inglaterra, eso no se llevaba. Ahora, muchos años después y con tiempo en las manos al haberse retirado de su trabajo de enfermera, aún sigue pensando en ello. Se lo comenta a su marido, que no se muestra demasiado entusiasmado por su idea. Tras tantos años soportando que le digan lo que tiene que hacer, decide que ya es hora de tomar el mando. Con algo más que un poco de ayuda de sus amigas, su proyecto empieza a tomar forma.

Lo que empezó como un reto se transforma en una misión que captura la imaginación y los corazones de todos los que la descubren.

Una inspiradora historia para todas las edades sobre la amistad, la creatividad, la voluntad, y el poder de una comunidad muy unida y de los sueños.

https://my.w.tt/b8gUXGHY32

¡Mucha suerte, muchas gracias por leer, y hasta muy pronto!

 

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GRATIS Una vez psiquiatra. Los inicios

#GRATIS El último capítulo de Una vez psiquiatra… Los inicios

Hola a todos. Sí, hoy comparto el último capítulo de Una vez psiquiatra… Los inicios. Aunque he completado el borrador (en inglés) de la siguiente historia en la serie, no planeo compartirla aún, no os preocupéis. Pero habrá reseñas, os pondré al día de lo que he estado haciendo, y seguro que alguna otra cosa se me ocurrirá (ah, y planeo una promoción de mis servicios de traducción).

Por si se os ha pasado Una vez psiquiatra… Los inicios ya está a la venta, gratis en todas partes (bueno, en las que me han dejado de momento. Por cierto, si véis que no lo estáis podéis hacerme el favor de informar a Amazon copiando el enlace de una de los sitios donde está disponible gratuito, ya que mucho caso parece que no me hacen).

Una vez psiquiatra. Los inicios. Olga Núñez Miret. Portada de Ernesto Valdés
Una vez psiquiatra. Los inicios. Olga Núñez Miret. Portada de Ernesto Valdés

Una vez psiquiatra… Los inicios Olga Núñez Miret

¿Hasta dónde llegaría un escritor por conseguir una historia única? Esa es la cuestión que le plantea a la psiquiatra Mary Miller el primer misterio/thriller de su carrera. Conoce a los personajes principales de esta serie de thrillers psicológicos GRATIS y pon a prueba tu intuición y tu ingenio con esta novela corta sobre el precio de la ambición.

La doctora Mary Miller es una joven psiquiatra que sufre una crisis de vocación. Su amigo Phil, abogado criminalista que trabaja en Nueva York, la invita a visitarle y a asesorar a su bufete en el caso de un escritor al que acusan de un grave asalto. Su víctima llevaba tiempo acosándolo y acusándolo de haberle robado la historia de su vida, que él había convertido en un best-seller. El autor lo niega y alega autodefensa. Cuando la víctima muere, las cosas se complican aún más. La frontera entre la verdad y la ficción se difumina y secretos y mentiras salen a la luz.

Una vez psiquiatra… Los inicios es la precuela de Una vez psiquiatra… un volumen que recoge tres historias en las que Mary, con su experiencia como psiquiatra, ayuda a solucionar una variedad de casos, desde asuntos de religión y raza, pasando por el asesinato de un policía, y en la última historia, Mary se enfrenta cara a cara con un asesino en serie.

Si os gusta esta novela corta, no os olvidéis de que podéis leer más aventuras de Mary. Y aún quedan muchas por contar.
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Y ahora, como os había prometido, el último capítulo.

8.     La verdad 

Como parte de su formación continuada, Mary cambió de trabajo, y aunque solo estaba a unas millas de donde vivía, suponía algunos ajustes y acostumbrarse a una nueva rutina. Cuando sonó su teléfono una mañana a las 6:30, saltó de la cama, pensando que estaba de guardia. Entonces recordó que no lo estaba y se preguntó quién la llamaría tan temprano.

—Hola, Mary. Espero no haberte despertado.

—¡Phil! Creí que me llamaban del trabajo.

—¿Estás de guardia?

—No, pero tardé un poco en recordarlo. No me llama mucha gente a esta hora de la mañana. ¿Pasa algo?

—¿Eh?… No, no. Nada malo. ¿Estás siguiendo el juicio? ¿El de Fenton?

—No muy de cerca. He leído algún artículo sobre ello y algo vi en las noticias, pero no le he dedicado mucha atención. Hace poco que cambié de trabajo y siempre es algo frenético. ¿Cómo va?

—Es todo muy raro. Lance se fue a trabajar para la Fiscalía y está ahí sentado en la mesa del fiscal. No ha abierto la boca, pero es inquietante. Wright intentó hablar con la jueza para que lo echara, pero el nombre de Lance no aparece en ninguna de las declaraciones y no estaba en el listado oficial. Ella le advirtió al fiscal que no solo echaría a Lance de la sala, sino que desestimaría el caso por un tecnicismo si usaban cualquier información privilegiada a la que no deberían tener acceso. Pero eso ha dejado el juicio completamente abierto.

—Suena difícil.

—Bueno, yo no creo que ellos tengan un caso sólido con evidencia. Hay muchísimas pruebas del comportamiento perturbado de Green, y Fenton siempre intentó hacer lo correcto.

“Sí, ya”, pensó Mary.

—¿Y cuándo esperáis que se acabe todo?

—Nunca se puede ser muy preciso en estas situaciones, pero supongo que el viernes. Por eso te llamaba. ¿Podrías tomarte el viernes libre y venir? Quizás podrías llegar el jueves por la noche y quedarte el fin de semana, si te puedes escapar. Percy sugirió que quizás te gustaría estar presente, y me parece una gran idea. Especialmente si estás pensando en dedicarte a hacer de testigo pericial en el futuro. La mayoría de la gente cree que sabe cómo es porque lo han visto en series de televisión y en películas, pero no es así.

—No me toca trabajar este fin de semana. Intentaré conseguir que me den el viernes libre. Me gustaría ver cómo se resuelve el caso. Tengo la impresión de que será interesante.

—Probablemente te llevarás una desilusión, pero siempre podemos hacer algo que valga la pena el fin de semana, y estoy seguro de que a Ryan le encantaría volver a verte.

—¡Oh, Phil! ¡Déjalo estar!

—¡Solo era una broma! —Él se rio—. Llámame. ¡Que tengas un buen día!

Mary consiguió permiso para tomarse un día de vacaciones y el doctor que estaba de guardia el viernes accedió a ocuparse de sus pacientes. Llamó a Phil para confirmarle que iba a ir, y el jueves, como habían quedado, él fue a recogerla a la estación de tren. Durante el viaje en taxi, Mary preguntó:

—¿Así que mañana será el último día?

—Es muy posible. Les toca a ellos interrogar al agente de Fenton mañana por la mañana. Y después de eso… bueno, eso es todo. Los alegatos finales, y entonces ya todo queda en manos del jurado. Puede que no oigamos el veredicto mañana, pero no creo que tarde demasiado.

—¿Y cómo ha ido hasta ahora?

—Aparte de la evidencia de que cuando se defendió Fenton usó mucha fuerza, no hay nada en concreto contra él. Varios testigos hablaron sobre el comportamiento de Green y sobre cómo llevaba meses acosándolo sin parar.

Mary se quedó callada un rato.

—Siempre supuse que el verdadero protagonista de la novela, el verdadero David Collins, como sea que se llame en realidad, acabaría presentándose.

—¿Para qué?

—Supongo que aumentaría la credibilidad de la historia de que Green no estaba bien y que sus sospechas no tenían fundamento.

—Quizás no crea que haya el menor riesgo de que Fenton acabe viéndose metido en serios problemas. Autodefensa. Y si es una persona tan reservada, quizás no esté al alcance de los medios de comunicación y no le hayan llegado las noticias.

Mary negó con la cabeza.

—Muy poco probable. Hace tiempo que se habla del juicio. Y ha aparecido en todas partes. No importa, solo era una reflexión.

A la mañana siguiente fueron al juzgado. Percy y Steve estaban sentados a la mesa de la defensa con Fenton. Phil cogió a Mary del brazo y la hizo sentarse a su lado, en el banco detrás de ellos. Ryan apareció al cabo de unos minutos y se sentó a su derecha. Percy y Steve se dieron la vuelta y los saludaron.

En la mesa del fiscal se encontraba un hombre afroamericano muy atractivo, con un traje azul marino, hablando animadamente con Lance. Phil se dio cuenta de que Mary los miraba.

—El fiscal. Stanton —le dijo.

Wright miró de soslayo a la fiscalía.

—Me pregunto de qué estarán hablando. Uno no se imaginaría que las cosas les están yendo tan mal viendo lo animados que están.

Fenton se giró brevemente y saludó con la cabeza. A Mary le dio la impresión de que no estaba demasiado contento de verla. Pero el escritor tenía cosas más importantes de las que preocuparse y quizás era cosa de su imaginación.

La jueza Pearson, una mujer de unos sesenta y pocos años, pelirroja y con el pelo rizado, entró, anunciada por el secretario judicial, y se levantaron todos. Después de decirles que se sentaran, empezó el proceso. Aunque Mary no había llegado a conocer a Mike Spinner, el agente de Fenton, no esperaba nada nuevo de su declaración. Stanton le preguntó sobre su historial y luego lo que sabía sobre los orígenes del libro. También le hizo unas pocas preguntas sobre el comportamiento de Green. Todo parecía encajar con la versión de lo sucedido que había dado Fenton. El fiscal se acercó a su mesa, miró un papel que le mostraba Lance, y volvió andando lentamente al estrado de los testigos.

—Señor Spinner ¿se habló alguna vez de una orden judicial de alejamiento?

—¿Una orden judicial de alejamiento? Hablé con uno de mis abogados sobre el tema, pero era todo muy complicado debido a las giras y al viajar constantemente, que dificultaría fijar las condiciones. Y aunque se impusiera una condición de mantenerlo a una cierta distancia, si hubieran aceptado, con el interés del público y tanta gente yendo y viniendo… No hubiera sido posible implementarla. No hubiese funcionado. No valía la pena.

—Así que nunca oyó al señor Fenton o al señor Green hablando de una orden judicial —repitió Stanton.

—No. En realidad no.

—¿En realidad no? —Stanton, que se había dado la vuelta y se dirigía hacia su colega, se giró y fijó los ojos en el testigo.

—El testigo ya ha respondido a la pregunta, Su Señoría —protestó Steve.

—No, en realidad no —respondió la jueza Pearson, sonriendo—. Continúe.

Asintió, mirando a Stanton. Mary observó que a Fenton se le ponía el cuello rojo.

—Quiero decir… La última vez que Green vino a una sesión de firmas del libro, me llamaron para que fuera a hablar con el dueño de la librería, y los dos oímos un alboroto. Para cuando llegué allí, dos de los guardias de seguridad se estaban llevando a Green a rastras. Los guardas me contaron más tarde que Green había conseguido acercarse a la mesa, colocándose una identificación como las que llevaban los empleados de la librería, se puso al lado de Fenton y le susurró algo al oído. Ellos me dijeron que Fenton le respondió algo en voz muy baja, que ellos no pudieron oír, y les hizo gestos para que se acercaran, y mientras se lo llevaban, una vez fuera de la librería, Green dijo que ninguna orden judicial le impediría decir la verdad, o algo parecido. Nada nuevo, aunque no sé de dónde salió la idea de la orden judicial.  Más tarde le pregunté a Oliver, el señor Fenton, pero me contestó que Green le había dicho lo de siempre, que había usado su historia y que conseguiría que le indemnizaran. Nada más.

Steve parecía estar a punto de levantarse y protestar, Mary supuso que “testimonio de oídas”, pero Percy lo detuvo. Parecía intrigado.

—Gracias.  —Stanton cogió un papel que le ofrecía Lance. Volvió a dirigirse al estrado del testigo y le mostró el papel a Spinner—. ¿Reconoce este número de móvil?

—No. Pero no tengo muy buena memoria para los números de teléfono. Si quiere puedo comprobar la agenda de mi teléfono…

—¿No es el número del acusado?

—No, no. Ese número me lo sé de memoria.

Stanton sonrió y dijo que eso era todo. A Spinner le dijeron que se podía ir y bajó del estrado.

—Queremos volver a llamar al estrado a Oliver Fenton —anunció Stanton.

Percy, Steve y Fenton se miraron entre sí.

—Necesito consultar con mi cliente —dijo Percy, poniéndose en pie.

—Nos tomaremos un breve receso. Volvemos en media hora —dijo la jueza Pearson.

Una vez que la jueza se fue, Percy se volvió hacia Phil y Ryan.

—Venid con nosotros. Tú también, Mary.

—¿Al señor Fenton no le importa? —preguntó Mary.

Fenton se giró a mirarla y sonrió, con los labios tan apretados que se habían convertido en una línea blanca.

—Por supuesto que no me importa. ¿Crees que te tengo miedo? Sé que no tienes superpoderes y no puedes leer mi mente. Y de todas maneras, no tengo nada que ocultar.

Mary se encogió de hombros y les siguió. Fueron a una sala adyacente mientras el guarda se quedaba fuera.

—A ver. ¿Qué es todo eso de una orden judicial? —preguntó Percy tan pronto como se hubieron sentado todos.

—Yo no sé nada sobre ninguna orden judicial. Cualquiera sabe lo que pudo haber dicho. Alguna locura que debió metérsele en la cabeza —respondió Fenton, despectivamente.

—¿Y el número de móvil? —preguntó Ryan.

—¿Qué número de móvil?

—Evidentemente la fiscalía le preguntó a tu agente por un número de teléfono móvil. ¿Hay algo de lo que debamos preocuparnos? —preguntó Percy.

—¿Por qué no protestaron cuando Mike dijo todo aquel bla, bla bla? Todo eran rumores. Green susurró alguna cosa. Yo le dije alguna otra cosa. No quiere decir nada. ¿Qué podría haber dicho que venga al caso?

—Las sorpresas no son buenas en este negocio, Fenton —dijo Wright —. Podemos prepararnos para casi cualquier eventualidad, pero no para lo que no sabemos.

Fenton suspiró.

—Ya os lo he dicho. Siento mucho que haya muerto, pero el hombre estaba chiflado —dijo, bajando la mirada.

—De acuerdo —asintió Percy. Entonces se volvió hacia Mary—. ¿Alguna pregunta, doctora Miller?

—Me estaba preguntando… —Fenton levantó la cabeza y le lanzó una mirada de odio— ¿Por qué susurró Green? Había gritado a pleno pulmón diciéndole a cualquiera que le escuchase que habías usado su historia. ¿Por qué susurrarte al oído? No tiene sentido. Debe haberte dicho alguna otra cosa. ¿Por qué mencionaría contar la verdad y que nadie se lo podría impedir? Si se tratara de la misma acusación, ya había contado la verdad. Y no me respondas que estaba loco. Eso no lo había hecho con anterioridad y desde luego, había sido consistente y vociferante. Debía tener una buena razón. Una razón por la que acabó muerto.

Fenton se levantó de la silla tan de prisa que esta cayó al suelo, con un estrépito que resonó por toda la sala.

—Te crees que lo sabes todo. ¿Pero qué sabes en realidad?

—Ese hombre estaba obsesionado con la verdad. Debió descubrir algo, o sospechaba algo, pero sin saberlo a ciencia cierta. Por eso te lo susurró en lugar de gritarte como siempre. Tu reacción confirmó sus sospechas —respondió Mary, que seguía sentada mirándole, hablando en voz baja y con gesto tranquilo.

—¿Ah sí? ¿Y qué crees que era eso? Quizás tienes superpoderes de verdad —la desafió Fenton.

—No tengo ni idea, aunque si tuviera que apostarme algo… Te inventaste toda la historia. El libro es una obra de ficción. No, no usaste la historia de Green, porque no usaste la historia de nadie. Te limitaste a inventártela. Y él debió llegar a esa conclusión de alguna manera. Quizás te contradijiste en algún momento, o quizás hizo comprobaciones y descubrió que no habías estado de voluntario en ninguna línea telefónica de ayuda. Fueran las que fueran las circunstancias, cuando te lo dijo, tú le amenazaste con una orden judicial.

Fenton había palidecido y estaba temblando ligeramente.

—El acoso era una cosa, pero eso me podría haber costado la carrera. Siempre ha habido escándalos por plagio y por tomarse libertades con la verdad en el mundo literario pero eso… Habría supuesto el fin de mi carrera justo al principio. Conseguí un móvil sin registrar, y le llamé. Yo planeaba verme con él en algún sitio discreto y ofrecerle dinero a cambio de que mantuviese la boca cerrada y desapareciese, pero cuando le llamé me dijo que no perdiera el tiempo y que no lo podría comprar. Que quería convertirme en un ejemplo por explotar ese tema y aprovecharme de una mentira, de algo que había destruido y dañado a tanta gente. Entonces le dije que había obtenido una orden judicial contra él y que ya no podría seguirme por todas partes o presentarse en mi apartamento nunca más. Sabía que eso le provocaría y se presentaría allí. Y eso sería ideal para mí, ya que estaría invadiendo mi casa y podría alegar autodefensa. Envié al recepcionista fuera con una excusa y le esperé, escondido. Cuando llegó, le di la oportunidad de aceptar algo de dinero e irse, pero se negó. Se dio la vuelta diciéndome que iba a hablar con la prensa y…

Percy estaba horrorizado. Steve, Phil y Ryan se habían puesto de pie y se estaban mirando los unos a los otros, sin saber qué decir.

—Deben tener una grabación de la llamada telefónica… O por lo menos un registro —dijo Steve —. Y deben haberla conectado contigo. Es evidencia de asesinato. Lo habías planeado.

—¡Pero no murió allí en aquel momento! ¿No podemos ir a por el hospital, acusarles de negligencia? —preguntó Fenton.

Phil negó con la cabeza.

—La cadena causal es muy clara.

—¡Pero me había estado acosando!

—Sí, pero ese no fue el motivo de su acción. La autodefensa no funcionará si tienen la llamada —dijo Ryan.

—¡Me someteré a la evaluación mental! —gritó Fenton.

Mary negó con la cabeza.

—Puedes solicitar otra opinión, pero…

Percy se encogió de hombros.

—No vale la pena. Lance conoce a Fenton y estaba presente cuando hablamos de su estado mental. Sabe que se negó a que le evaluaran. Aunque no puede testificar sobre eso, no tendrán ninguna dificultad para encontrar un experto que diga que no hay evidencia de ningún trastorno mental. Por lo menos ninguno que pudiera librarlo alegando locura. Y no creo que nos vaya a ser demasiado fácil encontrar a alguien dispuesto a decir lo contrario.

—¿Y entonces qué hacemos?

—Tendrá que declararse culpable. Podemos alegar el exceso de trabajo, el estrés, el acoso, pero dependerá de lo generosos que se sientan. Intentaremos negociar una reducción de condena —dijo Phil.

El empleado del juzgado llamó a la puerta.

—Hora de volver a la sala.

Una vez dentro, cuando la jueza hubo vuelto a la sala, Percy se acercó a ella. Después de escucharle, llamó a Stanton. Los dos abogados charlaron unos instantes y la jueza suspendió el juicio. Esta vez Pearson, Stanton, Lance, Wright y Steve se reunieron en privado.

El público esperó fuera.

—¿Cómo lo supiste? —le preguntó Ryan a Mary.

—No lo sabía seguro. Se me ocurrió esa posibilidad cuando me puse a hablar. Y la reacción de Fenton me lo confirmó.

—Quizás tienes superpoderes —bromeó Phil.

Mary se rio.

Poco después, volvieron a la sala. Hubo un cambio de declaración y la jueza aplazó la sesión para dictar sentencia.

—Extraordinario —dijo Percy cuando salían, dándole la mano a Mary —. De veras confío en que trabaje para nosotros en el futuro.

—Muchas gracias. Estoy muy ocupada en mi trabajo actual, pero tengo que reconocer que esto es muy interesante.

—Y puedes hacer los cursos de formación que te parezcan necesarios, a nuestra costa.

—¡Gracias!

Phil vio como Lance se dirigía hacia la puerta y le llamó.

—Eh, Lance, ¿ya no te acuerdas de tus amigos?

—¡Hola chicos! Mary… —Le sonrió afectuosamente.

—Vamos, dinos. ¿Qué teníais? —le preguntó Ryan, dándole palmaditas en el hombro.

—No seas malo. Ya sabes que no puedo contarlo. Es información confidencial. ¡Hasta pronto!

Ryan masculló algo sobre secretos y salieron todos del juzgado.

 

El caso fue noticia importante en los medios de comunicación: televisión, radio, periódicos… Por supuesto también escribieron un libro sobre ello poco después.

Mary fue a varios de los cursos de formación, sobre cómo escribir informes, hacer de perito judicial, y estudió el funcionamiento del sistema de justicia criminal.

Aproximadamente un año después del juicio, Phil llamó a Mary.

—Tengo buenas noticias.

—¿Sí? Cuéntame.

—¿Recuerdas que te dije que Wright estaba pensando en ampliar el bufete? Ha accedido a que monte una sucursal del bufete en el Sur. No he decidido aún si en Savannah o Atlanta. Tengo que ir y comprobarlo todo a fondo. Me ha otorgado total independencia, así que planeo aceptar muchos casos gratuitos, contratar a abogados locales y…

—Ser más éticamente correcto.

—¡Exactamente! Lo mejor de los dos mundos. No dejo el bufete, pero tampoco apruebo sus prácticas ni las sigo.

—Suena perfecto.

—¿Qué me dices? ¿Te apetece un viajecito al Sur?

—¡Pensaba que no me lo ibas a preguntar nunca!

El fin (del principio)

Por si os habéis perdido alguno de los capítulos, aquí os dejo los enlaces (en cuanto pueda añadiré una página con los enlaces por si preferís volver con más tiempo en otro momento).

Capítulo 1

Capítulo 2

Capítulo 3

Capítulo 4

Capítulo 5

Capítulo 6

Capítulo 7

Y esta es la última semana en que Una vez psiquiatra… está disponible solo a $0.99. ¡Luego no digáis que no os he avisado!
Hoy en lugar de la descripción, podéis leeros una muestra directamente desde aquí.

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GRATIS Una vez psiquiatra. Los inicios

#GRATIS Capítulo 7 de Una vez psiquiatra… Los inicios. Y ya solo queda uno!

Hola a todos:

Una vez psiquiatra… Los inicios ya está a la venta, gratis en todas partes (bueno, en las que me han dejado de momento).

Una vez psiquiatra. Los inicios. Olga Núñez Miret. Portada de Ernesto Valdés
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Una vez psiquiatra… Los inicios Olga Núñez Miret

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Pero lo prometido es deuda, y hoy os traigo el capítulo 7. Y la semana que viene, EL ÚLTIMO CAPÍTULO.

7.     Conocimiento interno

 

Mary colgó el teléfono, sonriendo. Estaba segura de que Phil se estaría preguntando cómo sabía que Lance había dejado el trabajo, pero dudaba que sacara la conclusión correcta. Por supuesto que él no conocía el contenido de su conversación con Lance en los Hamptons, pero eso no era todo. A veces sus ideas fijas y preconcebidas le cegaban y no le dejaban ver lo que debiera haber sido evidente. Pero quizás fuera mejor así. Mary había decidido, de antemano, hacer ver que estaba sorprendida cuando le comunicara la noticia, pero al final no lo había conseguido. Era muy afortunado que él no hubiese llegado a la conclusión correcta, ya que no quería que la posición de Phil se viera en peligro por las decisiones y el comportamiento de ella.

Ya sabía que Lance se había largado… Sí, porque Lance la había llamado por teléfono. Si Phil la hubiese telefoneado el martes, o el miércoles temprano, habría sido una sorpresa de verdad, pero Lance la había llamado el miércoles por la noche. Acababa de llegar a casa después de un largo día de trabajo y su teléfono estaba sonando cuando entró en el apartamento. Agarró el auricular y dijo: “¡Hola!”, convencida de que había llegado tarde.

—Hola. ¿Mary? ¿Te acuerdas de mí?

La voz le resultó familiar y solo tardó unos segundos en recordar de dónde.

—¿La… Lance? Pero… ¿cómo conseguiste mi número?

—El que la sigue la consigue. No me costó demasiado, pero no quiero causarle problemas a nadie. Después de nuestra conversación del sábado quería volver a hablar contigo.

—De acuerdo.

—Quizás sea mejor que te sientes.

Mary le obedeció, preguntándose qué iría a decirle.

—Pensándolo bien, quizás no te resulte tan sorprendente después de nuestra charla. Dejé el bufete de Wright el lunes por la mañana.

—¡Vaya, vaya!

—Bueno, cuando me fui el domingo, y por cierto, perdona por no deciros adiós, pero necesitaba tiempo para pensar, me pasé el rato dándole vueltas y más vueltas en la cabeza a lo que había pasado y a todo lo que habíamos hablado. Y para cuando llegué a casa había decidido que tenía que hacer algo. Que necesitaba reparar el daño. Tenía que pagar por lo que había hecho y por las consecuencias de mis actos.

—Pero no fueron tus…

—Lo sé, lo sé. Me acuerdo de lo que me dijiste. Pero sigo sintiéndome culpable. Sabía que no podía seguir trabajando con Oliver Fenton. No podía defenderle. Y al seguir pensando en ello me di cuenta de que tampoco podía seguir trabajando en el bufete de Wright. Una ética dudosa y ambiciones similares a las suyas ya habían resultado en la muerte de un hombre inocente y torturado. Me asustaba pensar cuánto más daño podría hacer si seguía dedicándome a ese tipo de trabajo. Así que me presenté allí el lunes y simplemente le dije que me iba, que me importaban demasiado la ética y la moralidad como para seguir trabajando allí, o algo parecido. Y me largué. Antes de ir estaba convencido de que me iba a poner nervioso, o sentirme asustado o preocupado, pero no. Solo me sentí libre.

—¿Y ahora qué vas a hacer?

—¡Eso es lo mejor de todo! Tan pronto como puse los pies fuera del edificio caí en ello. Soy abogado. Hasta ahora había hecho mucho daño porque solo me importaba la fama y mi propia reputación, pero la ley me ayudaría a conseguir lo que debería ser la meta fundamental de cualquiera que se dedique a la profesión, la Justicia. Así que fui al despacho del Fiscal General y le ofrecí mis servicios. Mi única condición era que quería trabajar en el caso contra Fenton. No como fiscal principal, pero al menos formar parte del equipo. Accedieron a que me encargase del caso, aunque fuese extraoficialmente, bajo supervisión.

—¡Fantástico!

—Y esa es la razón por la que quería hablar contigo. Quería contarte la noticia, pero también quería hablar contigo del caso. Si te parece que puedes hablar sobre él, por supuesto. Lo entenderé si crees que no debieras, ya que sé que tu posición al respecto no quedó muy clara.

—No sé si te seré de gran ayuda, pero Fenton se negó a ser evaluado y aparte de mi opinión sobre su estado mental, no hay ningún documento, ni contrato, ni informe que yo haya firmado. Supongo que como mucho se consideraría un testimonio de oídas y no tendría validez alguna en el juicio. Personalmente, no le considero mi cliente, y aunque Percy Wright dijo que quería trabajar conmigo en el futuro, no lo pusimos por escrito ni formalizamos nada. Y no hubo intercambio de dinero. Y hablando de ese tipo de cosas, ¿cómo puedes pasarte de un bando al otro? ¿No habrá problemas con respecto a información privilegiada y todo eso?

—Oficialmente será el Fiscal del Distrito el que llevará el caso. Y como Wright insistió en estar al mando y que toda la responsabilidad fuera suya, yo no estoy inscrito en la documentación. Es Percy Wright y equipo. Bueno, como ya debes haber notado, así es como trabaja él. Podríamos tener dificultades más adelante, pero confiamos en que Fenton se declarará culpable y eso nos ahorraría tiempo y esfuerzo a todos.

—¿A cambio de una reducción de cargos?

—No… Quizás una sentencia ligeramente reducida.

Se quedaron callados unos segundos. Al final, Mary acabó preguntando:

—Dijiste que querías hablar conmigo sobre el caso. Como te dije, no estoy segura de poder ayudarte, pero pregúntame y ya veremos.

—Me di cuenta, por tu respuesta a la señora Roberts el sábado y por la conversación que mantuvimos después, que no parecías estar muy de acuerdo con la versión de los hechos que nos dio Fenton. Por lo poco que sé de ti me dio la impresión de que aunque quizás no te guste el tipo personalmente, había alguna otra razón.

Mary también se había estado preguntando por qué Fenton la hacía sentir así.

—No es nada serio, pero tuvimos una conversación corta que me hizo quedarme pensando, y desde entonces he estado repasándola en mi cabeza.

—Cuéntame.

—Cuando se enteró de lo de la evaluación, decidió que yo quería saberlo todo de su vida desde su niñez y me ofreció una versión rápida de su biografía. Ok, fue breve, y es posible que decidiera no mencionarlo, pero considerando que había hablado de ello en detalle y que es algo tan fundamental para su libro, no mencionó para nada el haber trabajado en una línea de ayuda telefónica.

—Desde luego, es muy interesante.

—Entonces yo le pregunté si tenía alguna hipótesis de por qué Miles Green pensaba que había basado su libro en él. Yo sugerí que quizás él encajaba en los detalles que había proporcionado y me dijo que no era culpa suya. Y añadió: “Y no escribí sobre él. O sobre…”. Me dio la impresión de que se detuvo antes de decir algo más, algo que le pudiese incriminar. Pero no estoy segura de qué. Aunque me pregunto…

—¿Qué?

—Cuando terminé de leerme la novela, le comenté a Phil que a mí no me sonaba a real. No sé por qué, pero no me suena sincera.

Lance se quedó callado. A Mary le dio la impresión de que pasaron mucho rato así. Finalmente dijo:

—Ya te dije que no tenía nada específico ni que se pudiera usar en un juicio.

—Oh, creo que en eso te equivocas. ¿Algo más?

—Tampoco me convenció demasiado la secuencia de eventos y el tiempo que pasó. Hablaba como si Green llevase muchísimo tiempo acosándole, pero de hecho no hacía tanto. Ah, y mencionó una orden judicial de alejamiento, pero estoy segura de que nadie había hablado de eso antes. Al menos conmigo presente. La primera vez que Percy y su equipo se entrevistaron con él, dijo que la policía le había sugerido que revelase su fuente de información, pero nada más. Probablemente no es nada. Estoy basando todo esto en impresiones, una breve conversación a regañadientes con él, y un par de interacciones que observé con todo el equipo.

—Eres una mina de oro. Te debo una.

—Solo confío en que se haga justicia.

—Me mantendré en contacto contigo. Si no te parece mal.

—Por supuesto que no. ¡Buena suerte!

Por si os habéis despistado, aquí os dejo los enlaces a los otros capítulos:

Capítulo 1

Capítulo 2

Capítulo 3

Capítulo 4

Capítulo 5

Capítulo 6

Y hasta finales de Febrero Una vez psiquiatra… está en promoción especial, a solo $0.99. Hoy en lugar de la descripción, podéis leeros una muestra directamente desde aquí.

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#Nuevolibro GRATIS Una vez psiquiatra… Los inicios Ya está disponible y capítulo 6.

Hola a todos:

Una vez psiquiatra… Los inicios ya está a la venta, gratis en todas partes (bueno, en las que me han dejado de momento). Por cierto, si la véis por ahí a algún precio que no sea 0, me haríais un gran favor si se lo comentáis a los de la tienda, que eso ayuda a convencerlos de que tienen que ponerlo a cero.

 

Una vez psiquiatra. Los inicios. Olga Núñez Miret. Portada de Ernesto Valdés
Una vez psiquiatra. Los inicios. Olga Núñez Miret. Portada de Ernesto Valdés

Una vez psiquiatra… Los inicios Olga Núñez Miret

¿Hasta dónde llegaría un escritor por conseguir una historia única? Esa es la cuestión que le plantea a la psiquiatra Mary Miller el primer misterio/thriller de su carrera. Conoce a los personajes principales de esta serie de thrillers psicológicos GRATIS y pon a prueba tu intuición y tu ingenio con esta novela corta sobre el precio de la ambición.

La doctora Mary Miller es una joven psiquiatra que sufre una crisis de vocación. Su amigo Phil, abogado criminalista que trabaja en Nueva York, la invita a visitarle y a asesorar a su bufete en el caso de un escritor al que acusan de un grave asalto. Su víctima llevaba tiempo acosándolo y acusándolo de haberle robado la historia de su vida, que él había convertido en un best-seller. El autor lo niega y alega autodefensa. Cuando la víctima muere, las cosas se complican aún más. La frontera entre la verdad y la ficción se difumina y secretos y mentiras salen a la luz.

Una vez psiquiatra… Los inicios es la precuela de Una vez psiquiatra… un volumen que recoge tres historias en las que Mary, con su experiencia como psiquiatra, ayuda a solucionar una variedad de casos, desde asuntos de religión y raza, pasando por el asesinato de un policía, y en la última historia, Mary se enfrenta cara a cara con un asesino en serie.

Si os gusta esta novela corta, no os olvidéis de que podéis leer más aventuras de Mary. Y aún quedan muchas por contar.
Aquí podéis ver una muestra en vivo y en directo:

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Por si acaso preferís seguir leyendo la historia aquí, y como lo prometido es deuda, os dejo el capítulo 6. Pero no os olvidéis de descargar el libro, decírselo a otros y si la leéis y os gusta, dejar un comentario. Gracias!

6. La sorpresa

Phil siempre se había creído buen observador y solía bromear con Mary diciéndole que él era un psicólogo amateur. Era cierto que el talento que tenía en ese sentido le había resultado muy útil en su trabajo. Observó las interacciones entre Ryan y Mary mientras conducía de vuelta a Nueva York. Se había cuestionado si esos dos conectarían, pero le preocupaba que si le preguntaba directamente a Mary, eso la espantara. No apreciaba las interferencias en ese tipo de temas. Aun así, cuando dejaron a Ryan en su apartamento, y de vuelta al suyo, Phil le preguntó a Mary:

—Entonces ¿qué opinas?

—¿Qué opino sobre qué? La casa de tu jefe es increíble, aunque no puedo decir que me hayan gustado demasiado sus invitados ni el estilo de vida tan artificial. Dudo que alguien haya expresado sus verdaderos sentimientos siquiera una vez durante todo el fin de semana. Bueno, quizás una persona.

—Y estás hablando de…

—Lance. Me parece que tú estabas demasiado lejos para enterarte, pero una mujer que estaba sentada frente a nosotros hizo un comentario muy poco amable sobre Miles Green y él se enfadó y le dijo lo que pensaba.

—Oh… Creía que estabas hablando de Ryan.

Mary sonrió.

—Parece que Ryan siempre dice lo que piensa. Incluso cuando sería mejor para él no hacerlo. Me gusta.

Phil se preguntó qué cara habría puesto, porque Mary lo miró y agitó la cabeza vigorosamente.

—No, no, no empieces a intentar emparejarme con Ryan. No funcionaría jamás. Puede que llegásemos a ser buenos amigos, pero no puedo imaginarme ninguna otra cosa.

Phil suspiró y miró a Mary antes de maniobrar el coche para aparcar.

—Podría intentar conseguirte una cita con Lance, pero sé que tiene mucha demanda. Podría resultar difícil.

—Déjate de hacer de celestino e intentar organizarme citas con nadie, por favor. Y, ¿acaso estás insinuando que Lance es demasiado bueno para mí?

—¡No, por supuesto que no! Tú eres demasiado buena para él, pero ya sabes que hay cierto tipo de chicas que solo van detrás de los tíos llamativos.

Mary miró a Phil de reojo, pero acabo sonriéndole. ¡Buf! Se había librado por el momento.

—Bueno, me voy a hacer la maleta y ya me tengo que ir. Debo trabajar mañana. Muchas gracias por invitarme. Ha sido interesante.

—Estoy seguro de que seguirá siendo interesante. Y también de que Percy querrá que nos ayudes en el futuro, en otros casos si no en este.

—Me parece que Oliver Fenton es una causa perdida, al menos en lo que respecta a que yo le haga una evaluación. No hay que preocuparse. Es mejor así. No me gustaría haber tenido que ir a juicio y testificar sobre él. Me temo que habría causado más daño que bien a su causa. Aunque quizás eso no sea tan mala cosa.

Phil acompañó a Mary a la estación y se despidieron antes de que ella se montara al tren.

—Gracias de nuevo, Phil. Y mantenme informada de las novedades.

—Por supuesto que lo haré. Y no te olvides de llamarme cuando llegues a casa. Para decirme que llegaste bien.

—Sí, mamá.

Se besaron y Phil siguió a Mary con los ojos mientras caminaba por la plataforma y subía al vagón. Volvió a casa preguntándose por qué sería Mary tan tozuda con respecto a las relaciones. Era cierto que quizás su ejemplo personal no la había animado a intentarlo, pero…

Profesionalmente, los días siguientes fueron muy raros y Phil casi no tuvo tiempo de pensar en nada que no estuviera relacionado con el trabajo. El jueves por la noche decidió pasar de ir a tomar otra copa después del trabajo para relajarse, y se fue directo a casa. Tuvo que pararse a comprar algo de comida por el camino, ya que casi no había estado en su apartamento desde que Mary se había ido, aparte de unas cuantas horas para dormir. Se duchó, comió algo, y cuando iba a enchufar la televisión, decidió llamar a su amiga antes. Quería saber qué le parecerían las noticias. Ella respondió muy deprisa.

—Hola, Mary.

—Hola, Phil.

—¿No estás de guardia ni nada así, no?

—No, no te preocupes. He estado pensando en ti. Estaba leyendo una entrevista con Oliver Fenton ayer, y sí, no pude evitar ponerme a  pensar en ti, en Fenton… bueno, en todo el bufete.

—De hecho, ha habido algunos cambios.

—¿De veras? ¿Puedes hablar de ello o es confidencial? —la voz de Mary sonó burlona.

—Percy se fía de ti, así que supongo que no hay problema. Lo cierto es que lo sabrá todo el mundo dentro de poco, aunque dudo que tú te fueras a enterar.

—Vale, vale, ya me has intrigado. Dame la noticia.

—Lance… No lo adivinarías nunca. Lance fue y…

—Dejó el bufete.

Phil se quedó boquiabierto. ¿Cómo diantre lo había adivinado?

—¿Lo sabías? Debías saberlo ya. Ni en un millón de años hubieses sido capaz de adivinar una cosa así. ¡Nos pilló a todos por sorpresa! ¿Te llamó Ryan?

—¿Ryan? No tiene mi número de teléfono. No, por supuesto que no.

—¿Cómo lo has sabido entonces?

—Ya deberías saber que tengo una bola de cristal. Debe haber sido un shock para todo el mundo.

Phil estaba intrigado, pero sospechaba que cuanto más preguntara, menos probable sería que le respondiera la verdad. Sería mejor seguir con la conversación y quizás se le escapase. Sabía que se estaba agarrando a un clavo ardiendo, pero no se le ocurrió nada más para hacer que Mary confesase.

—Sí, desde luego. Y además la forma en que lo hizo. Se presentó temprano el lunes, entró en la oficina de Percy sin anunciarse, dejando la puerta abierta y le dijo que renunciaba. Que se había equivocado y que le importaban demasiado la ética y la moralidad como para seguir con jueguecitos. Que no quería seguir poniéndose del lado de los ricos y poderosos. Y se largó. Percy se quedó allí de pie, abriendo y cerrando la boca del asombro, como un pez. ¡Fue digno de ver!

—Me hubiera encantado verlo. ¿Y qué ha pasado con el caso? ¿Quién está a cargo?

—Percy no parece dispuesto a que le vuelvan a sorprender y ha decidido encargarse personalmente. De todas formas, su nombre ya constaba en el papeleo. Por supuesto, eso quiere decir que los demás nos pasamos el día como sus recaderos corriendo de aquí para allá. Aun así…

—¿Tendrá suficiente tiempo para preparar el caso?

—Falta un mes para la fecha oficial del juicio, pero con el cambio de equipo dice que va a pedir un aplazamiento de una semana o dos.

—Sí, eso le iría bien. ¿Y cómo está el resto de la gente?

Phil estuvo al teléfono con Mary un rato más, pero ella lo tuvo entretenido hablando de todo tipo de cosas, y no volvió a mencionar a Lance o su misteriosa fuente de información. Quizás la próxima vez.

Y por si preferís poneros al día aquí mismo, os dejo los enlaces a los otros capítulos (ya solo quedan dos!):

Capítulo 1

Capítulo 2

Capítulo 3

Capítulo 4

Capítulo 5
Y hasta finales de Febrero Una vez psiquiatra… está en promoción especial, a solo $0.99. Hoy en lugar de la descripción, podéis leeros una muestra directamente desde aquí.

Y unos cuantos enlaces:
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Gracias a todos por leer, y ya sabéis, dadle al me gusta, comentad, compartid y haced CLIC!

 

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GRATIS Muestra de escritura Una vez psiquiatra. Los inicios

#GRATIS Capítulo 5 de la precuela de Una vez psiquiatra… #lectura recomendada

Hola a todos:

Si todo va bien, la semana que viene of podré dejar el enlace a la precuela ya publicada. Pero mientras tanto, aquí está el capítulo 5 de Una vez psiquiatra…

Una vez psiquiatra. Los inicios. Olga Núñez Miret. Portada de Ernesto Valdés
Una vez psiquiatra. Los inicios. Olga Núñez Miret. Portada de Ernesto Valdés

5. El fin de semana

Mary disfrutó de una semana relajada en la que cambió por completo su ritmo de vida. Se lanzó con entusiasmo a su tarea de explorar la ciudad, y visitó exhibiciones, buscó las librerías y tiendas de ropa perfectas, y se dedicó a pasear millas y millas. Cuando llegó el jueves por la tarde estaba ya agotada y decidió quedarse en el apartamento de Phil y acabarse de leer La noche más oscura. Phil llegó poco después de las ocho y la encontró cocinando pasta.

—Hola, Phil.

—Hola, Mary. Huele muy bien.

Ella sonrió y lo miró.

—Bueno, ya sabes que mis talentos culinarios son más bien limitados. Nunca me he domesticado del todo. Si acaso lo que me iría bien sería un marido amo de casa.

Phil sonrió y le dio un achuchón en el brazo.

—Voy a quitarme el traje. ¿Has pasado un buen día? —le preguntó, mientras salía de la cocina.

—Volví temprano. Estaba cansada y quería terminar de leerme la novela —respondió ella, hablando lo suficientemente alto como para que su voz alcanzara la habitación de Phil.

Él volvió al cabo de unos minutos.

—¿Qué novela?

La noche más oscura.

—¿El libro de Fenton? ¿No se supone que es una historia real, o mejor dicho, “está basado en una historia real”?

—Sí. Justamente. Se supone que está basado en una historia real. Pero hay algo que no me acaba de convencer, que no me parece real.

—¿El qué? ¿Es falta de consistencia psicológica? Quizás se deba a los cambios que tuvo que hacer para ocultar la identidad del protagonista.

—Podría ser. Aunque si le entendí bien, me dijo que había cambiado algunos detalles para ocultar su identidad real, pero la historia seguía siendo su historia. Y para mí, no funciona. He escuchado a mucha gente contar cosas de sus vidas, he leído informes psiquiátricos, y créeme, la mayoría jamás llegaría a confundirse con el ganador del Pulitzer, pero aun así se notaba que el contenido era genuino. En este caso no es así. Y hay alguna cosa que no me acaba de encajar en él… Me refiero a Fenton. Dice que estuvo de voluntario en una línea de ayuda telefónica ofreciendo consejos y apoyo. Si es así, tendría que ser más comprensivo y mostrar algo de empatía, al menos eso es lo que yo esperaría. Es demasiado frío… Pero no me hagas caso. Probablemente su comportamiento sea un mecanismo de defensa.

Phil se encogió de hombros.

—Oh, ya sabes cuál es mi opinión sobre él. Estoy contento de que sea Lance el que se encargue del caso y no yo, aunque eso conlleve mucha atención pública.

Mary apagó el fuego.

—Esto está listo. ¿Puedes poner la mesa?

—Por supuesto. Y llevaré algo de vino. Sí, y agua para ti. Ya sé que no bebes.

Mientras comían, Mary preguntó:

—¿Qué te parece si consigo encontrar entradas para alguna obra de teatro mañana?

—Oh, casi se me olvida. El señor Wright, bueno, Percy, nos ha invitado a todos a ir a su casa en los Hamptons este fin de semana. Por lo visto, su esposa ha organizado algún tipo de evento y él ha decidido que nosotros también debemos asistir. Le dije a Ryan que le pasaríamos a recoger de camino. Wright ha decidido que mañana solo trabajaremos por la mañana para asegurarse de que lleguemos allí a una hora razonable. Por lo que he oído, la cena será una cosa “íntima”. Eso quiere decir que probablemente no seremos más de veinticinco.

Mary miró a Phil de reojo.

—¿Hablas en serio?

—Sí, por supuesto. Ya verás cuando conozcas a la señora Wright. Probablemente la hayas visto en las revistas de sociedad. No me extraña que él quiera conseguir los casos gordos. Es cara de mantener.

—¿Qué quieres decir con lo de: “Ya verás cuando conozcas a la señora Wright”? Y también has dicho que “pasaríamos” a recoger a Ryan… ¿Acaso estoy invitada yo también?

Phil se rio.

—Oh sí. Percy insistió en que me asegurara de que vendrías. Quería mostrarte su hospitalidad. Y creo que está decidido a procurarse tus servicios para futuros casos. Debe haber decidido que eso le da ventaja sobre la competencia. Tienes que venir. No nos abandones a Ryan y a mí. Será interesante. Mucho material para tus historias.

—En eso tienes razón. Pero tengo que volver al trabajo el lunes. Les he llamado hoy.

—No hay ningún problema. Nos iremos el domingo después de desayunar. Entonces ¿has decidido que tu futuro está en la Psiquiatría?

Mary suspiró.

—No estoy segura. Pero ahora mismo es un proyecto inacabado, pendiente. Tengo que seguir hasta el final. Completar la formación. Entonces tomaré una decisión.

El viaje a la casa de Wright al día siguiente, en el jeep de Phil, fue muy cómodo.

—No sabía que te gustaran este tipo de coches, Phil. Siempre te había visto con modelos más deportivos —dijo Mary.

—Parece ser la moda ahora, al menos entre la gente de élite —respondió Ryan—. Ah, y uno de nuestros clientes tiene un concesionario y ofrece grandes descuentos al personal del bufete.

—Ah…

La casa era impresionante. Un empleado vino a recoger las llaves de Phil y a aparcar el coche. Mary intentó ocultar su sorpresa.

—Es una mansión. No me esperaba que fuera tan enorme y elegante. Estoy segura de que hay muchos miembros de casas reales europeas que viven mucho más modestamente —dijo.

—Sí, pero esto es América. La modestia nunca se ha puesto de moda aquí —le susurró Ryan al oído.

La señora Wright era más joven de lo que Mary esperaba, aunque cuando Phil se la presentó y se dieron la mano, se dio cuenta de que quizás la naturaleza había tenido algo de ayuda.

—Mi marido me dijo que le había ayudado mucho en el caso del escritor. Qué cosa más horrible la muerte de ese hombre, ¿no le parece? Oh, Wilma, querida…

Antes de que Mary pudiera responder, la señora Wright ya había pasado de largo y ahora estaba hablando con una mujer que llevaba un elegantísimo vestido negro.

—Pierre Balmain, creo —dijo Ryan.

Mary le miró, sorprendida. Él sonrió.

—Evidentemente todo esto de ir de compras y consultar revistas de modas con mi hermana me ha afectado.

La velada fue extravagante. La cena “íntima” acabó siendo un asunto de lo más formal con casi una cincuentena de invitados presentes. Por suerte Mary estaba sentada al lado de Ryan. La mujer a su izquierda era una recién casada que solo parecía estar interesada en su  marido. Mary charló con Ryan y él la entretuvo con cotilleos sobre la gente que reconocía.

El sábado, las señoras tenían organizada una visita a un spa local que por lo visto iba a durar todo el día, entre sauna, clases de gimnasia, yoga, masaje, peluquería, comida, maquillaje… Mary se aburrió enseguida y por la tarde decidió escaparse y tomar un autobús que la dejaba a un par de millas de la casa. Le apetecía dar un paseo y hacía una tarde preciosa. El lugar era extravagante y las propiedades tenían unas precios exorbitantes, pero no costaba nada darse cuenta de por qué habían decidido vivir allí. O tener una segunda casa allí. Cuando estaba llegando a la mansión, oyó a alguien que venía corriendo detrás de ella. Se dio la vuelta. Era Lance, sudando a mares. Llevaba pantalones cortos y una camiseta de correr muy ligera, pero a juzgar por su aspecto debía llevar un buen rato corriendo. Disminuyó un poco el ritmo para saludarla.

—Nos vemos luego. No me atrevo a pararme. No estoy seguro de poder volver a ponerme en marcha.

—Ok.

Él siguió corriendo. Si acaso, le dio la impresión de que aceleró al dejarla atrás. Mary solo lo había visto de lejos la noche anterior, ya que él estaba sentado al extremo opuesto de la mesa, a la derecha de Percy. Ella recordó que Phil había hecho un comentario sarcástico. “Por supuesto, está sentado a la derecha de nuestra versión de Dios”. Mary le había regañado por estar celoso pero no le había prestado atención a Lance después de aquello y tampoco se había cruzado con él más tarde.

Esa noche la velada fue mucho más formal y elegante. Mary sintió que iba muy mal vestida para la ocasión. Contempló su vestido largo negro y las bailarinas planas del mismo color, y suspiró. Nunca se le habían dado bien los tacones y no esperó que se fuese a presentar una ocasión así cuando hizo la maleta para pasar unos cuantos días con Phil. Agarró una mantilla negra bordada con flores de colores, se la puso alrededor de los hombros, y poniéndose tiesa, salió con paso decidido de la habitación, sintiéndose como un gladiador al saltar a la arena. Los leones la esperaban.

Se encontró a Phil y Ryan que la habían estado esperando para bajar juntos las escaleras. Había mucha gente en el vestíbulo y oleada tras oleada, gente rica y elegante entraba constantemente por la puerta principal.

—¿No nos podríamos escapar por la puerta de atrás? Estoy segura de que nadie nos iba a echar en falta —sugirió Mary.

Ryan sonrió.

—Me temo que es demasiado tarde, aunque me gusta tu idea. No te preocupes. Tienes razón, nadie va a prestarnos atención y se olvidarán de nosotros en unos segundos. Hay demasiada gente importante presente.

La señora Wright los saludó brevemente y les indicó que fueran a un salón donde la gente se hallaba distribuida en grupos pequeños, y les ofrecían bebidas y canapés. Percy les saludó con la mano desde uno de los grupos, compuesto de hombres de cierta edad, vestidos de punta en blanco y con aire prepotente.

—Más te conviene no caerles mal a ninguno de esos tipos — le advirtió Ryan a Mary. Ella asintió.

Había un cuarteto de cuerda tocando al lado de las puertas que se abrían a la terraza y después de escucharlos un rato, la señora Wright anunció que era hora de pasar a cenar. Los guio a una sala distinta a la que habían usado la noche anterior. Esta era mucho más grande y ella la llamó “la sala de banquetes”. Ryan y Phil encontraron las tarjetas con su nombre al poco de entrar en la habitación. Ryan le dijo adiós con la mano a Mary con cara triste. Su asiento estaba pasado el centro de la mesa. No conocía al hombre sentado a su izquierda, un tal señor Winston, que después de presentarse no tardó nada en volver a su conversación con la rubia despampanante sentada a su izquierda. El hombre sentado frente a ella se llamaba Peter Matthews y era un viejo amigo de la familia. Su principal interés era la comida. La mujer sentada al lado de Matthews, Stella Roberts, se desentendió cuando descubrió que Mary no estaba casada ni tenía hijos. Ella se giró hacia la puerta y vio entrar a Lance. Él se sentó a su derecha. Ese no era el lugar que tenía asignado, ya que Mary se había fijado en el nombre allí escrito, un tal Blake, al que no conocía.

—¿No te meterás en un lío? —susurró ella.

—Oh, nadie se atreverá a armar un escándalo. Y conozco al señor Blake. Sé con toda seguridad que no dirá nada.

Tenía razón. Un hombre de mediana edad entró en la sala y se aproximó al único sitio libre que quedaba, cerca de la cabecera de la mesa, no lejos de los anfitriones. Miró la tarjeta con el nombre, alzó una ceja, miró a Lance, que le respondió con una sonrisa y asintiendo con la cabeza, y entonces se encogió de hombros y se sentó.

—Tenías razón —susurró Mary.

Él se limitó a asentir. Empezaron a servir la cena y la señora Roberts pareció encontrar a Lance mucho más interesante que a ella, e intentó hacerle entrar en conversación con tópicos varios. Él se mostró educado pero no le siguió la corriente ni apreció sus esfuerzos, y estuvo hablando amigablemente con Mary. Cuando estaban acabando el primer plato, la mujer lo intentó de nuevo.

—He oído que estás trabajando con Percy en el caso del famoso escritor… ¿Fenton? Que cosa más terrible que te acosen solo porque te has hecho famoso. Debe ser horroroso.

Mary no pudo contenerse.

—Morirse también es bastante horroroso.

—La avaricia siempre es castigada —dijo la señora Roberts.

—¿Qué quiere decir? —preguntó Mary. No tenía idea de a qué había venido aquello.

—Bueno, seguro que ese hombre estaba intentando chantajear al autor, insistiendo en que le había robado su historia para hacerle pagar por ella. Toda esa gente está acostumbrada a que les paguen para evitar un escándalo… ¡Fenton hizo bien en no dejarlo acceder y ponerse firme!

Mary notó que Lance estaba temblando de forma visible y se acordó de su reacción cuando Percy anunció que Miles Green había muerto. El rostro del abogado había palidecido pero tenía el cuello rojo y una vena le pulsaba en la frente.

—¿Cómo se atreve a imaginarse que sabe qué pasó? ¿Qué le hace pensar que tiene derecho a hablar mal de los muertos? Su arrogancia no tiene límites. Cállese antes de que me olvide de que se supone que es usted una dama —soltó él.

La mujer lo miró con los ojos y la boca abiertos de par en par. Lance dobló la servilleta, murmuró una disculpa, se levantó, dejó la servilleta en la silla y salió andando despacio de la sala.

—¿A qué vino eso? Percy me había contado tantas cosas buenas sobre él —rezongó la señora Roberts.

Mary sabía que la pregunta no iba dirigida a ella y evitó mirarla. Después del postre, los invitaron a todos a salir a la terraza a ver un espectáculo de fuegos artificiales. Mary vio  que Phil y Ryan venían en su dirección, pero sintió curiosidad y se apresuró a salir del salón antes de que alguien la pillara. Dio la vuelta al edificio, y finalmente encontró a Lance sentado en un banco de piedra en la parte trasera de la casa, solo. El suelo en esa zona estaba cubierto de piedrecitas y el ruido de sus pasos hizo que Lance levantara la cabeza.

—Perdona. No quería molestarte, pero me preguntaba si te encontrabas bien.

Él sonrió, aunque la expresión de sus grandes ojos azules era triste. Se deslizó a un extremo del banco, dejándole sitio a ella para que se sentara.

—Gracias.

Se quedaron sentados en silencio un rato. Por fin Mary se decidió a romperlo.

—Ya sé que no es asunto mío, y dime que me vaya con viento fresco si quieres pero… Observé cómo reaccionaste cuando te enteraste de que Miles Green había muerto el otro día, en el bufete.

Él levantó la mirada lentamente y la fijó en la de ella.

—No trabajo para el señor Wright —continuó Mary— y no tengo nada que ver con el caso, ya que Fenton rechazó la evaluación. No pude evitar observarlo y sentir curiosidad. Parecías estar más preocupado por la presunta víctima que por tu cliente. No voy a decirte que te fíes de mí porque soy médico. Solo soy una observadora curiosa, siempre intrigada por la naturaleza humana.

Él se relajó visiblemente y fue como si se desmoronara delante de Mary.

—Todo es… Un lío tremendo. Y es mi lío. El señor Wright tiene en su cabeza la fantasía de que yo soy un tío con mucho estilo, un abogado fabuloso y un diamante en bruto. Bueno, lo de en bruto es cierto. Vengo de un pueblecito en Minnesota. Ni me preguntes. Solo la gente que vive a un radio de treinta millas de allí sabe dónde está. Mis padres trabajaron muy duro toda su vida para darnos a mi hermana y a mí una buena educación. Mi hermana es profesora de educación primaria y es muy feliz. Y yo… estudié mucho, y veía todas las películas, series de la tele, y me leía todas las novelas donde salían abogados. Abogados exitosos. Incluso antes de saber nada de leyes, ya sabía cómo interpretar el papel. Solo me interesaban los casos llamativos, arrimarme a los nombres conocidos cuando llevaban un caso, y hacer cosas que me ayudasen a conseguir la reputación que necesitaba para llegar a la cima. Pero también tenía que aceptar casos gratuitos, siempre hay una cuota que cubrir. Intenté pasárselos a otros abogados tanto como pude, pero no me fue posible evitarlos por completo. Y entonces, hace un par de años, me tocó representar a Miles Green. Intentaba montar un caso contra los que habían abusado de él. Fue el primero que se atrevió a hablar, aunque no era la única víctima. Una vez que se atrevió, muchos otros hicieron lo mismo. Era un hombre muy tímido e inseguro, a pesar de haber estado en el ejército, pero se sintió mejor consigo mismo por atreverse a llevarlo a juicio. Y entonces, cuando la vista estaba al caer, se me presentó la oportunidad de ayudar en un caso que con toda seguridad conseguiría llamar la atención de los medios de comunicación y yo le pasé el caso de Green a un colega con muy poca experiencia, que tuvo que llevarlo a juicio. Y no solo eso, sino que accidentalmente traspapelé algunas de las pruebas. Si yo hubiese estado allí personalmente, no hubiera importado, porque me habría dado cuenta y lo hubiese podido solucionar, pero mi colega no lo sabía y yo ni siquiera le había preparado como era debido. El juez rechazó el caso por falta de pruebas, y los que habían abusado de Green quedaron en libertad. Nunca confesé mi error, y debido a eso mi compañero no terminó las prácticas y dejó el Derecho. Y Green… Estoy seguro de que si los que abusaron de él hubiesen ido a prisión, y la presión y el acoso hubiesen cesado, no habría ido a por Fenton y seguiría vivo. La noticia de su muerte el otro día hizo que me acordase de todo aún más. Y Wright va y me hace defender a ese hombre…

—No puedes echarte la culpa de la muerte de Green. Tú no le mataste.

—¡Pero estoy defendiendo a su asesino! ¡Y fue culpa mía que los que le abusaron quedaran en libertad!

—Echarte la culpa no va a ayudarlos ni a él ni a su familia. Quizás haya algo práctico que puedas hacer para ayudarles…

Él abrió unos ojos enormes y sus labios se curvaron ligeramente.

—Tienes razón. Y sé exactamente qué hacer.

El ruido de los fuegos artificiales se intensificó y él se levantó, ofreciéndole la mano, y ayudándola a levantarse. La cogió del brazo y se dirigieron hacia la terraza detrás del salón de banquetes, donde todo el mundo estaba congregado contemplando el espectáculo. Phil y Ryan se unieron a ellos. Phil tuvo que hablar bastante alto para hacerse oír con el ruido a su alrededor.

—¿Dónde estabais escondidos?

—Necesitaba dar un paseo y tomar un poco de aire fresco y me encontré a Lance en la parte de atrás de la casa.

—¡Mirad eso! —Ryan señaló una gran cascada de luz púrpura que iluminaba todo el cielo y ese fue el final de la conversación.

A la mañana siguiente, el desayuno fue algo mucho más informal: no había horario fijo, sino que los invitados iban bajando cuando estaban listos, y solo las personas que estaban pasando allí el fin de semana acudieron.

—Me encontré a Lance esta mañana —dijo Ryan mientras compartían la mesa—. Me desperté temprano y decidí ir a dar un paseo. Cuando llegué de vuelta a la casa, estaba metiendo su equipaje en el maletero del coche. Le pregunté que por qué se iba tan temprano, y contestó que tenía que marcharse, que tenía que hacer algo muy importante. Ah, y me pidió que os dijera adiós a los dos.

—El gran caso se le debe haber subido a la cabeza —comentó Phil.

—Creo que podrías estar equivocado —dijo Mary.

Phil la miró y chistó.

—Me has defraudado, Mary. Nunca me hubiese imaginado que ibas a dejarte engañar por su actuación.

Ella sonrió.

—Puede que Lance te dé una sorpresa.

Por is os habéis perdido algún capítulo, aquí os dejo los enlaces:

Capítulo 1

Capítulo 2

Capítulo 3

Capítulo 4

 

Y por si aún no os habéis enterado, para celebrar que estoy a punto de publicar la precuela y el nuevo año Una vez psiquiatra… está en promoción especial, a solo $0.99. Hoy en lugar de la descripción, podéis leeros una muestra directamente desde aquí.

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GRATIS Muestra de escritura

#GRATIS precuela de Una vez psiquiatra… y nueva portada.

Hola a todos:

Como os había prometido, voy a compartir la precuela de Una vez psiquiatra… mi colección de tres historias protagonizadas por Mary Miller, una psiquiatra y escritora, que he incluído dentro de la categoría del thriller psicológico, aunque las historias son bastante diferentes.

En la precuela descubrimos cómo Mary Miller se vio mezclada en el tipo de casos que luego forman una buena parte de su vida. El caso es el de un escritor que se ve obligado a defenderse de un fan/chiflado,  que lo acosa… ¿O no?

Ah, y Ernesto Valdés ha creado una portada espectacular. Así que, sin más bla, bla…

Una vez psiquiatra. Los inicios. Olga Núñez Miret. Portada de Ernesto Valdés
Una vez psiquiatra. Los inicios. Olga Núñez Miret. Portada de Ernesto Valdés

Y aquí está el primer capítulo (es un borrador…)

1.     La crisis

—¡Fue terrible! Te lo digo de verdad, Phil. ¡Una vergüenza! ¡El pobre tío estaba abriéndome su corazón y su alma, y yo ni siquiera le estaba escuchando! ¿Qué tipo de psiquiatra soy yo? ¿Dónde está mi empatía? Una de las profesiones que se cuida de los demás. ¡Ja! ¡Ni siquiera nos importa lo que nos dicen!

—Vamos, Mary. No te lo tomes así. Era de madrugada y llevabas trabajando todo el día —. Phil aprovechó que Mary había tenido que pararse a recobrar el aliento e intentó ofrecerle su punto de vista. No era abogado y la voz del raciocinio por nada. Su amiga Mary, normalmente tranquila y con la cabeza en su sitio, estaba descontrolada. Sí, era cierto que tenía un trabajo estresante, ya que trabajaba de psiquiatra internista residente en un hospital grande. Pero llevaba tiempo en formación y normalmente no se tomaba las cosas tan a la tremenda.

—Eso no es culpa suya. Joder, el tío estaba hablando de su vida, contándome que su novia le había dejado, que se estaba planteando suicidarse y yo… estaba en babia. No tengo la menor idea de lo que me dijo.

—No pasó nada. Le diste un buen consejo y evidentemente debiste oír más que suficiente. Probablemente solo desconectaste unos segundos. Y le proporcionaste lo que necesitaba.

—¿Cómo? Quería alguien que le escuchara. ¡Y yo no le estaba escuchando!

Phil se dio cuenta de que dijera lo que dijera lo más probable era que solo iba a conseguir empeorar las cosas, y decidió dejar que Mary se desahogara. Se le agotarían las pilas dentro de poco. Con un poco de suerte.

Ella dejó de hablar después de unos cuantos minutos más de lamentarse de su falta de empatía. Phil decidió que podía arriesgarse a intervenir de nuevo.

—¿Por qué no…?

—Es un timo, —ella le interrumpió. — ¿Te acuerdas de aquella película que se llamaba House of Games (Casa de juegos)?

—¿La que iba de una psiquiatra y unos timadores? ¿De David Mamet, no?

—Sí, justamente esa. Me estoy planteando que tenía razón. Montamos una escenita, una actuación y mientras seamos buenos actores, profesionales, tengamos el atrezo y sepamos usar la jerga apropiada,  colará.

—Si lo miras así, supongo que todas las profesiones son un timo— dijo Phil.

—Quizás. Pero la mayoría no van por ahí moralizando y diciéndole a los demás lo que tienen que hacer.

Phil estaba a punto de contradecir a Mary, pero se dio cuenta de que ella se estaba calmando y sería mejor probar una táctica diferente.

—Te deben tocar vacaciones dentro de poco, Mary. ¿Por qué no vienes a visitarme y pasar algo de tiempo conmigo? Podrías acompañarme al trabajo. Así podrías distanciarte un poco y comprobar cómo se ven las cosas desde dentro de otra organización.

—¿No se opondrán los de tu bufete de abogados? ¿Confidencialidad y todo eso?

—Yo respondo por ti. Y estoy seguro de que podría convencerlos de que tenerte de ‘asesora’ con nosotros nos podría ser muy útil. Para darnos una perspectiva distinta. Especialmente si no les cobras por el servicio.

—Me estoy empezando a preguntar si no tendrás un caso para el que quieras mi opinión, y mi llamada ha resultado ser la excusa perfecta— dijo Mary, en un tono de voz más animado.

—Tienes una mente que sospecha de todo, querida Mary.

—Cuando eso me lo dice un abogado, es para preocuparse.

Phil estaba acostumbrado a que la gente hiciera chistes y dijera cosas nada agradables sobre los abogados. Él trabajaba en algunos casos gratuitamente, pero no se hacía grandes ilusiones ni creía que fuera a cambiar la sociedad ejerciendo su profesión. Pero aun así le resultaba interesante.

—Así que, ¿qué me dices? ¿Te vienes a pasar unos días conmigo?

Mary se quedó callada unos segundos. Finalmente dijo:

—¿No vendré a estorbar?

—¿A estorbar? ¿Qué quieres decir?

—Estás soltero, bueno, divorciado, y eres un tío. ¿No hay ninguna mujer en tu vida ahora mismo?

—Ya sabes que aún me estoy recobrando de mi divorcio—. Phil intentó sonar tan sincero como le fue posible. El detector de chorradas de Mary era ultra-sensitivo.

—¡Ja! ¡Eso tiene gracia! Nunca te he visto llorar, ni siquiera estar triste por culpa de tu fallido matrimonio. Nunca llegué a entender por qué te casaste con Iris.

—Hombre… Estaba buena.

—Ya, vale, pero aparte de eso… No estaba a tu nivel intelectual, Phil. Y la enviaste a casa de tu madre tan pronto como volviste a estudiar a la facultad de derecho. Yo diría que la cantidad de veces que la viste en los tres meses que duró vuestro matrimonio se pueden contar con los dedos de una mano, y no exagero. Estoy segura de que me viste a mí más a menudo de lo que la viste a ella.

—Quizás si hubieras jugado bien tus cartas, tu podrías haberte convertido en mi esposa en lugar de ella—. Phil no sabía de dónde había salido eso. Esperaba que Mary se lo tomara en broma. Porque era eso lo que era, ¿no?

—Echarías a correr si pensaras que yo estaba interesada en tener una relación contigo.

Phil se echó a reír.

—Y no pararía hasta que estuviera bien lejos. No me entiendas mal. Te quiero mucho, pero creo que nos volveríamos locos mutuamente si fuéramos pareja. Nos conocemos el uno al otro demasiado bien.

Phil se dio cuenta de que estaba completamente convencido de lo que acababa de decir, aunque nunca se lo había planteado conscientemente hasta entonces. ¿Era capaz de ser completamente abierto y honesto en una relación? Quizás ese había sido el problema desde siempre. No dejaba que nadie se le acercase lo suficientemente, al menos no la gente con la que acababa entablando una relación sentimental.

—Así que tú crees que guardar secretos y no contárselo todo a tu pareja es la receta para una relación exitosa. Basándome en eso, no me extraña que sigas solo. Y sí, no hace falta que me recuerdes que yo también estoy sola. Las relaciones no son mi prioridad en este momento. El intentar averiguar lo que quiero hacer con mi vida sí que lo es. No necesito complicaciones añadidas. Y por supuesto, sospecho que muchos hombres no me encontrarían lo suficientemente atractiva y sexy como para ser la candidata ideal para una relación.

—Tú ya te descalificas antes de intentarlo siquiera, querida Mary. Pero estoy seguro de que podemos seguir hablando de ello cuando estés aquí. ¿Cuándo será?

—Tendré que hablar con mis jefes, con los de personal y con los otros médicos, pero no hay vacaciones escolares a la vista ni nada de eso, así que puede que tengamos suerte. Hablaré mañana con todo el mundo, si puedo, y te diré algo.

—Muy bien. Espero que sea pronto.

—¿Por qué? — ella sonó recelosa.

—Porque el bufete acaba de aceptar la defensa de un escritor, y sé cuánto te gusta leer y escribir.

—Ah, ya veo. Sí, tienes razón. Y quizás si empiezo a escribir otra vez eso también ayude. ¿De qué va el caso?

—Probablemente te enterarás dentro de poco, pero no te puedo dar información confidencial hasta que sepa que el bufete está de acuerdo en que colabores, y sepa que vas a venir seguro. Si no resultaría muy descuidado, por no decir nada ético, de mi parte.

—Por supuesto. Entonces, hablamos mañana.

—Hasta mañana.

—¿Phil?

—¿Qué?

—Has hecho un buen trabajo.

—¿A qué te refieres?

—Primero a lo bien que has soportado mis quejas, pero más que eso, a lo bien que has echado el anzuelo. Has conseguido que me intrigue el caso.

Él alzó el puño en celebración. “¡Sí!” pensó.

—Solo algo que se me ocurrió de repente mientras hablábamos.

—Sí, por supuesto… Buenas noches.

—Buenas noches.

Mary volvió a llamar a Phil al día siguiente y confirmó que iría a pasar un par de semanas con él.

—Llegaré el sábado por la mañana, si te va bien. Pero, en serio, dímelo si voy a estar estorbando. Siempre puedo reservar una habitación. En un hotel o algo así.

—No, no, eso no hará falta. Puedes quedarte aquí conmigo. Ah, y he hablado con mi jefe de forma no oficial, y le interesa mucho tu perspectiva y opinión sobre el caso, tanto desde el punto de vista psiquiátrico como de otro del mundillo.

—¿Del mundillo?

—Le dije al Sr. Wright que también eres escritora. Estaba tan interesado que incluso ofreció uno de los apartamentos de la empresa para que te quedaras allí mientras estés en Nueva York. Tienen varios para clientes importantes que vienen de fuera de la ciudad y para abogados recién llegados. Le dije que ya lo habíamos organizado todo, pero hablaba en serio.

—¿Y por qué está interesado en mi opinión psiquiátrica?

—Ya hablaremos de eso cuando estés aquí. Te estaré esperando con impaciencia el sábado por la mañana.

 

Gracias a todos por leer, a Ernesto Valdés, por la portada tan estupenda, y ya sabéis, dadle al me gusta, comentad, compartid y si queréis hacer clic, os dejo enlace a Una vez psiquiatra… que para celebrar está disponible a solo $0.99

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