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Lanzamiento 'Una vez psiquiatra...' Muestra de escritura

#Gracias! Ya tenemos portada! Y si queréis leer un poco más…

Hola a todos:

Quería daros las gracias por la respuesta a mi pregunta de la semana pasada. Para seros sincera, al publicar el post pensé que poca gente respondería y que las opiniones estaría muy igualadas, pero me equivoqué. Aparte de las respuestas aquí, varios autores respondieron a mensajes en Facebook, tuve mensajes en Twitter, y Ernesto Valdés, el diseñador de la portada también compartió la pregunta en su cuenta de Facebook y tuvimos muchísimas respuestas. Y también me equivoqué en lo de que las opiniones estaría igualas. Pues no. No solo eso sino que la gente ha coincidido y votado por la misma portada tanto en inglés como en español, en una gran mayoría (vamos, que no tendremos que ir a segundas votaciones ni terceras…).

La ganadora por mayoría abrumadora es:

Propuesta de portada 1
Propuesta de portada 1

¡Muchas gracias! De hecho me estoy planteando el probar y cambiar las portadas en la versión digital del libro, para comprobar si influye mucho, aunque no creo que con mi volumen de ventas el resultado fuera muy significativo, pero…

Como os comenté, la novela está escrita, pero acabar de tenerla lista, especialmente ya que publico mis libros siempre en versión española e inglesa a la vez, lleva tiempo, y en verano lo cierto es que no apetece ir a todo correr, así que puede que tardemos un poco.

Pero  mientras tanto, decidí compartir el principio de la historia en Wattpad, por si tenéis un rato y os intriga. Aquí está el enlace. 

Espero tener disponible a la venta la versión en audio de la precuela de la serie, pero os tendré informados.

Y hablando de Una vez psiquiatra… Los inicios este mes en el Grupo Café Literario en Goodreads estamos hablando de esa novela corta, así que si la habéis leído y os queréis unir a nosotros, aquí está el enlace.

Muchísimas gracias por vuestra ayuda y por leer, y si os ha interesado, dadle al me gusta, comentad, compartid y haced CLIC!

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book promo Muestra de escritura Promoción de libros video

Familia, lujuria y cámaras en Libretería (@piedegato). #videofragmento y post

Hola a todos:

No sé si recordaréis que mencioné una nueva página de Facebook, Libretería, donde autores indies leen fragmentos cortos de sus obras para sus lectores.

El cerebro detrás del proyecto, Pedro Araque, un gran periodista y un profesional de la radio (ahora que me dedico a la radio de forma amateur, todavía les tengo más respeto) se interesó por mi novela corta Familia, lujuria y Cámara.

Por si no recordáis esta obra…

Familia, lujuria y cámaras de Olga Núñez Miret (portada Lourdes Vidal, foto Olga Núñez Miret)
Familia, lujuria y cámaras Portada Lourdes Vidal, foto Olga Núñez Miret

Familia, lujuria y cámaras

¿Os gusta espiar a los demás? ¿Creéis que no se hace daño a nadie con ello?

Pat creía que había dejado atrás su pasado y empezado una nueva vida. Pero uno no se libra del voyerismo, las obsesiones y la familia tan fácilmente. A veces hay que tomar medidas drásticas para sobrevivir el acoso de un hombre, especialmente de un hombre como Herman. Y esta vez Pat está decidida a ganar la partida, sea cual sea el precio que tenga que pagar.

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Aquí está el enlace al post en el blog de Libretería (que os recomiendo que sigáis para estar la día de las obras de fantásticos autores independientes… Vale, no sé qué hago yo allí pero…)

http://lalibreteria.blogspot.com.es/

El canal donde están todos los videos en You Tube:

https://www.youtube.com/channel/UCOAy13n7EAGPa-qjD2u0OiA

Y podéis ver mi video en la página de Facebook y los de muchos otros autores. Por si acaso, os lo dejo aquí también…

Y si preferís verlo en You Tube, aquí está el enlace.

Muchísimas gracias a Pedro Araque y a Libretería por su interés, gracias a vosotros por leer y escuchar, y si os ha interesado, dadle al me gusta, comentad, compartid y haced CLIC!

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GRATIS Lanzamiento Lanzamiento 'Una vez psiquiatra...' Muestra de escritura

#Nuevolibro GRATIS Una vez psiquiatra… Los inicios Ya está disponible y capítulo 6.

Hola a todos:

Una vez psiquiatra… Los inicios ya está a la venta, gratis en todas partes (bueno, en las que me han dejado de momento). Por cierto, si la véis por ahí a algún precio que no sea 0, me haríais un gran favor si se lo comentáis a los de la tienda, que eso ayuda a convencerlos de que tienen que ponerlo a cero.

 

Una vez psiquiatra. Los inicios. Olga Núñez Miret. Portada de Ernesto Valdés
Una vez psiquiatra. Los inicios. Olga Núñez Miret. Portada de Ernesto Valdés

Una vez psiquiatra… Los inicios Olga Núñez Miret

¿Hasta dónde llegaría un escritor por conseguir una historia única? Esa es la cuestión que le plantea a la psiquiatra Mary Miller el primer misterio/thriller de su carrera. Conoce a los personajes principales de esta serie de thrillers psicológicos GRATIS y pon a prueba tu intuición y tu ingenio con esta novela corta sobre el precio de la ambición.

La doctora Mary Miller es una joven psiquiatra que sufre una crisis de vocación. Su amigo Phil, abogado criminalista que trabaja en Nueva York, la invita a visitarle y a asesorar a su bufete en el caso de un escritor al que acusan de un grave asalto. Su víctima llevaba tiempo acosándolo y acusándolo de haberle robado la historia de su vida, que él había convertido en un best-seller. El autor lo niega y alega autodefensa. Cuando la víctima muere, las cosas se complican aún más. La frontera entre la verdad y la ficción se difumina y secretos y mentiras salen a la luz.

Una vez psiquiatra… Los inicios es la precuela de Una vez psiquiatra… un volumen que recoge tres historias en las que Mary, con su experiencia como psiquiatra, ayuda a solucionar una variedad de casos, desde asuntos de religión y raza, pasando por el asesinato de un policía, y en la última historia, Mary se enfrenta cara a cara con un asesino en serie.

Si os gusta esta novela corta, no os olvidéis de que podéis leer más aventuras de Mary. Y aún quedan muchas por contar.
Aquí podéis ver una muestra en vivo y en directo:

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Por si acaso preferís seguir leyendo la historia aquí, y como lo prometido es deuda, os dejo el capítulo 6. Pero no os olvidéis de descargar el libro, decírselo a otros y si la leéis y os gusta, dejar un comentario. Gracias!

6. La sorpresa

Phil siempre se había creído buen observador y solía bromear con Mary diciéndole que él era un psicólogo amateur. Era cierto que el talento que tenía en ese sentido le había resultado muy útil en su trabajo. Observó las interacciones entre Ryan y Mary mientras conducía de vuelta a Nueva York. Se había cuestionado si esos dos conectarían, pero le preocupaba que si le preguntaba directamente a Mary, eso la espantara. No apreciaba las interferencias en ese tipo de temas. Aun así, cuando dejaron a Ryan en su apartamento, y de vuelta al suyo, Phil le preguntó a Mary:

—Entonces ¿qué opinas?

—¿Qué opino sobre qué? La casa de tu jefe es increíble, aunque no puedo decir que me hayan gustado demasiado sus invitados ni el estilo de vida tan artificial. Dudo que alguien haya expresado sus verdaderos sentimientos siquiera una vez durante todo el fin de semana. Bueno, quizás una persona.

—Y estás hablando de…

—Lance. Me parece que tú estabas demasiado lejos para enterarte, pero una mujer que estaba sentada frente a nosotros hizo un comentario muy poco amable sobre Miles Green y él se enfadó y le dijo lo que pensaba.

—Oh… Creía que estabas hablando de Ryan.

Mary sonrió.

—Parece que Ryan siempre dice lo que piensa. Incluso cuando sería mejor para él no hacerlo. Me gusta.

Phil se preguntó qué cara habría puesto, porque Mary lo miró y agitó la cabeza vigorosamente.

—No, no, no empieces a intentar emparejarme con Ryan. No funcionaría jamás. Puede que llegásemos a ser buenos amigos, pero no puedo imaginarme ninguna otra cosa.

Phil suspiró y miró a Mary antes de maniobrar el coche para aparcar.

—Podría intentar conseguirte una cita con Lance, pero sé que tiene mucha demanda. Podría resultar difícil.

—Déjate de hacer de celestino e intentar organizarme citas con nadie, por favor. Y, ¿acaso estás insinuando que Lance es demasiado bueno para mí?

—¡No, por supuesto que no! Tú eres demasiado buena para él, pero ya sabes que hay cierto tipo de chicas que solo van detrás de los tíos llamativos.

Mary miró a Phil de reojo, pero acabo sonriéndole. ¡Buf! Se había librado por el momento.

—Bueno, me voy a hacer la maleta y ya me tengo que ir. Debo trabajar mañana. Muchas gracias por invitarme. Ha sido interesante.

—Estoy seguro de que seguirá siendo interesante. Y también de que Percy querrá que nos ayudes en el futuro, en otros casos si no en este.

—Me parece que Oliver Fenton es una causa perdida, al menos en lo que respecta a que yo le haga una evaluación. No hay que preocuparse. Es mejor así. No me gustaría haber tenido que ir a juicio y testificar sobre él. Me temo que habría causado más daño que bien a su causa. Aunque quizás eso no sea tan mala cosa.

Phil acompañó a Mary a la estación y se despidieron antes de que ella se montara al tren.

—Gracias de nuevo, Phil. Y mantenme informada de las novedades.

—Por supuesto que lo haré. Y no te olvides de llamarme cuando llegues a casa. Para decirme que llegaste bien.

—Sí, mamá.

Se besaron y Phil siguió a Mary con los ojos mientras caminaba por la plataforma y subía al vagón. Volvió a casa preguntándose por qué sería Mary tan tozuda con respecto a las relaciones. Era cierto que quizás su ejemplo personal no la había animado a intentarlo, pero…

Profesionalmente, los días siguientes fueron muy raros y Phil casi no tuvo tiempo de pensar en nada que no estuviera relacionado con el trabajo. El jueves por la noche decidió pasar de ir a tomar otra copa después del trabajo para relajarse, y se fue directo a casa. Tuvo que pararse a comprar algo de comida por el camino, ya que casi no había estado en su apartamento desde que Mary se había ido, aparte de unas cuantas horas para dormir. Se duchó, comió algo, y cuando iba a enchufar la televisión, decidió llamar a su amiga antes. Quería saber qué le parecerían las noticias. Ella respondió muy deprisa.

—Hola, Mary.

—Hola, Phil.

—¿No estás de guardia ni nada así, no?

—No, no te preocupes. He estado pensando en ti. Estaba leyendo una entrevista con Oliver Fenton ayer, y sí, no pude evitar ponerme a  pensar en ti, en Fenton… bueno, en todo el bufete.

—De hecho, ha habido algunos cambios.

—¿De veras? ¿Puedes hablar de ello o es confidencial? —la voz de Mary sonó burlona.

—Percy se fía de ti, así que supongo que no hay problema. Lo cierto es que lo sabrá todo el mundo dentro de poco, aunque dudo que tú te fueras a enterar.

—Vale, vale, ya me has intrigado. Dame la noticia.

—Lance… No lo adivinarías nunca. Lance fue y…

—Dejó el bufete.

Phil se quedó boquiabierto. ¿Cómo diantre lo había adivinado?

—¿Lo sabías? Debías saberlo ya. Ni en un millón de años hubieses sido capaz de adivinar una cosa así. ¡Nos pilló a todos por sorpresa! ¿Te llamó Ryan?

—¿Ryan? No tiene mi número de teléfono. No, por supuesto que no.

—¿Cómo lo has sabido entonces?

—Ya deberías saber que tengo una bola de cristal. Debe haber sido un shock para todo el mundo.

Phil estaba intrigado, pero sospechaba que cuanto más preguntara, menos probable sería que le respondiera la verdad. Sería mejor seguir con la conversación y quizás se le escapase. Sabía que se estaba agarrando a un clavo ardiendo, pero no se le ocurrió nada más para hacer que Mary confesase.

—Sí, desde luego. Y además la forma en que lo hizo. Se presentó temprano el lunes, entró en la oficina de Percy sin anunciarse, dejando la puerta abierta y le dijo que renunciaba. Que se había equivocado y que le importaban demasiado la ética y la moralidad como para seguir con jueguecitos. Que no quería seguir poniéndose del lado de los ricos y poderosos. Y se largó. Percy se quedó allí de pie, abriendo y cerrando la boca del asombro, como un pez. ¡Fue digno de ver!

—Me hubiera encantado verlo. ¿Y qué ha pasado con el caso? ¿Quién está a cargo?

—Percy no parece dispuesto a que le vuelvan a sorprender y ha decidido encargarse personalmente. De todas formas, su nombre ya constaba en el papeleo. Por supuesto, eso quiere decir que los demás nos pasamos el día como sus recaderos corriendo de aquí para allá. Aun así…

—¿Tendrá suficiente tiempo para preparar el caso?

—Falta un mes para la fecha oficial del juicio, pero con el cambio de equipo dice que va a pedir un aplazamiento de una semana o dos.

—Sí, eso le iría bien. ¿Y cómo está el resto de la gente?

Phil estuvo al teléfono con Mary un rato más, pero ella lo tuvo entretenido hablando de todo tipo de cosas, y no volvió a mencionar a Lance o su misteriosa fuente de información. Quizás la próxima vez.

Y por si preferís poneros al día aquí mismo, os dejo los enlaces a los otros capítulos (ya solo quedan dos!):

Capítulo 1

Capítulo 2

Capítulo 3

Capítulo 4

Capítulo 5
Y hasta finales de Febrero Una vez psiquiatra… está en promoción especial, a solo $0.99. Hoy en lugar de la descripción, podéis leeros una muestra directamente desde aquí.

Y unos cuantos enlaces:
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Gracias a todos por leer, y ya sabéis, dadle al me gusta, comentad, compartid y haced CLIC!

 

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GRATIS Muestra de escritura Una vez psiquiatra. Los inicios

#GRATIS Capítulo 5 de la precuela de Una vez psiquiatra… #lectura recomendada

Hola a todos:

Si todo va bien, la semana que viene of podré dejar el enlace a la precuela ya publicada. Pero mientras tanto, aquí está el capítulo 5 de Una vez psiquiatra…

Una vez psiquiatra. Los inicios. Olga Núñez Miret. Portada de Ernesto Valdés
Una vez psiquiatra. Los inicios. Olga Núñez Miret. Portada de Ernesto Valdés

5. El fin de semana

Mary disfrutó de una semana relajada en la que cambió por completo su ritmo de vida. Se lanzó con entusiasmo a su tarea de explorar la ciudad, y visitó exhibiciones, buscó las librerías y tiendas de ropa perfectas, y se dedicó a pasear millas y millas. Cuando llegó el jueves por la tarde estaba ya agotada y decidió quedarse en el apartamento de Phil y acabarse de leer La noche más oscura. Phil llegó poco después de las ocho y la encontró cocinando pasta.

—Hola, Phil.

—Hola, Mary. Huele muy bien.

Ella sonrió y lo miró.

—Bueno, ya sabes que mis talentos culinarios son más bien limitados. Nunca me he domesticado del todo. Si acaso lo que me iría bien sería un marido amo de casa.

Phil sonrió y le dio un achuchón en el brazo.

—Voy a quitarme el traje. ¿Has pasado un buen día? —le preguntó, mientras salía de la cocina.

—Volví temprano. Estaba cansada y quería terminar de leerme la novela —respondió ella, hablando lo suficientemente alto como para que su voz alcanzara la habitación de Phil.

Él volvió al cabo de unos minutos.

—¿Qué novela?

La noche más oscura.

—¿El libro de Fenton? ¿No se supone que es una historia real, o mejor dicho, “está basado en una historia real”?

—Sí. Justamente. Se supone que está basado en una historia real. Pero hay algo que no me acaba de convencer, que no me parece real.

—¿El qué? ¿Es falta de consistencia psicológica? Quizás se deba a los cambios que tuvo que hacer para ocultar la identidad del protagonista.

—Podría ser. Aunque si le entendí bien, me dijo que había cambiado algunos detalles para ocultar su identidad real, pero la historia seguía siendo su historia. Y para mí, no funciona. He escuchado a mucha gente contar cosas de sus vidas, he leído informes psiquiátricos, y créeme, la mayoría jamás llegaría a confundirse con el ganador del Pulitzer, pero aun así se notaba que el contenido era genuino. En este caso no es así. Y hay alguna cosa que no me acaba de encajar en él… Me refiero a Fenton. Dice que estuvo de voluntario en una línea de ayuda telefónica ofreciendo consejos y apoyo. Si es así, tendría que ser más comprensivo y mostrar algo de empatía, al menos eso es lo que yo esperaría. Es demasiado frío… Pero no me hagas caso. Probablemente su comportamiento sea un mecanismo de defensa.

Phil se encogió de hombros.

—Oh, ya sabes cuál es mi opinión sobre él. Estoy contento de que sea Lance el que se encargue del caso y no yo, aunque eso conlleve mucha atención pública.

Mary apagó el fuego.

—Esto está listo. ¿Puedes poner la mesa?

—Por supuesto. Y llevaré algo de vino. Sí, y agua para ti. Ya sé que no bebes.

Mientras comían, Mary preguntó:

—¿Qué te parece si consigo encontrar entradas para alguna obra de teatro mañana?

—Oh, casi se me olvida. El señor Wright, bueno, Percy, nos ha invitado a todos a ir a su casa en los Hamptons este fin de semana. Por lo visto, su esposa ha organizado algún tipo de evento y él ha decidido que nosotros también debemos asistir. Le dije a Ryan que le pasaríamos a recoger de camino. Wright ha decidido que mañana solo trabajaremos por la mañana para asegurarse de que lleguemos allí a una hora razonable. Por lo que he oído, la cena será una cosa “íntima”. Eso quiere decir que probablemente no seremos más de veinticinco.

Mary miró a Phil de reojo.

—¿Hablas en serio?

—Sí, por supuesto. Ya verás cuando conozcas a la señora Wright. Probablemente la hayas visto en las revistas de sociedad. No me extraña que él quiera conseguir los casos gordos. Es cara de mantener.

—¿Qué quieres decir con lo de: “Ya verás cuando conozcas a la señora Wright”? Y también has dicho que “pasaríamos” a recoger a Ryan… ¿Acaso estoy invitada yo también?

Phil se rio.

—Oh sí. Percy insistió en que me asegurara de que vendrías. Quería mostrarte su hospitalidad. Y creo que está decidido a procurarse tus servicios para futuros casos. Debe haber decidido que eso le da ventaja sobre la competencia. Tienes que venir. No nos abandones a Ryan y a mí. Será interesante. Mucho material para tus historias.

—En eso tienes razón. Pero tengo que volver al trabajo el lunes. Les he llamado hoy.

—No hay ningún problema. Nos iremos el domingo después de desayunar. Entonces ¿has decidido que tu futuro está en la Psiquiatría?

Mary suspiró.

—No estoy segura. Pero ahora mismo es un proyecto inacabado, pendiente. Tengo que seguir hasta el final. Completar la formación. Entonces tomaré una decisión.

El viaje a la casa de Wright al día siguiente, en el jeep de Phil, fue muy cómodo.

—No sabía que te gustaran este tipo de coches, Phil. Siempre te había visto con modelos más deportivos —dijo Mary.

—Parece ser la moda ahora, al menos entre la gente de élite —respondió Ryan—. Ah, y uno de nuestros clientes tiene un concesionario y ofrece grandes descuentos al personal del bufete.

—Ah…

La casa era impresionante. Un empleado vino a recoger las llaves de Phil y a aparcar el coche. Mary intentó ocultar su sorpresa.

—Es una mansión. No me esperaba que fuera tan enorme y elegante. Estoy segura de que hay muchos miembros de casas reales europeas que viven mucho más modestamente —dijo.

—Sí, pero esto es América. La modestia nunca se ha puesto de moda aquí —le susurró Ryan al oído.

La señora Wright era más joven de lo que Mary esperaba, aunque cuando Phil se la presentó y se dieron la mano, se dio cuenta de que quizás la naturaleza había tenido algo de ayuda.

—Mi marido me dijo que le había ayudado mucho en el caso del escritor. Qué cosa más horrible la muerte de ese hombre, ¿no le parece? Oh, Wilma, querida…

Antes de que Mary pudiera responder, la señora Wright ya había pasado de largo y ahora estaba hablando con una mujer que llevaba un elegantísimo vestido negro.

—Pierre Balmain, creo —dijo Ryan.

Mary le miró, sorprendida. Él sonrió.

—Evidentemente todo esto de ir de compras y consultar revistas de modas con mi hermana me ha afectado.

La velada fue extravagante. La cena “íntima” acabó siendo un asunto de lo más formal con casi una cincuentena de invitados presentes. Por suerte Mary estaba sentada al lado de Ryan. La mujer a su izquierda era una recién casada que solo parecía estar interesada en su  marido. Mary charló con Ryan y él la entretuvo con cotilleos sobre la gente que reconocía.

El sábado, las señoras tenían organizada una visita a un spa local que por lo visto iba a durar todo el día, entre sauna, clases de gimnasia, yoga, masaje, peluquería, comida, maquillaje… Mary se aburrió enseguida y por la tarde decidió escaparse y tomar un autobús que la dejaba a un par de millas de la casa. Le apetecía dar un paseo y hacía una tarde preciosa. El lugar era extravagante y las propiedades tenían unas precios exorbitantes, pero no costaba nada darse cuenta de por qué habían decidido vivir allí. O tener una segunda casa allí. Cuando estaba llegando a la mansión, oyó a alguien que venía corriendo detrás de ella. Se dio la vuelta. Era Lance, sudando a mares. Llevaba pantalones cortos y una camiseta de correr muy ligera, pero a juzgar por su aspecto debía llevar un buen rato corriendo. Disminuyó un poco el ritmo para saludarla.

—Nos vemos luego. No me atrevo a pararme. No estoy seguro de poder volver a ponerme en marcha.

—Ok.

Él siguió corriendo. Si acaso, le dio la impresión de que aceleró al dejarla atrás. Mary solo lo había visto de lejos la noche anterior, ya que él estaba sentado al extremo opuesto de la mesa, a la derecha de Percy. Ella recordó que Phil había hecho un comentario sarcástico. “Por supuesto, está sentado a la derecha de nuestra versión de Dios”. Mary le había regañado por estar celoso pero no le había prestado atención a Lance después de aquello y tampoco se había cruzado con él más tarde.

Esa noche la velada fue mucho más formal y elegante. Mary sintió que iba muy mal vestida para la ocasión. Contempló su vestido largo negro y las bailarinas planas del mismo color, y suspiró. Nunca se le habían dado bien los tacones y no esperó que se fuese a presentar una ocasión así cuando hizo la maleta para pasar unos cuantos días con Phil. Agarró una mantilla negra bordada con flores de colores, se la puso alrededor de los hombros, y poniéndose tiesa, salió con paso decidido de la habitación, sintiéndose como un gladiador al saltar a la arena. Los leones la esperaban.

Se encontró a Phil y Ryan que la habían estado esperando para bajar juntos las escaleras. Había mucha gente en el vestíbulo y oleada tras oleada, gente rica y elegante entraba constantemente por la puerta principal.

—¿No nos podríamos escapar por la puerta de atrás? Estoy segura de que nadie nos iba a echar en falta —sugirió Mary.

Ryan sonrió.

—Me temo que es demasiado tarde, aunque me gusta tu idea. No te preocupes. Tienes razón, nadie va a prestarnos atención y se olvidarán de nosotros en unos segundos. Hay demasiada gente importante presente.

La señora Wright los saludó brevemente y les indicó que fueran a un salón donde la gente se hallaba distribuida en grupos pequeños, y les ofrecían bebidas y canapés. Percy les saludó con la mano desde uno de los grupos, compuesto de hombres de cierta edad, vestidos de punta en blanco y con aire prepotente.

—Más te conviene no caerles mal a ninguno de esos tipos — le advirtió Ryan a Mary. Ella asintió.

Había un cuarteto de cuerda tocando al lado de las puertas que se abrían a la terraza y después de escucharlos un rato, la señora Wright anunció que era hora de pasar a cenar. Los guio a una sala distinta a la que habían usado la noche anterior. Esta era mucho más grande y ella la llamó “la sala de banquetes”. Ryan y Phil encontraron las tarjetas con su nombre al poco de entrar en la habitación. Ryan le dijo adiós con la mano a Mary con cara triste. Su asiento estaba pasado el centro de la mesa. No conocía al hombre sentado a su izquierda, un tal señor Winston, que después de presentarse no tardó nada en volver a su conversación con la rubia despampanante sentada a su izquierda. El hombre sentado frente a ella se llamaba Peter Matthews y era un viejo amigo de la familia. Su principal interés era la comida. La mujer sentada al lado de Matthews, Stella Roberts, se desentendió cuando descubrió que Mary no estaba casada ni tenía hijos. Ella se giró hacia la puerta y vio entrar a Lance. Él se sentó a su derecha. Ese no era el lugar que tenía asignado, ya que Mary se había fijado en el nombre allí escrito, un tal Blake, al que no conocía.

—¿No te meterás en un lío? —susurró ella.

—Oh, nadie se atreverá a armar un escándalo. Y conozco al señor Blake. Sé con toda seguridad que no dirá nada.

Tenía razón. Un hombre de mediana edad entró en la sala y se aproximó al único sitio libre que quedaba, cerca de la cabecera de la mesa, no lejos de los anfitriones. Miró la tarjeta con el nombre, alzó una ceja, miró a Lance, que le respondió con una sonrisa y asintiendo con la cabeza, y entonces se encogió de hombros y se sentó.

—Tenías razón —susurró Mary.

Él se limitó a asentir. Empezaron a servir la cena y la señora Roberts pareció encontrar a Lance mucho más interesante que a ella, e intentó hacerle entrar en conversación con tópicos varios. Él se mostró educado pero no le siguió la corriente ni apreció sus esfuerzos, y estuvo hablando amigablemente con Mary. Cuando estaban acabando el primer plato, la mujer lo intentó de nuevo.

—He oído que estás trabajando con Percy en el caso del famoso escritor… ¿Fenton? Que cosa más terrible que te acosen solo porque te has hecho famoso. Debe ser horroroso.

Mary no pudo contenerse.

—Morirse también es bastante horroroso.

—La avaricia siempre es castigada —dijo la señora Roberts.

—¿Qué quiere decir? —preguntó Mary. No tenía idea de a qué había venido aquello.

—Bueno, seguro que ese hombre estaba intentando chantajear al autor, insistiendo en que le había robado su historia para hacerle pagar por ella. Toda esa gente está acostumbrada a que les paguen para evitar un escándalo… ¡Fenton hizo bien en no dejarlo acceder y ponerse firme!

Mary notó que Lance estaba temblando de forma visible y se acordó de su reacción cuando Percy anunció que Miles Green había muerto. El rostro del abogado había palidecido pero tenía el cuello rojo y una vena le pulsaba en la frente.

—¿Cómo se atreve a imaginarse que sabe qué pasó? ¿Qué le hace pensar que tiene derecho a hablar mal de los muertos? Su arrogancia no tiene límites. Cállese antes de que me olvide de que se supone que es usted una dama —soltó él.

La mujer lo miró con los ojos y la boca abiertos de par en par. Lance dobló la servilleta, murmuró una disculpa, se levantó, dejó la servilleta en la silla y salió andando despacio de la sala.

—¿A qué vino eso? Percy me había contado tantas cosas buenas sobre él —rezongó la señora Roberts.

Mary sabía que la pregunta no iba dirigida a ella y evitó mirarla. Después del postre, los invitaron a todos a salir a la terraza a ver un espectáculo de fuegos artificiales. Mary vio  que Phil y Ryan venían en su dirección, pero sintió curiosidad y se apresuró a salir del salón antes de que alguien la pillara. Dio la vuelta al edificio, y finalmente encontró a Lance sentado en un banco de piedra en la parte trasera de la casa, solo. El suelo en esa zona estaba cubierto de piedrecitas y el ruido de sus pasos hizo que Lance levantara la cabeza.

—Perdona. No quería molestarte, pero me preguntaba si te encontrabas bien.

Él sonrió, aunque la expresión de sus grandes ojos azules era triste. Se deslizó a un extremo del banco, dejándole sitio a ella para que se sentara.

—Gracias.

Se quedaron sentados en silencio un rato. Por fin Mary se decidió a romperlo.

—Ya sé que no es asunto mío, y dime que me vaya con viento fresco si quieres pero… Observé cómo reaccionaste cuando te enteraste de que Miles Green había muerto el otro día, en el bufete.

Él levantó la mirada lentamente y la fijó en la de ella.

—No trabajo para el señor Wright —continuó Mary— y no tengo nada que ver con el caso, ya que Fenton rechazó la evaluación. No pude evitar observarlo y sentir curiosidad. Parecías estar más preocupado por la presunta víctima que por tu cliente. No voy a decirte que te fíes de mí porque soy médico. Solo soy una observadora curiosa, siempre intrigada por la naturaleza humana.

Él se relajó visiblemente y fue como si se desmoronara delante de Mary.

—Todo es… Un lío tremendo. Y es mi lío. El señor Wright tiene en su cabeza la fantasía de que yo soy un tío con mucho estilo, un abogado fabuloso y un diamante en bruto. Bueno, lo de en bruto es cierto. Vengo de un pueblecito en Minnesota. Ni me preguntes. Solo la gente que vive a un radio de treinta millas de allí sabe dónde está. Mis padres trabajaron muy duro toda su vida para darnos a mi hermana y a mí una buena educación. Mi hermana es profesora de educación primaria y es muy feliz. Y yo… estudié mucho, y veía todas las películas, series de la tele, y me leía todas las novelas donde salían abogados. Abogados exitosos. Incluso antes de saber nada de leyes, ya sabía cómo interpretar el papel. Solo me interesaban los casos llamativos, arrimarme a los nombres conocidos cuando llevaban un caso, y hacer cosas que me ayudasen a conseguir la reputación que necesitaba para llegar a la cima. Pero también tenía que aceptar casos gratuitos, siempre hay una cuota que cubrir. Intenté pasárselos a otros abogados tanto como pude, pero no me fue posible evitarlos por completo. Y entonces, hace un par de años, me tocó representar a Miles Green. Intentaba montar un caso contra los que habían abusado de él. Fue el primero que se atrevió a hablar, aunque no era la única víctima. Una vez que se atrevió, muchos otros hicieron lo mismo. Era un hombre muy tímido e inseguro, a pesar de haber estado en el ejército, pero se sintió mejor consigo mismo por atreverse a llevarlo a juicio. Y entonces, cuando la vista estaba al caer, se me presentó la oportunidad de ayudar en un caso que con toda seguridad conseguiría llamar la atención de los medios de comunicación y yo le pasé el caso de Green a un colega con muy poca experiencia, que tuvo que llevarlo a juicio. Y no solo eso, sino que accidentalmente traspapelé algunas de las pruebas. Si yo hubiese estado allí personalmente, no hubiera importado, porque me habría dado cuenta y lo hubiese podido solucionar, pero mi colega no lo sabía y yo ni siquiera le había preparado como era debido. El juez rechazó el caso por falta de pruebas, y los que habían abusado de Green quedaron en libertad. Nunca confesé mi error, y debido a eso mi compañero no terminó las prácticas y dejó el Derecho. Y Green… Estoy seguro de que si los que abusaron de él hubiesen ido a prisión, y la presión y el acoso hubiesen cesado, no habría ido a por Fenton y seguiría vivo. La noticia de su muerte el otro día hizo que me acordase de todo aún más. Y Wright va y me hace defender a ese hombre…

—No puedes echarte la culpa de la muerte de Green. Tú no le mataste.

—¡Pero estoy defendiendo a su asesino! ¡Y fue culpa mía que los que le abusaron quedaran en libertad!

—Echarte la culpa no va a ayudarlos ni a él ni a su familia. Quizás haya algo práctico que puedas hacer para ayudarles…

Él abrió unos ojos enormes y sus labios se curvaron ligeramente.

—Tienes razón. Y sé exactamente qué hacer.

El ruido de los fuegos artificiales se intensificó y él se levantó, ofreciéndole la mano, y ayudándola a levantarse. La cogió del brazo y se dirigieron hacia la terraza detrás del salón de banquetes, donde todo el mundo estaba congregado contemplando el espectáculo. Phil y Ryan se unieron a ellos. Phil tuvo que hablar bastante alto para hacerse oír con el ruido a su alrededor.

—¿Dónde estabais escondidos?

—Necesitaba dar un paseo y tomar un poco de aire fresco y me encontré a Lance en la parte de atrás de la casa.

—¡Mirad eso! —Ryan señaló una gran cascada de luz púrpura que iluminaba todo el cielo y ese fue el final de la conversación.

A la mañana siguiente, el desayuno fue algo mucho más informal: no había horario fijo, sino que los invitados iban bajando cuando estaban listos, y solo las personas que estaban pasando allí el fin de semana acudieron.

—Me encontré a Lance esta mañana —dijo Ryan mientras compartían la mesa—. Me desperté temprano y decidí ir a dar un paseo. Cuando llegué de vuelta a la casa, estaba metiendo su equipaje en el maletero del coche. Le pregunté que por qué se iba tan temprano, y contestó que tenía que marcharse, que tenía que hacer algo muy importante. Ah, y me pidió que os dijera adiós a los dos.

—El gran caso se le debe haber subido a la cabeza —comentó Phil.

—Creo que podrías estar equivocado —dijo Mary.

Phil la miró y chistó.

—Me has defraudado, Mary. Nunca me hubiese imaginado que ibas a dejarte engañar por su actuación.

Ella sonrió.

—Puede que Lance te dé una sorpresa.

Por is os habéis perdido algún capítulo, aquí os dejo los enlaces:

Capítulo 1

Capítulo 2

Capítulo 3

Capítulo 4

 

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Muestra de escritura Una vez psiquiatra. Los inicios

#GRATIS Capítulo 4 Una vez psiquiatra…Los inicios Y promoción

Hola a todos:

Ya falta poco para la publicación del libro (ando en las últimas correcciones). Hoy toca el capítulo 4 de la precuela de Una vez psiquiatra…

Una vez psiquiatra. Los inicios. Olga Núñez Miret. Portada de Ernesto Valdés
Una vez psiquiatra. Los inicios. Olga Núñez Miret. Portada de Ernesto Valdés

Capítulo 4. La evaluación

Mary y Phil llegaron a Wright y Asociados a las 8:45. Phil le presentó Maggie a Mary, formalmente, y le mostró la cocina/sala del personal, donde estaba la cafetera.

—Siempre hay algún refresco y zumos en la nevera. Ya sé que no te gustan demasiado ni el café ni el té.

Mary asintió.

—¿Estarás bien aquí? Puedes esperar en la oficina de Maggie si lo prefieres.

—Estaré bien. Supongo que aquí veré a más gente.

—Eso es cierto. Si te aburres, vente. Estaremos en la misma sala donde entrevistamos a Fenton el sábado. Estoy seguro de que al Sr. Wright no le importaría, pero prefiero que lo sugiera él mismo. Puede que discutamos otros casos también…

—No te preocupes. Tengo mi libro —. Mary agitó su copia de Entrevista con el vampiro de Anne Rice. Se había planteado llevarse otro libro, pero estaba disfrutando la novela, y además le pareció bastante apropiado. Y no le faltaba mucho para terminarlo. Tenía planeado leerse La noche más oscura después. Lo incluiría como trabajo de investigación, y estaba segura de que podría sumar el coste del libro a los gastos del caso. Por supuesto, eso siempre que tuvieran pensado pagarle algo, lo que ni siquiera se le había ocurrido preguntar. No parecía que les hiciera falta ahorrar a los del bufete, pero a veces las apariencias engañan.

Tania entró en la habitación. Llevada un vestido corto rojo y aún más maquillaje que el sábado, o al menos eso le pareció a Mary. Como  ella normalmente no se maquillaba era consciente de que su opinión podía no ser muy neutral.

—¡Ah, hola! Mary, ¿no? Esto debe ser raro para ti, acostumbrada a tratar con locos y todo eso. Aunque supongo que habrá muchos… ¿cómo les llaman? Bueno, gente que no está loca pero se preocupan por cosas y también van a ver a los psiquiatras… ¿Neuróticos? Si quieres mi opinión, hay que estar un poco majara para ir a ver a un psiquiatra. No te ofendas.

—No, no, para nada —. Mary tuvo que morderse los labios para no echarse a reír. Phil tenía razón. Tania tampoco le parecía a ella la candidata perfecta a abogada.

Tania estaba preparando una bandeja de cafés y tés.

—Es para la reunión de la mañana. ¿No vienes?

—No. Seguramente discutirán asuntos confidenciales que no debería oír. Estoy aquí para la evaluación.

—Bueno, mientras nadie se lo cuente a los clientes no pasará nada. Aunque, si quieres que te diga la verdad, estas reuniones… pueden pasarse un montón de rato discutiendo una tontería de nada. Probablemente estarás mejor aquí. ¡Nos vemos luego!

—¿Necesitas ayuda? —Mary hizo amago de levantarse para ayudar a Tania a llevar la pesada bandeja.

—Oh, no, no te preocupes. Mi madre siempre dice que soy tan fuerte como un caballo. Y mi padre siempre la corrige. ‘Como una yegua, querida, como una yegua.’ Son una pareja algo rara, mis padres. Bueno, será mejor que me vaya, antes de que se den cuenta de que les faltan los cafés y se empiecen a quejar.

Y se largó. Mary se rio por lo bajo y volvió a su libro. Al cabo de unos minutos le dio la impresión de que alguien la estaba mirando. Cuando izó los ojos vio a un hombre joven, por lo menos cuatro o cinco años más joven que Phil y ella, de pie al lado del fregadero, mirándola. Llevaba un traje gris precioso, un jersey de cuello de cisne, de un color gris más oscuro, de muy buena calidad, y unos zapatos de cuero negros que se notaba a la legua estaban hechos a mano. Era alto, parecía muy atlético, y su rostro era muy bello, como el de una escultura griega. Un perfil perfecto y ojos de color azul oscuro. El pelo rubio ondulado. Sonrió, y como esperaba Mary, su sonrisa también era perfecta. La mejor que se podía comprar con dinero, sin lugar a dudas.

—Debes ser Mary —dijo él, acercándose a ella en un par de zancada y ofreciéndole la mano derecha. Tenía un apretón de mano firme—. Mary me dijo que viniste el sábado y estuviste presente en la entrevista con el Sr. Fenton. Yo no pude asistir. Asuntos de familia. Soy Lance Mayfield.

—Sí, ya me lo imaginaba.

Él asintió.

—Y por lo que he oído vas a evaluar al Sr. Fenton para descartar cualquier problema de salud mental. Tu opinión nos será muy útil, estoy seguro.

—Gracias. No sé si seré capaz de aclarar demasiado las cosas, pero considerando las circunstancias del caso, podría resultar interesante.

—Sin duda. Por desgracia, ahora no está en condiciones de ser evaluado, pero quizás si hubieran enviado a la víctima a ver a un psiquiatra hace tiempo, este desafortunado incidente podría haberse evitado. Es una pena que no interviniera nadie, o al menos no de forma constructiva, antes de que las cosas llegaran a tal punto —. Lance se quedó callado como si estuviera ensimismado en sus pensamientos. Al cabo de unos segundos dio una sacudida y sonrió, de vuelta de donde quiera que su mente lo hubiera llevado—. Así que te gusta leer. Yo solía leer mucho, ficción y no-ficción, pero estos días tengo muy poco tiempo.  El último libro que me he leído fue, bueno, La noche más oscura. Para prepararme para el caso. No es el tipo de libro que suelo leer, pero es bastante bueno. Muy realista y detallado.

—Estaba pensando en leérmelo cuando acabe éste. Puede que me ayude a hacerme una mejor idea de cómo es el Sr. Fenton.

—Dicen que todos los escritores se incluyen a sí mismos dentro de sus libros, sea consciente o inconscientemente —dijo Lance, asintiendo.

—Yo he leído lo mismo —dijo Mary.

—¿Está Phil siendo un buen anfitrión? Yo aún estoy descubriendo la ciudad. Soy un recién llegado. Pero si quieres ir a ver algo o ir por ahí a explorar, me encantaría acompañarte —. Él le dedicó su sonrisa ganadora, de nuevo. Y ahora que estaba más cerca, Mary se dio cuenta de que tenía hoyitos. Por supuesto. No podían faltar.

—Gracias. Eres muy amable. ¿No te vas a perder la reunión?

—Oh, tenía una reunión en otro sitio esta mañana. No se lo cuentes a nadie, pero el Sr. Wright está pensando en ampliar el bufete y me envió a hablar con una de mis conexiones, el Sr. Timmins, que tiene su propio bufete, principalmente encargándose de propiedades y finanzas. Quiere organizar una reunión para ver si le convence de que se nos una con su personal, pero creyó que sería mejor que yo tanteara el terreno antes de lanzarse.

Mary le miró. No sabía si el tono amistoso y el compartir información eran exclusivamente porque era ella, o él era así con todo el mundo. Ella no supo por qué, pero otra escena de La casa del juego le vino a la memoria. La escena donde Mike (interpretado por Joe Mantegna) le explica a Margaret (la psiquiatra, Lindsay Crouse) las reglas básicas del timo. Él le explica que el timador consigue que le timo funcione haciendo que la víctima le tome confianza. Quizás ella era demasiado cínica para con los abogados, pero no pudo evitar pensar que el tal Lance era muy hábil, y comprendió perfectamente por qué a Phil no le caía demasiado bien la nueva adquisición.

Mary sonrió.

—Entonces, ¿fue bien?

—Oh, estuvo muy receptivo. Estoy seguro de que si la oferta es lo suficientemente buena estará más que contento de asociarse con el bufete del Sr. Wright. Debe ser agradable ser tu propio jefe, pero tener el apoyo de un bufete grande va muy bien, especialmente si las cosas no salen como se habían planeado —. Se quedó quieto y pareció perderse en sus cábalas de nuevo.

Mary se lo quedó mirando, reflexionando. No tenía el aspecto de que nunca nada no le hubiera ido como lo había planeado. Pero quizás era un gran actor.

—Sí. Es bastante arriesgado tener que cargar con toda la responsabilidad.

Lance sacudió la cabeza y sonrió. —Tendría que volver a mi oficina. Pero no te olvides de lo que te dije. Me encantaría ir a explorar por ahí contigo. Estoy seguro de que formaríamos un gran equipo. ¡Una psiquiatra y un abogado!

Salió de la habitación y Mary se dijo que ya tenía bastante con un abogado en su vida. Y sospechaba que Phil debía pensar lo mismo con respecto a los psiquiatras.

Volvió a concentrarse en su libro y un poco más tarde, cuando acababa de leer la última frase, como si lo hubiesen cronometrado, alguien tosió, intentando llamar su atención. Ella miró hacia arriba.

—Sr. Fenton.

—Hola. Mary Miller, ¿no es cierto? Doctor… Mary Miller.

Aunque a Mary no la sorprendió, Fenton debió pensar que si lo estaba, porque añadió:

—No había nadie en recepción cuando me fui el sábado. Le eché un vistazo al registro.

A Mary le pareció algo raro.

—No sé si me equivoco, pero me pensaba que esa era la primera vez que estaba en las oficinas del Wright y Asociados. Supongo que quizás le habían presentado a los demás antes de que llegáramos pero…

—Supone mal. El Sr. Wright se presentó y me dijo que era una reunión preliminar y que no había nada decidido todavía quién se iba a encargar de mi caso. Dijo que estábamos esperando a unos cuantos miembros más del equipo. Y entonces se dedicó a repasar sus notas.

Mary le miró, esperando que continuara.

—¿No se da cuenta? Soy autor. Me encanta informarme. Repasé todo lo que encontré sobre el bufete y su personal antes de venir. Y a usted no la vi por ningún sitio. Por eso fue por lo que tuve que comprobar quién era. Entonces entendí por qué reaccionó así cuando hice un comentario sobre el comportamiento de gente…

—Que sufre de enfermedades mentales —concluyó ella.

Él la miró fijamente unos segundos pero finalmente bajó los ojos. Suspiró y volvió a mirarla.

—Entonces ¿de qué va esto? ¿Vamos a repasar todos los detalles de los incidentes que sucedieron entre el Sr. Green y yo para que pueda sugerir qué le pasaba a ese hombre? ¿Cómo va a ayudarme eso?

A Mary no le gustaba mentir. Aunque en teoría era el bufete el que había contratado sus servicios, para ella el ‘cliente’ era Fenton, y mentirle a un cliente no es la mejor manera de entablar una relación terapéutica, ni tan siquiera diagnóstica.

—No, no es eso. Pensaron que sería una buena idea que yo le evaluara a usted. Por supuesto usted tendría que estar de acuerdo.

Se le abrieron los ojos como platos, hasta tal punto que parecía que los párpados se le hubieran retraído hacia dentro de las órbitas de los ojos.

—¿Evaluarme a mí? ¿Por qué? ¿Acaso creen que estoy loco? —preguntó, alzando la voz.

Ella negó con la cabeza.

—Quizás deberíamos hablar en algún otro sitio. Esto no es muy privado.

Él asintió y salió de la sala. Volvió al cabo de unos minutos y se paró delante de ella. Ella le miró.

—He hablado con Maggie. Me ha mostrado una pequeña sala de recepción. Me ha asegurado que está vacía y no la tienen reservada para nadie. Podemos ir allí.

—Quizás sería mejor esperar hasta que el Sr. Wright y su equipo acaben con la reunión.

Fenton intentó reír pero sonó a ladrido.

—Los abogados son un mal necesario. Pero de ahí a fiarme de sus explicaciones… Van muy bien para confundir al contrario con sus juegos malabares, pero si tenemos que hablar de una evaluación psiquiátrica, creo que una psiquiatra es la persona adecuada.

Mary se encogió de hombros y se dejó convencer. O accedería a la evaluación o no lo haría, pero de todas formas resultaría un ejercicio útil para llegar a entender cómo funcionaban su mente y sus emociones, aunque parecía estar muy tranquilo. Ella se levantó y siguió al autor a una pequeña sala con cuatro sillones individuales, una mesita de centro y unas cuantas revistas. En la pared frente a la puerta, donde normalmente uno esperaría encontrar una ventana, había un gran acuario. La luz azul que emitía pareció hipnotizarlos a los dos por unos momentos. Finalmente, Fenton señaló hacia uno de los sofás y cuando Mary se hubo sentado, se sentó en el sofá de enfrente. Mary se dio cuenta de que al escritor le gustaba estar al  mando y estaba intentando manipular los ‘personajes’ y el ‘escenario’ como lo haría en una de sus novelas.

—Así que… ¿por qué evaluarme a mí? —sus pequeños ojos grises la estaban atravesando.

Cuando Mary hablaba con pacientes que estaban muy enfermos o en un estado mental frágil, Mary intentaba por todos los medios no disgustarlos por ser demasiado directa o por hablar de cosas que podrían desequilibrarlos antes de conocerlos bien; pero ésa no era la situación en el caso del escritor. Directo al grano sería la mejor manera. Después de todo él era un autor profesional, y dudaba que a ella se le fuera a dar mejor manipular el lenguaje que a él.

—Fue usted extremadamente violento. Cuando llegaron sus vecinos tuvieron que impedirle físicamente que siguiera golpeando al Sr. Green cuando ya estaba en el suelo inconsciente.

—¡Estaba dentro de mi propio edificio! ¡No se hubiera detenido ante nada!

—Sr. Fenton…

—Llámame Oliver.

Su tono de voz había vuelto a la normalidad en una fracción de segundo. Como si tuviera un interruptor on-off. Muy extraño. Mary asintió.

—Tienes que entender, Mary… ¿Puedo llamarte Mary? — él la miró y ella volvió a asentir — que éste no fue un incidente aislado. Sí, desde el momento en que mi libro se convirtió en un bestseller y apareció en todas partes, todo tipo de gente me ha estado dando la lata. Lectores que quieren algún recuerdo, o un autógrafo, fans que siguen cualquier cosa que esté de moda, sin importar el qué, otros que confían en ganar algo de fama enganchándose a alguien conocido, paparazzi, reporteros… Pero normalmente se cansan o lo dejan cuando consiguen lo que iban buscando. Pero este hombre no. La cosa no tenía ni pies ni cabeza. Los demás no me asustaban. Uno se acostumbra a ese tipo de individuos. Pero no a alguien como él.

No parecía estar asustado, pero Mary asintió.

—Cuando llegué abajo e iba a salir del edificio…

—Perdona. Antes de hablar de eso…

—¿No me digas que me vas a preguntar sobre mis padres, mi niñez y todas esas tonterías? ¡Anda, vamos! Pero bueno, si tanto te interesa, mi madre fue maestra de una escuela de primaria muchos años, y ahora es la directora. Es una escuela religiosa, católica, St. Mary’s, pero no, yo no soy religioso y no me educaron en la creencia católica. Y mi padre es el encargado de un concesionario de coches, de la General Motors. Tengo un hermano mayor, Tom, que se encarga de modificar y personalizar coches, y una hermana más joven que yo, Ellie, que está estudiando para ser maestra. No hay historia de abuso en la familia, ni sexual ni físico, ni historia de abuso de alcohol o drogas, ni divorcios, ni suicidios. Yo empecé y dejé sin terminar varias carreras: arquitectura, filosofía, derecho. Empecé a escribir artículos para el periódico estudiantil en la universidad y luego seguí escribiendo historias para el periódico local. Cada vez me encargaron historias más largas. Y mi vida sexual es muy satisfactoria — dijo, parándose a tomar aire por fin.

—Gracias por eso, aunque no era lo que te iba a preguntar. Sí, eso formaría parte de una evaluación completa, pero aún no has accedido a ello. No, lo que te iba preguntar era si me podrías contar qué había hecho el Sr. Green antes, que te tenía tan preocupado. ¿Cuánto tiempo hace que publicaron tu libro?

—Ocho… no, nueve meses. Salió publicado un lunes pero ya había habido bastante interés por él. Mi agente y la compañía publicitaria habían conseguido que varios escritores y críticos importantes leyeran el libro y publicaran sus reseñas durante la primera semana del lanzamiento. Hubo muchas especulaciones sobre cuánto había cambiado los lugares y las circunstancias de la historia. Debes estar al tanto de las acusaciones y alegaciones contra sacerdotes y la iglesia con respecto al abuso sexual de menores en algunos lugares. Sí, la gente sentía curiosidad. Me pidieron entrevistas… El New York Times, ABC, Sky News. Oprah escogió La noche más oscura como libro de septiembre en su club de lectura. Y eso lo impulsó a lo más alto. Todo el mundo hablaba de él. Y entonces fue cuando empezó todo.

—Así que el Sr. Green apareció por primera vez en septiembre.

—Bueno, no, no exactamente. Eso fue cuando mi vida cambió por completo. Mi agente vendió los derechos para hacer una película. Todo es muy secreto, pero hay peces gordos interesados. Y también vendió los derechos para convertirlo en una serie para una cadena nacional de periódicos. Mi vida se salió de su curso. Yo estaba a punto de presentarme al examen para hacerme contable, pero no me pareció necesario seguir con eso. Me mudé a un apartamento nuevo y organizaron un tour de charlas y presentaciones del libro. He visitado las ciudades más grandes: Los Ángeles, San Francisco, Chicago, Filadelfia, Boston, Dallas, Miami… Muchas universidades querían que fuera a hablar allí, varias ONGs me pidieron que fuera su portavoz… Creo que fue a mediados de enero cuando el Sr. Green apareció en mi vida por primera vez.

Mary hizo un rápido cálculo mental. Eso quería decir que hacía unos cuatro meses, pero algo menos de tres meses de persecución si tomaba en cuenta cuándo había sucedido el incidente. No era mucho tiempo, aunque desde luego se podría hacer muy largo si uno era víctima de persecución y acoso.

—Al principio no parecía peligroso. Empezó a aparecer en todas las librerías, bibliotecas, donde fuera que yo iba a dar una charla. Siempre se sentaba en primera fila pero nunca preguntaba nada. Mike, mi agente, fue el primero que notó su presencia. Le pareció raro. No importaba lo lejos que fuéramos, él siempre estaba allí. Pero simplemente allí estaba. Sentado, escuchando. A veces tomaba notas. Pero yo no tenía ni idea de para qué, ya que los periodistas siempre intentaban conseguir entrevistas personales y hablaban con Mike. Él se limitaba a sentarse entre el público. Yo bromeé que quizás era un escritor que quería aprender, ya que parecía estar tan atento.

El autor dejó de hablar y se quedó mirando fijamente el acuario.

—Qué existencia más rara, ¿no te parece? Vivir toda tu vida dentro de una caja, a merced de un insignificante ser humano y sus caprichos. Cuando encienden la luz, es de día. Si la apagan, vuelve a ser de noche. Para ellos probablemente eso es todo un universo y nosotros somos su dios.

—Probablemente. ¿Y qué pasó luego?

Él suspiró—. Esto es tedioso. Ya lo he explicado todo millones de veces. Un día, cuando llevaba varias semanas apareciendo en todos mis eventos, de repente, se acercó a mí con un libro para que se lo firmase y cuando estuvo delante de mí me amenazó. Y a partir de ese momento hizo lo mismo en todos los sitios adonde fuimos. Le prohibimos la entrada y avisamos a los guardas de seguridad para que no le dejasen pasar, pero eso no le detuvo. Se disfrazaba; entraba a escondidas por la puerta de atrás…

—¿De qué tipo de amenazas estamos hablando? ¿De violencia?

—He contado lo mismo muchas veces. Estoy seguro de que está escrito en el fichero, en algún sitio. Pero bueno, de todas formas… Me dijo que conocía mi ‘secreto’ y que iba a ‘arruinarme’. Mike puede atestiguarlo. Creo que lo ha hecho. Estaba a mi lado.

—¿Qué secreto? ¿Tienes la menor idea de qué estaba hablando?

—Por aquel entonces no. Por supuesto que no, porque yo no tengo secretos, al menos nada que pueda arruinarme o que le pueda interesar a nadie. Más adelante me dijo que sabía que yo había usado su historia sin su permiso y que no tenía derecho a hacer eso. Yo le dije que no sabía quién era, pero él insistió. No quería irse. Tuve que llamar a los de seguridad y se lo tuvieron que llevar a rastras, chillando y pataleando. No exagero. Chillando y pataleando. Pero eso no le detuvo y volvió. Intentamos lo típico, incluso una orden judicial de alejamiento, pero nada parecía conseguir detenerle. Y las cosas fueron a más. Empezó a gritar, amenazándome, diciéndome que iba a hablar con los medios de comunicación y revelarles como había explotado su vida solo para beneficiarme de ello. Una locura. Nunca jamás había visto a ese hombre.

—¿Mencionó alguna vez cómo creía que tú habías descubierto la información?

—Dijo algo sobre los ‘bastardos’ que habían vendido su historia. Cada vez que se ponía a hablar de eso se disparaba a todo tren, despotricaba y no había quien se enterara de nada. Las únicas palabras que conseguí entender fueron ‘terapista’, ‘escuela’ y ‘policía’. Yo sospecho que debía creer que alguien a quien le había contado la historia, algún profesional, debía habérmelo dicho. Pero yo nunca he contado de dónde saqué la historia. ¡Ni siquiera se parece al hombre en cuestión!

—¿Entonces por qué cree que es su historia?

—Le estás preguntando a la persona equivocada. No tengo idea. Supongo que podría ser que haya más de una persona que haya pasado por una experiencia similar.

—Y nos dijiste que habías hecho algunos cambios para asegurarte de que la persona en cuestión no fuera identificable.

—Sí. Es una tontería colosal. Por supuesto que no es él. Es un chiflado. O mentalmente inestable, cualquiera que sea la forma correcta de llamarlo.

—Quizás algunos de los detalles coincidan.

—Quizás… Pero yo no lo puedo evitar y no es culpa mía. Yo no fui el abusador. Y no he escrito sobre él. O sobre… —dejó de hablar de repente, como si hubiese dicho ya demasiado, miró al suelo y entonces, al cabo de unos segundos, se quedó mirando a Mary fijamente—. Como ves, todo esto no tiene nada que ver conmigo. Sería una pérdida de tu tiempo y del mío proceder a una evaluación a fondo. Duermo bien, tengo buen apetito, mi estado de ánimo es razonable, considerando el stress debido al caso, nunca he oído voces…

—¿Ni siquiera las de tus personajes?

Él se rio. —Soy perfectamente capaz de distinguir mi imaginación y creatividad de algo o alguien que intenta controlar mi cerebro o hablar conmigo. No. No tengo ideas raras, a menos que consideres la auto-defensa y el querer sobrevivir una idea rara.

Mary estaba encallada. Había muchas otras cosas que le gustaría haberle preguntado, y algunas cosas de las que le había contado Fenton que no la convencían mucho, pero no creía poder justificar el seguir adelante. El escritor la estaba mirando con una expresión plácida, convencido de que había ganado. Cuando Mary abría la boca para decir algo, aunque no estaba segura de qué, la puerta se abrió y la salvó. La cabeza del Sr. Wright se asomó por la rendija.

—Aquí estáis. Maggie me dijo que buscabais un sitio privado donde poder hablar. ¿Podéis venir conmigo? Tengo algo que decirle a todos los que están trabajando en el caso.

Fenton se levantó y Mary se los quedó mirando. Lo cierto es que ella no estaba involucrada en el caso, especialmente ahora que el escrito había dejado claro lo que opinaba sobre una posible evaluación psiquiátrica. Pero el Sr. Wright no sabía eso, y le hizo un gesto para que lo siguiera, impaciente. Mary estaba convencida de que el Sr. Wright no estaba acostumbrado a que le hiciesen esperar. Nunca. Ella se levantó y siguió a los dos hombres. Anduvo más deprisa y consiguió ponerse a la altura del Sr. Wright.

—Sr. Wright…

—Llámame Percy. Al fin y al cabo no eres mi empleada.

—Gracias. Percy… El Sr. Fenton no está muy interesado en la evaluación…

—Ahora eso no tiene importancia. Ve a la sala de reuniones. Yo iré a buscar a Lance.

Mary se quedó parada en medio del pasillo, preguntándose qué estaba pasando. Vio a Phil al lado de la puerta de la sala de reuniones y se acercó a él.

—¿Qué está pasando? Estaba hablando con el escritor, quien, por cierto, no está muy interesado que digamos en someterse a una evaluación de su estado mental, cuando Percy se presentó de repente y dijo que tenía algo que ‘comunicarnos’. ¿Sabes de qué va esto?

Phil se encogió de hombros.

—No. Estábamos discutiendo los casos en curso en la reunión, como cada mañana, cuando Maggie llamó a la puerta, entró y le susurró algo al oído. Y entonces se levantó, nos dijo que podíamos salir y que nos teníamos que reunir con él aquí en quince minutos, y se fue. Es la primera vez que pasa algo así en el tiempo que llevo aquí. Y por las caras que han puesto todos, debió ser la primera vez también para ellos. Es que, según Percy Wright, estas reuniones matinales son la clave del éxito del bufete y son sagradas. No se pueden interrumpir ni se nos puede molestar. Así que sea lo que sea, tiene que ser bastante gordo.

El Sr. Wright llegó seguido por Lance Mayfield que le lanzó una sonrisa a Mary antes de seguir a su jefe y entrar en las sala. Phil y Mary también entraron. Steve, Tania, Ryan y el cliente ya estaban sentados dentro.

—¿Voy a llamar a Maggie? —preguntó Steve, a medio levantarse de la silla.

—No, no. No hará falta. Tiene unas cuantas cosas que hacer y ya está al corriente de lo que vamos a hablar.

Se hizo el silencio y se miraron los unos a los otros. Mary tomó nota de la forma en que el Sr. Wright usaba las pausas para aumentar el efecto dramático. Quizás fuera cierto que ser buen actor podía ser de gran ayuda para la carrera de abogado.

—Perdonad el que haya tenido que interrumpir así la reunión, pero hemos recibido una noticia muy grave que tuve que comprobar… No, no os preocupéis, no es sobre mí o mi familia. Nada de eso. Es sobre el caso. Por esa razón está aquí el Sr. Fenton. Esta madrugada, la víctima del caso, Miles Green, ha fallecido.

Todos soltaron un grito ahogado. Mary miró el escritor, que aparte de abrir sus ojillos un poco, no mostró evidencia alguna de emoción. Cuando se giró para mirar a Phil, algo le llamó la atención. Se dio cuenta de que la mano derecha de Lance estaba temblando incontrolablemente cuando intentó coger el vaso de agua frente a él, hasta tal punto que abandonó la idea y ocultó las dos manos debajo de la mesa. Ella le miró a la cara. Estaba tan pálido y demacrado que Mary se preguntó si no estaría enfermo y le preocupó que pudiera desmayarse.

—¿Saben qué ha pasado? —preguntó Steve.

—No están seguros al cien por cien pero sospechan una hemorragia cerebral, probablemente debida al… alegado asalto —dijo el Sr. Wright.

—¿Y ahora? —preguntó Steve.

—¿Ahora? Bueno, supongo que la acusación cambiará. Quizás debiera reconsiderar esa evaluación, Sr. Fenton, Oliver —dijo el Sr. Wright, girándose hacia el autor.

—No veo por qué el hecho de que el hospital no supiera como tratar al Sr. Green resulte en que yo tenga que someterme a una evaluación psiquiátrica. ¿Cree usted que sufro de alguna enfermedad mental? —preguntó Fenton, volviéndose hacia Mary.

Ella suspiró, y miró directamente al escritor, aunque sentía los ojos de todos enfocados en ella. Entonces miró a Wright. Él hizo un gesto con la cabeza en la dirección del autor.

—Es evidente que él no cree que valga la pena hacerle una evaluación, y sé que sin su cooperación no puede hacer gran cosa. Pero sinceramente, ¿qué opina?

—No he tenido la oportunidad de realizar una entrevista a fondo, y no he podido acceder a su historial médico o comprobar su historia con nadie más, pero por lo que me ha dicho el Sr. Fenton y lo que yo he podido observar, no, no diría que exista ninguna evidencia de que sufra de una enfermedad mental o de que esté perturbado hasta el punto de no tener conocimiento de las consecuencias de sus actos. Pero mi examen no es lo suficientemente detallado como para ser válido ante un tribunal, o en ningún otro sitio. Es una opinión algo informada pero nada más.

El escritor asintió.

—Bueno, con eso me basta — dijo Wright —. Y creo que tenemos muchas otras cosas de que preocuparnos y un juicio completamente distinto para el que prepararnos ahora. Sr. Fenton, si usted está de acuerdo, me gustaría que el Sr. Mayfield, Lance, esté a cargo del caso. Contará con el total apoyo del equipo, y yo le supervisaré personalmente, y oficialmente el caso irá a mi nombre. Y no deje que su juventud le preocupe. Confío en él implícitamente.

Mary miró a Lance. Tenía los ojos clavado en un folio en blanco frente a él y sus manos seguían escondida. Finalmente se puso de pie, despacio, y extendió su brazo derecho hacia el escritor. Parecía que el abogado había conseguido controlar sus emociones, y aparte de estar algo pálido, su presencia era tan profesional como siempre. Fenton se levantó y le dio la mano.

—Bueno, supongo que eso es todo. Al trabajo. Si tenéis ideas sobre cómo plantear el caso, compartidlas con Lance o conmigo. Y espero poder contar con todos vosotros si necesitamos ayuda extra.

Todos asintieron y se levantaron. Cuando Mary iba a seguir a Phil en dirección a la puerta, el Sr. Wright le puso la mano en el hombro.

—Lo siento. Estoy seguro de que nos hubiera sido útil tener una evaluación completa, pero ahora mismo no podemos hacer nada —. Miró hacia la puerta y una vez vio que Fenton estaba fuera del alcance de sus palabras, añadió —Es muy tozudo. Pero supongo que eso no es ninguna enfermedad mental. De todas formas serás compensada. Y espero que tengamos oportunidades de cooperar más a fondo en el futuro.

—Gracias, Percy. Y no te preocupes. No hace falta la compensación. No he hecho nada.

Mary no sabía bien por qué, pero decidió que no quería deberle nada al Sr. Wright. Al menos de momento. Siguió a Phil hasta su oficina, entró y cerró la puerta.

—Ya sabía yo que le iba a dar el caso a Lance. El preferido del profe. Bueno, quizás sea mejor así. No es que yo vea a Oliver Fenton con muy buenos ojos precisamente.

—¿Cómo es eso? Creía que todo el mundo merece una defensa.

Phil suspiró y se desplomó sobre su silla.

—Sí, por supuesto. Pero suele ayudar si crees a tu cliente, o si él o ella te caen bien. Y puedo decir, con la mano en el corazón, que ni me cae bien, ni le creo.

Mary asintió.

—Estoy de acuerdo contigo en las dos cosas.

—¿Te dijo alguna cosa interesante?

—Nada específico, pero hay algunos detalles que creo que no encajan. No, ahora oficialmente no es asunto mío. Pero sigo decidida a leer su libro… Me da pena que se haya muerto el Sr. Green. Y no llegaremos a oír su versión de la historia nunca, al menos de sus labios.

—Eso es verdad.

Nos quedamos callados unos segundos. Finalmente Phil dijo:

—¿Tienes planes o te quieres quedar por aquí y vamos a comer luego?

Mary le echó un vistazo a su reloj.

—No, gracias. Es demasiado temprano. Tengo una larga lista de cosas que quería hacer y sitios que quería visitar, y lo había aplazado todo por esto, pero ahora tendré tiempo. Quiero ir a visitar varios museos, quiero pasearme otra vez por Central Park, quiero subirme al ferry e ir a Long Island… Y si te apetece, puedo intentar conseguir entradas a medio precio y podemos ir a ver otro show durante la semana.

—Me parece perfecto.

—Te veo luego.

Mary dejó el bufete y se fue en pos de aventuras en la Gran Manzana.

Por si queréis poneros al día, aquí os dejo enlaces a los otros capítulos:

Capítulo 1 

Capítulo 2

Capítulo 3

Y os recuerdo que mientras preparo la publicación de la precuela Una vez psiquiatra… está en promoción especial, a solo $0.99. Aquí os dejo los detalles.
Una vez psiquiatra... de Olga Núñez Miret Portada de Ernesto Valdés Una vez psiquiatra… Portada de Ernesto Valdés

Una vez psiquiatra…

‘Una vez psiquiatra…’ es una colección de tres historias protagonizadas por Mary, una psiquiatra y escritora. Ella está empeñada en dedicarse totalmente a su carrera literaria pero las circunstancias y sus amigos parecen conspirar para arrastrarla de nuevo al mundo de la psiquiatría.

En ‘Carne de cañón’ Mary tiene que examinar a Cain un joven Afro-Americano acusado de incitar un motín religioso cuando declaró que oía la voz de Dios y que Dios era negro. Puede que no esté loco, pero Mary está segura de que esconde algo.

En ‘Trabajo en equipo’ Mary se ve forzada a ofrecerle terapia a Justin, un policía que se siente culpable cuando su compañero, que era también como un padre para él, es asesinado durante una investigación rutinaria. Antes de que Mary consiga desenmarañarse del caso, el caso se vuelve muy personal.

En ‘Memoria’ Mary desparece después de un incidente con Phil, que está maníaco ya que no se ha tomado la medicación. Cuando la encuentran ella ha sido víctima de un terrible crimen, pero pronto descubren que tuvo más suerte de la que se pensaban.

El epílogo nos muestra a Mary durante el juicio de su raptor y vemos cómo ha cambiado su vida. ¿Conseguirá por fin dejar la psiquiatra, o una vez psiquiatra, siempre psiquiatra?

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#GRATIS Capítulo 3 Una vez psiquiatra…Los inicios Y promoción

Hola a todos:

Lo prometido es deuda y hoy os traigo el capítulo 3 de la precuela de Una vez psiquiatra…

Una vez psiquiatra. Los inicios. Olga Núñez Miret. Portada de Ernesto Valdés
Una vez psiquiatra. Los inicios. Olga Núñez Miret. Portada de Ernesto Valdés

3.     Los jugadores

Una vez fuera de la sala de reuniones, Tania se puso a llamar por teléfono. Steve le dio la mano a Mary y le dijo adiós.

Phil miró a Ryan.

—¿Qué me dices de venir a tomar algo con nosotros y quizás a comer también?

Él dudó pero finalmente se encogió de hombros y suspiró.

—Me encantaría, pero me temo que no va a poder ser. Mi hermana Romy se casa dentro de unos meses y hemos llegado al estadio de escoger menús. Su prometido está trabajando en el extranjero y ella me ha alistado para que le ofrezca asesoramiento táctico. ¡Dios sabrá por qué cree que se me da bien eso! Me ha dicho que yo represento a los maniáticos para la comida, así que si yo apruebo algo, seguramente valdrá para la gente difícil. ¡Lo que hay que aguantar!

Mary sonrió. Phil dijo:

—En ese caso me doy cuenta de que no hay ninguna esperanza. Ni Mary ni yo tenemos hermanos ni hermanas, así que no esperes que nos compadezcamos de ti ni te tengamos simpatía.

—¡Menuda suerte! Aunque no, eso no es cierto. Quiero mucho a mi hermana, aunque puede ser una pesada. Encantado de conocerte, Mary. Parece que vas a pasar algo de tiempo por aquí, así que con un poco de suerte podremos ponernos al día y hacer alguna otra cosa.

—Por supuesto.

Mary y Ryan se dieron la mano y Phil le dio una palmada en el hombro a su compañero.

—¡Buena suerte!

Después de debatir qué iban a hacer para comer de camino al apartamento de Phil, decidieron comprar algunas cosas en una deli del vecindario y comer en casa, mientras charlaban.

—Así que… ¿Sinceramente, cuál es tu opinión? —Phil le preguntó a Mary cuando se sentaron a comer.

—¿Sobre el escritor? —Phil asintió. Mary comió un poco de pan y cuando acabó de masticar miró a Phil. —Tú sabes que no tengo bola de cristal ni súper-poderes. No puedo mirar al tío y saber lo que está pensando.

—Por supuesto que lo sé. Y no sugerí que vinieses para que obtuvieses una confesión, ni nada por el estilo. Pero tengo curiosidad por saber qué opinas.

—Creo que Ryan tiene razón. Y tú también. No parece que le hayan afectado en lo más mínimos sus acciones o que le preocupe en absoluto cómo está la víctima. Puede que le preocupe lo que le pueda pasar a él, pero el bienestar del Sr. Green para nada. Le haga hecho lo que le haya hecho ese hombre, me parece cruel. Despiadado. Pero el Sr. Wright tiene algo de razón. Quizás una evaluación formal nos dé una idea más clara de todo.

Phil miró a Mary de lado.

—¿Qué?

—Tú no crees que le pase nada.

—No. Tienes razón. No creo que sufra de una enfermedad mental, no. Con respecto a su personalidad, sin comentarios.

—Pero usarás tus métodos de interrogación para averiguar la verdad.

—No soy una experta en tortura, Phil. Me limitaré a hacerle unas preguntas e intentaré establecer cuál era su estado mental en el momento del incidente. Eso es todo.

—Vale. Si tú lo dices.

Mary miró a Phil, frunciendo el ceño, y él alzó las manos gesticulando con los labios, ‘lo siento’. Al cabo de unos minutos de comer en silencio, Phil preguntó:

—Así que, ¿qué opinas de los jugadores?

—¿Los jugadores? ¿Te refieres a los empleados del bufete? —él asintió. Ella se rio. —Bueno, Tania…

—Tania no es una jugadora. Es simplemente un elemento decorativo.

—¡Phil! —Mary le dio un puñetazo de broma en el brazo.

—OK. OK. No hace falta que te pongas feminista conmigo. Ya sabes que estoy totalmente a favor de la mujer al poder, pero a Tania ni siquiera le interesa el Derecho. Sospecho que su padre debió pensar que al menos si estaba aquí no andaría por ahí metiéndose en líos y en mala compañía. ¡En serio!

Mary siguió comiendo y haciendo ver que estaba enfadada. Phil tenía mucha paciencia en cuestiones relacionadas con el trabajo, pero no toleraba que le hicieran el vacío.

—Así que, ¿qué piensas?

—¿De tus colegas?

—Sí.

—Es difícil de saber. Solo los he visto con tu jefe delante, aparte de a Ryan muy brevemente, y no me atrevería a juzgar basándome en eso. ¿Es Steve su mano derecha?

—Steve llegó a cubrir la posición de pasante al poco de que Wright montara el bufete. Han pasado por muchas cosas juntos, aunque corren ciertos rumores de que Steve estuvo envuelto en algún escándalo y es por eso por lo que no se ha independizado y creado su propio bufete, y por lo que no ha insistido en que su nombre figure al lado del de Percy.

—¿Un escándalo? —Mary miró a Phil con los ojos de par en par.

—Sí, ya sé que no lo parece. Y no tengo ni idea de qué tipo de escándalo se trata. Parece que fue hace mucho tiempo y está muy bien enterrado.

—¿Y Ryan?

—Como te dije, espera convertirse en asociado, aunque yo no estoy seguro de que vaya a encajar. Es demasiado… Bueno, es como el bufón de la corte. Siempre dando botes por aquí y por allá y diciendo lo primero que se le pasa por la cabeza. Lo mismo hace reír a alguien que se expone a que le den una buena paliza.

—A mí no me parece que sea un bufón, para nada. Creo que es un observado muy sagaz, aunque a veces no se expresa de forma adecuada, y puede que la gente no se lo tome en serio. Pero allá ellos.

—OK… Y aún no has conocido a Lance, la más reciente y lustrosa adquisición. No lleva demasiado tiempo con nosotros pero tiene la imagen y los credenciales perfectos. Y Percy se comporta como un niño con zapatos nuevos: se lo tiene que ir enseñando a todo el mundo.

—Ya veo que te cae muy bien —dijo Mary, guiñándole un ojo.

Phil se rio.

—No es él en sí, sino el efecto que le causa a la gente. Pero, de todas formas, es demasiado pronto para poder formar una opinión firme.

—Pero también habrá otra gente trabajando allí, ¿no?

—Sí, pero en otros departamentos o ejerciendo otro tipo de funciones. Puede que llegues a conocer a algunos de ellos, pero estos son los que van a estar involucrados en el caso más probablemente.

—Tengo muchas ganas de verlos a todos en acción. Y a ti también, por supuesto.

Phil sonrió y los dos recogieron la mesa.

—Y ahora, ¿qué vamos a hacer con el resto del fin de semana? —Mary preguntó.

—Podemos hacer de turistas, y hacer lo típico que se hace en Nueva York —dijo Phil. —¿Qué te parece?

—¡Una idea estupenda!

Y eso fue lo que hicieron. Se pasearon por Central Park, incluso fueron a dar un paseo en un coche de caballos, visitaron el Empire State Building y subieron a la azotea, hicieron cola en la taquilla de entradas a medio precio de Times Square y fueron a ver un musical, fueron a ver los escaparates de la Quinta Avenida…

—Es un sitio fabuloso —dijo Mary.

—Sí. A uno le entran ganas de cantar ‘New York, New York’—respondió Phil.

—No, por favor. Ya sé cómo cantas.

Phil se rio.

Una vez llegaron al apartamento de Phil, el domingo por la noche, vieron que había un mensaje en el contestador automático. Mientras Mary iba a dejar su bolso en la habitación de los invitados, Phil lo escuchó. Ella se reunió con él en la cocina.

—Era de la oficina. Parece que el cliente estará allí mañana por la mañana temprano para repasar algunos detalles y hacer el papeleo. Percy se preguntaba si podrías verlo y empezar tu valoración sobre las once de la mañana.

—Sí, no hay problema. Supongo que le contarán primero lo que vamos a hacer.

—Bueno, sí. Yo tengo que ir más temprano. Siempre tenemos una reunión a primera hora de la mañana, sobre las nueve, para hablar de los casos en los que estamos trabajando. Si no te importa esperar un rato, podrías venir conmigo.

—¿Por qué no? Me llevaré un libro.

—Eso no es ninguna sorpresa.

Si queréis poneros al día con los otros capítulos los podéis encontrar aquí:

Capítulo 1

Capítulo 2

Y por si aún no os habéis enterado, para celebrar que estoy a punto de publicar la precuela y el nuevo año Una vez psiquiatra… está en promoción especial, a solo $0.99. Aquí os dejo los detalles.
Una vez psiquiatra... de Olga Núñez Miret Portada de Ernesto Valdés                                                             Una vez psiquiatra…  Portada de Ernesto Valdés

Una vez psiquiatra…

‘Una vez psiquiatra…’ es una colección de tres historias protagonizadas por Mary, una psiquiatra y escritora. Ella está empeñada en dedicarse totalmente a su carrera literaria pero las circunstancias y sus amigos parecen conspirar para arrastrarla de nuevo al mundo de la psiquiatría.

En ‘Carne de cañón’ Mary tiene que examinar a Cain un joven Afro-Americano acusado de  incitar un motín religioso cuando declaró que oía la voz de Dios y que Dios era negro. Puede que no esté loco, pero Mary está segura de que esconde algo.

En ‘Trabajo en equipo’ Mary se ve forzada a ofrecerle terapia a Justin, un policía que se siente culpable cuando su compañero, que era también como un padre para él, es asesinado durante una investigación rutinaria. Antes de que Mary consiga desenmarañarse del caso, el caso se vuelve muy personal.

En ‘Memoria’ Mary desparece después de un incidente con Phil, que está maníaco ya que no se ha tomado la medicación. Cuando la encuentran ella ha sido víctima de un terrible crimen, pero pronto descubren que tuvo más suerte de la que se pensaban.

El epílogo nos muestra a Mary durante el juicio de su raptor y vemos cómo ha cambiado su vida. ¿Conseguirá por fin dejar la psiquiatra, o una vez psiquiatra, siempre psiquiatra?

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#GRATIS. Capítulo 2 de Una vez psiquiatra… Los inicios. Y oferta

Hola a todos:

Lo prometido es deuda, así que aquí os traigo el capítulo 2 de la precuela de Una vez psiquiatra… Una vez psiquiatra… Los inicios

Una vez psiquiatra. Los inicios. Olga Núñez Miret. Portada de Ernesto Valdés
Una vez psiquiatra. Los inicios. Olga Núñez Miret. Portada de Ernesto Valdés

2.     El bufete

—¡Mary! ¡Ya estás aquí!

Phil la abrazó y le dio palmaditas en la espalda. Tenía buen aspecto. Vestido de forma casual, bueno, casual para Phil, con unos pantalones chinos planchados con raya, zapatos italianos de piel negros, una camiseta tipo polo, y el pelo perfectamente peinado y con un corte muy pulido, y con una enorme sonrisa en los labios.  Sin lugar a duda tenía algo planeado.

—Pareces la personificación de un anglosajón blanco y protestante en su día libre— dijo Mary.

Él se rio.

—Bueno, bueno, tampoco hace falta exagerar. Llevo pantalones largos. I no llevo tweed ni ropa de jugar al golf. Y en mi corazón de corazones soy un chico de pueblo.

—Si tú lo dices…

Él agarró a Mary del hombro y cogiendo la maleta que ella había dejado en el suelo, la guio hacia adentro.

—Entra, entra, echa un vistazo. Puedes dejar tus cosas en tu habitación, aquí —dijo señalando una puerta — y luego desayunamos.

—Yo ya tomé algo en el tren.

—¡Pero yo no!

Mary le echó un vistazo rápido al apartamento de Phil  mientras él ponía la mesa. Techos altos, ventanales enormes y un aire de discreta elegancia. Un poco anticuado, pero sin llegar a ser pretencioso.

—¿Qué te parece?

—Es un hermoso edificio en una calle muy tranquila, especialmente considerando que está en Manhattan.

—El alquiler es caro, pero lo prefiero a uno de esos apartamentos modernos sin personalidad ni encanto.

Comieron las tostadas en silencio. Finalmente, Mary preguntó:

—Pero, ¿qué te parece el bufete? Sé que tenías tus dudas. Creías que sería bueno para tu carrera pero no te convencía mucho su sentido de la ética.

—Y sigue sin convencerme, aunque me callo mi opinión. No preguntes, y así no sabrás nada que no debas, si sabes a qué me refiero. Pero trabajan allí algunos de los mejores abogados de la ciudad, e incluso del país, y ya he aprendido mucho. Y estoy seguro de que me queda mucho más por aprender aún.

—¿Estás pensando en llevar a cabo una revolución desde dentro? —preguntó Mary.

Phil no levantó la mirada del plato, y siguió jugando con la mermelada y la mantequilla, haciendo dibujos con el cuchillo.

—No tengo un plan de ataque preparado. Hasta ahora no les he visto hacer nada demasiado cuestionable, aunque sí, prefieren dedicarse a casos que atraen mucho la atención pública y que tienen muchas posibilidades de aparecer en los periódicos y la tele. Pero, no hay nada malo en obtener publicidad gratis.

Mary posó su mano derecha sobre la de él y consiguió que dejara de jugar con la comida y la mirara.

—¿Eh?

—No me digas que estás pensando en pasarte al lado oscuro.

Él se rio, aunque su risa sonó forzada y poco sincera.

—No hace falta que nos pongamos melodramáticos. Creo que la Fuerza sigue conmigo. Se han comprometido a encargarse de un porcentaje de casos gratuitos, y yo me he presentado voluntario. A veces uno tiene que aceptar un compromiso. Incluso el diablo puede ser un buen aliado si la causa lo merece.

—Ten cuidado. Me preocupa tu alma.

Cuando él abría la boca para contestar, sonó su móvil. Mary no tenía uno y  no lo quería. La idea de que alguien pudiera ponerse en contacto con ella en cualquier sitio y situación la ponía nerviosa. Odiaba estar de guardia, porque nunca podía sentirse uno completamente tranquilo y en paz y te podían llamar en el momento menos pensado, y a ella le daba la impresión que llevar uno de esos cachivaches equivalía a estar siempre de guardia. Pero a Phil le encantaban sus artilugios, como a la mayoría de los hombres a los que conocía. Ella también sospechaba que podía ser cosa de status. Aunque, pensándolo bien, probablemente lo requería el bufete.

—Sí. Por supuesto que estoy interesado en estar ahí cuando hablemos con el cliente—. Phil puso la mano en lo que Mary dedujo debía ser el micrófono e hizo un gesto con la cabeza señalando el teléfono. —Es sobre el caso del que te estaba hablando. El del escritor —susurró.

Mary asintió. Hasta aquel momento solo sabía que el caso tenía algo que ver con un escritor pero nada más. Phil estaba bordando lo de crear suspense.

—Sí. Seguro. Estaré ahí, Sr. Wright. Oh, mi amiga… sí, la psiquiatra —. Phil se quedó escuchando —Sí, por supuesto que le preguntaré. No creo que vaya a suponer ningún problema, si está seguro de que el cliente estará de acuerdo—. Él escuchó de nuevo y se rio. —Nos vemos en media hora. ¡Y gracias!

—¿Era tu jefe?

—Sí. Percy Wright. De los Wright de Virginia. No es que haga mucho en el bufete estos días, solo escoge algún caso que le interesa, de vez en cuando, pero les deja el trabajo duro a los otros abogados y él solo asoma las narices cuando le apetece. Por algún motivo le intriga bastante este caso.

—Supongo que ha dicho que puedo ir. ¿Pero qué dijo que te hizo reír?

—Ah, cuando le dije que yo creía que no te importaría venir, por supuesto si el cliente estaba de acuerdo, él me dijo que el cliente estaría de acuerdo con lo que le dijéramos. Que el susodicho cliente sabía que éramos su mejor oportunidad y que tendría que ganárselo. Y aún tendría que estar agradecido.

—Oh.

—Perdona por asumir que querrías venir…

—Por supuesto. No me lo perdería. Ahora mismo no estoy segura si me interesa más el caso, o tu jefe y el bufete.

—Bueno, el Sr. Wright siempre dice que quizás hayan cualidades intrínsecamente buenas y malas, pero el sistema judicial es un conjunto de reglas completamente arbitrarias y el lado en el que estamos es, en el mejor de los casos un agraciado accidente y en el peor de los casos mala suerte pura. Así que quizás no haya demasiada diferencia.

Mary se preguntó si su amigo creía de verdad lo que le acababa de decir o era una posición puramente filosófica. El Phil que ella conocía siempre había estado muy convencido de saber lo que era correcto y lo que no. Bromas aparte, estaba un poco preocupada.

Salieron del apartamento y cogieron un taxi.

Las oficinas del bufete donde trabajaba Phil (Wright y Asociados, Abogados) tenían vistas al parque. Ocupaban una planta entera en un edificio comercial muy elegante, completamente de vidrio y cubierto en superficies refractantes. El día estaba algo nublado pero Mary se imaginaba que en un día soleado debería destellar y brillar como un diamante.

Mientras estaban en el vestíbulo, esperando el ascensor, Mary dijo:

—¡Qué curioso! Esperaba que alguien como tu jefe tendría las oficinas en un edificio antiguo, lleno de historia y muy tradicional. Pero no. No podría ser un sitio más moderno y neutral si lo hubiera diseñado él así a posta.

—Me da la impresión de que quiere asegurarse de que todo es impersonal y fácil de sustituir. Aparte de él mismo, por supuesto. Y lo mismo se puede decir del nombre del bufete.

—¿No cuestionan los asociados el hecho de que sus nombres no aparezcan encima de la puerta, por así decirlo? —preguntó Mary.

Phil se volvió hacia ella con una media sonrisa.

—Como el Sr. Wright dijo sobre el cliente, no les queda más remedio que estar todos de acuerdo con lo que él dice. Y agradecidos. En mi opinión, todo se reduce a su insistencia en no darle a nadie la menor opción de reclamar algo. Los asociados vienen y van, pero solo hay un Sr. Wright.

Llegaron al piso superior del edificio y salieron del ascensor. Tan pronto como cruzaron las enormes puertas de vidrio, un hombre joven y delgado que había estado paseándose arriba y abajo, corrió hacia ellos.

—Oh, por fin estás aquí, Phil. El Sr. Wright no quería hacer esperar al cliente demasiado tiempo. Ya sabes que le gusta golpear con el hierro en caliente, como dice él.

—Hemos llegado tan pronto como hemos podido. Había mucho tráfico. Esta es mi amiga, Mary. Es psiquiatra. Nos conocimos en la universidad. Éste es Ryan Spencer. Uno de los abogados que trabaja aquí. Y aspirante a asociado.

Ryan llevaba gafas negras de pasta gruesa que le daban el aspecto de un niño empollón, y un traje de bello corte que le quedaba algo holgado. No como si fuera de una talla equivocada, pero como si él se hubiera adelgazado. Aunque no tenía aspecto de estar enfermo, solo ansioso.

—Hay días en que me contentaría con que me dejasen hacer mi trabajo en paz, pero eso no es muy probable. Encantado de conocerte.

Él extendió el brazo e inclinó la cabeza ligeramente mientras le estrechaba la mano. — Y ahora, entremos. El Sr. Wright dijo que no quería presentarte formalmente, Mary, ¿puedo llamarte Mary?, al menos de momento. Quiere que el cliente, el Sr. Fenton, crea que formas parte del equipo. Sin entrar en detalles

Ella asintió. No esperaba involucrarse en el asunto a largo plazo y eso le haría la vida más fácil. No hacía ninguna falta complicar exageradamente las cosas. Y también era cierto que la forma en que la gente reaccionaba cuando se enteraban de que ella era psiquiatra siempre le había resultado curiosa. Había gente que aprovechaba la oportunidad para intentar conseguir una consulta improvisada, en vivo y en directo. Otros se batían en retirada, como si les diera miedo que pudiese descubrir sus pensamientos y secretos más íntimos con solo mirarlos. Pero Mary no tenía súper-poderes, y aunque a veces tenía sus sospechas y podía conjeturar sobre lo que la gente estaba pensando, especialmente gente a la que conocía, a menos que la persona hablase con ella, era una misión casi imposible. También había gente que se lo tomaba como si fuese una broma o una graciosa anécdota, y le preguntaba si los iba a ‘analizar’. Aunque ella jamás había sido experta en psicoanálisis. Y el concepto, al menos como terapia, no le entusiasmaba demasiado.

Los tres entraron en lo que parecía ser una sala de reuniones, intentando pasar tan desapercibidos como fuera posible. Había una mujer de mediana edad, que llevaba un traje azul y estaba sentada con un laptop delante, en el rincón más alejado de la puerta. Había una chica joven y atractiva, rubia, con ojos de color de miel, con un vestido a topos, que estaba sentada cerca de la puerta. Tenía una libreta de notas pequeña y un bolígrafo y parecía estar preparada para no perderse ni una palabra. Al lado de ella estaba sentado un hombre, mayor que Phil y Ryan, probablemente cuarenta y pocos años, vestido impecablemente con un traje azul, que llevaba su pelo gris algo más largo de lo que parecía la norma en el mundo de los negocios. Quizás tenía una vena rebelde. Sentado ocupando la posición central de la mesa oval, estaba el Sr. Wright. Aunque Mary no lo conocía de antes, una vez vio al hombre que estaba sentado allí no le quedó la menor duda de quién era.

El aspecto del Sr. Percy Wright era bastante original. Vestía como si se encontrara en la casa de campo que con toda seguridad debía tener, de tweed, con una chaqueta que llevaba coderas marrones, y su cara, con mandíbula protuberante y nariz rota, parecía más apropiada para un boxeador que para un abogado de élite. Cuando se fijó en los detalles, se dio cuenta de que sus ojos verdes eran inquisitivos y denotaban autoridad, y las manos habían pasado por la manicura. Mary no estaba segura de si el hombre era un verdadero puzle o si había estudiado a fondo la manera de confundir a todos: a sus oponentes y a sus colaboradores. El jefe de Phil se giró hacia la puerta cuando ellos entraron y asintió brevemente. Phil le hizo un gesto a Mary, con la mano detrás de la espalda, para que lo siguiera.

Cuando se sentaron, en el mismo lado que el Sr. Wright, Mary por fin consiguió ver al ‘cliente’. Era más joven de lo que se había imaginado, treinta y tantos años, y era el único vestido de forma casual, con tejanos y una camiseta negra, que ella se preguntó si quizás fuera su uniforme, como había leído que hacía mucha gente exitosa (siempre llevaban el mismo tipo de ropa para ser más productivos y evitar perder el tiempo teniendo que tomar decisiones poco importantes). Tenía los ojos pequeños, tanto que Mary no los veía los suficientemente bien como para saber de qué color eran. Nada espectaculares. Estaba delgado, pero sus manos parecían las de un esqueleto, y ella confiaba en no tener que darle la mano. Le escalofriaba la idea de que iba a notarle los huesos.

—¿Estamos todos aquí, entonces? —preguntó el Sr. Wright. Todos asintieron. Miró alrededor de la mesa, para asegurarse de que todo el mundo le estaba prestando atención, y le hizo un gesto con la cabeza a su secretaria —Bien. Entonces, podemos empezar. Para los que no lo conozcáis aún, éste es Oliver Fenton, el famoso autor. Steve, danos los detalles del caso.

Steve, el hombre de edad indefinible, empezó a hablar:

—Al Sr. Fenton lo acusan de asalto agravado, aunque podría convertirse en intento de asesinato, según lo que decida el fiscal del distrito y cómo vayan las cosas, contra la persona de un tal Miles Green. El Sr. Fenton describe lo que equivale a un serio acoso por parte del Sr. Green, quien llevaba meses incordiando a su agente, y luego personalmente a él, enviándole cartas, llamándole por teléfono, presentándose en persona, y en general haciéndose de lo más pesado. El día del incidente, viernes 23 de abril, cuando el Sr. Fenton iba a salir de su edificio de apartamentos en la Quinta Avenida, el Sr. Green salió de repente de detrás de mostrador de recepción y atacó al Sr. Fenton, amenazándole e intentando estrangularlo. El Sr. Fenton consiguió zafarse de su atacante y lo tiró al suelo. Como se resistía e intentó atacarle de nuevo, el Sr. Fenton le golpeó en la cabeza con una lámpara metálica pesada. Parece que muy poco después una pareja que también vive en el mismo edificio llegó, y ellos detuvieron al Sr. Fenton y llamaron a la ambulancia y a la policía. El Sr. Green ya estaba inconsciente. No se ha recuperado desde entonces y sigue en el hospital en cuidados intensivos.

De eso hacía unas seis semanas.

—¿Qué has querido decir con lo de que ‘detuvieron’ al Sr. Fenton? —preguntó Phil.

—Él aún le seguía golpeando con la lámpara cuando entraron los vecinos.

—¿Tenemos fotos de la víctima? —Phil volvió a preguntar.

Steve cruzó una mirada con el Sr. Wright, quien asintió, y Steve le pasó una carpeta a Phil. Él miró el contenido durante unos segundos y entonces se la pasó a Mary. A ella no le pareció correcto mirarlas, pero se dio cuenta de que le parecería extraño al cliente, y le echó un vistazo rápido a las fotos. Dudaba que hubiera sido capaz de reconocer al Sr. Green basándose en aquellas fotos. Su cara estaba tan hinchada y amoratada que era difícil distinguir las rendijas de los ojos. El tabique nasal estaba aplastado, y parecía que los dos pómulos estaban fracturados. La siguiente foto mostraba un agujero de bordes irregulares en el cogote, a pocos centímetros de la nuca. El impacto había sido tan duro que el cráneo se había fracturado.

Le pasó la carpeta a Ryan que sacudió la cabeza, indicando que ya había visto el contenido, y se levantó, devolviéndosela a Steve.

—¿Hemos sabido algo de los médicos del Sr. Green? —preguntó el Sr. Wright.

Steve se aclaró la garganta y dijo:

—No tienen la menor idea de si sobrevivirá. Confiaban en que con esteroides la hinchazón del cerebro disminuiría y las cosas mejorarían, pero hasta ahora no ha sido así. Su familia ha pedido que le hagan más pruebas. Parecen estar decididos a desconectar el interruptor si no encuentran evidencia de actividad cerebral.

Mary estaba a punto de decir algo, pero Phil la agarró del brazo con fuerza y ella se quedó callada. Él preguntó:

—¿De qué familia estamos hablando?

Steve suspiró.

—Estaba, quiero decir está, casado y tienen mellizos, un niño y una niña, de 18 meses. Estaban separados y llevaban seis meses sin vivir juntos cuando ocurrió el incidente.

—Me echa culpa de su separación. La víctima, quiero decir—. Oliver Fenton acababa de hablar. Aunque habló bajo, había acero en su voz y sus palabras resonaron por toda la habitación. Sin evidencia ni de remordimientos ni de tristeza.

Todos estaban mirando al cliente. En lugar de intimidarse por tener todos los ojos encima, a Mary le dio la sensación de que se hinchaba y se estiraba, como si disfrutase de ser el centro de atención.

—Sí, me seguía a todas partes, me escribía, me llamaba por teléfono, se presentaba en mis eventos públicos, insistiendo en que yo se lo había quitado todo y era un criminal.

—¿Cómo? —preguntó Phil—. ¿Le conocía de algo? ¿Tuvo usted una aventura con su esposa? ¿Fue ese el motivo de la separación.

Fenton negó con la cabeza. Mary se dio cuenta de que se le estaba poniendo rojo el cuello.

—Jamás he conocido a su mujer. O a él antes de que empezara todo eso. Está loco. ¿Quién sabe por qué hace las cosas alguien tan loco como él?

—Incluso cuando las personas están ‘locas’, normalmente hacen las cosas por algún motivo, aunque quizás el motivo solo encaje en su versión delirante del mundo. ¿Tiene alguna idea de qué creía qué usted había hecho para destruir su vida? —preguntó Mary, haciendo caso omiso de la patadita que le había dado Phil por debajo de la mesa.

—Él insiste en que he escrito sobre él en mi libro. Le dijo a todo el mundo que él era la persona en la que yo había basado mi personaje principal, David Collins, e insistía en que debido a eso la gente lo acosaba. Parece ser que el tipo que había abusado de él había ido a verlo, convencido de que él había vendido la historia, y había amenazado a su familia, y Green había sido víctima de toda clase de humillaciones.

—¿Es cierto? —preguntó Phil, mirándome intensamente antes de girarse hacia el cliente.

—¡No, por supuesto que no! Sí, es cierto que he basado el libro en una persona a la que conozco, pero jamás había conocido a ese tal Miles Green antes. I he cambiado los detalles de la historia. Nadie sería capaz de reconocer al individuo en cuestión tan solo leyendo la novela. Me aseguré muy bien de eso.

El Sr. Wright se aclaró la garganta, ruidosamente. Por lo visto le había llegado el turno de hablar. Se inclinó hacia adelante y miró fijamente al cliente. El rostro de Fenton palideció, pero le devolvió la mirada.

—Así que, Sr. Fenton… Nos está diciendo que el Sr. Green se estaba poniendo muy pesado y le seguía a todas partes, acusándole de todo tipo de cosas y amenazándole. ¿No pensó en ir a la policía?

—¡Por supuesto que sí! Pueden preguntarle a mi agente, Mike Spinner. Les llamé e incluso fui a la comisaría a hacer una declaración. Ellos accedieron a amonestarlo pero dijeron que a menos que intentase hacer algo violento, no había mucho más que pudiesen hacer. Me dijeron que quizás lo más sencillo fuese que revelase quién era la persona detrás del personaje de mi novela. Así me dejaría en paz de una vez y se iría a darle la lata a otro. ¿Se lo pueden creer? ¡Revelar mis fuentes! —Dos marcas rojas habían aparecido en sus mejillas y se estaban extendiendo y sus ojos parecían a punto de salir disparados de la furia. Mary se dio cuenta entonces de que eran grises.

—Bueno, al fin y al cabo no es usted periodista… —dijo Ryan.

Fenton saltó de un bote de la silla, pero el Sr. Wright levantó la mano y le hizo un gesto consiguiendo que se volviese a sentar.

—No se excite, Sr. Fenton. Supongo que lo que el Sr. Spencer, nuestro joven amigo, quería decir era que la confidencialidad no es para usted una obligación profesional. Aunque naturalmente entiendo perfectamente que quiera proteger sus fuentes. Pero, me preguntaba si podría ayudarnos y explicarnos un poco los antecedentes del caso, ya que sospecho que no todos los presentes se habrán leído su historia, por popular que sea. Solemos tener las cabezas metidas en otros tipos de libros y papeles, así que tendrá que perdonarnos por nuestra ignorancia. Si pudiera ser tan amable y contarnos de qué va su novela, cuándo fue publicada, etc. No necesitamos demasiados detalles, solo lo justo para ayudarnos a entender las circunstancias en que se desarrolló todo el asunto.

Fenton siguió mirando a Ryan de lado mientras hablaba.

—Mi novela, La noche más oscura, es la historia de David Collins, un hombre que crece en una familia católica, y del que abusan sexualmente, primero un cura en la escuela religiosa donde estudia, y luego un vecino, que es amigo de su padre. Cuando se lo cuenta a su familia, no le creen, y acaban echándole de casa con solo quince años. Su vida es muy difícil. Vive en las calles por un tiempo, y sobrevive como puede hasta que lo empujan, literalmente, dentro de una oficina de reclutamiento del ejército y decide que debe ser el destino y se alista. Y su vida da un giro de 360 grados. Lucha por su país y se convierte en un ciudadano modelo.

—Ya veo. Y usted dice que está basado en una historia real— añadió el Sr. Wright, abriendo la carpeta y comprobando algo.

—Sí—. El escritor tenía los ojos pegados a la carpeta.

—Ahora mismo no le vamos a pedir que nos dé el nombre de esa persona, aunque quiero dejarle perfectamente claro que puede llegar a ser necesario que lo sepamos, más adelante, y que también estamos obligados, por nuestro código profesional, a mantener el secreto, así que no hace falta que se preocupe si llega ese momento. Mientras tanto, si pudiera decirnos cómo se tropezó con esa historia, a menos que el protagonista sea alguien a quien conozca de siempre…

—No, no. Nada de eso. De hecho, es muy simple. Hice de voluntario, hace años, y formaba parte del personal de una línea telefónica  que ayuda y aconseja a gente que piense en suicidarse, o que tenga problemas de salud mental en general. Un hombre joven me llamó y me contó su historia. Fue unos días antes de que se alistara y había tocado fondo. Charlamos un rato y accedió a volverme a llamar al cabo de unos días. Cuando me llamó de nuevo se había alistado y estaba a punto de ir al campo de entrenamiento. Me siguió llamando cuando pudo e incluso me llamó cuando lo enviaron a Iraq. Cuando volvió quedamos en vernos, y para entonces yo había decidido que su historia merecía ser contada, aunque fuera en forma novelada. Cuando se lo sugería él accedió, a condición de que él lo leería antes y yo cambiaría los detalles para proteger su privacidad y ocultar su identidad. Y eso fue lo que hicimos.

Solo levantó los ojos para mirar al Sr. Wright cuando acabó de hablar. A Mary le sonó a ensayado, pero era probable que le hubieran preguntado lo mismo muchas veces.

El Sr. Wright miró a su alrededor, como si estuviese esperando más preguntas. Phil no se lo pensó dos veces:

—¿Siguen en contacto?

—¿Quiere decir con el David original? Una vez la novela fue publicada y empezó a atraer tanta atención decidimos que sería mejor no ponernos en contacto, para evitar que alguien pudieran conectarle con el libro.

—Me sorprende que no se presentara voluntariamente cuando se enteró de que estaba usted en dificultades —dijo Ryan.

A juzgar por la mirada fulminante que le lanzó, Ryan no iba a recibir una postal de navidad del escritor.

—No resulta tan sencillo que se entere de las noticias.

A Mary le sorprendió que nadie le preguntara por qué. O la información ya se sabía, o todos asumieron que algún otro iba a preguntarlo y el momento oportuno había pasado. Ryan estaba sentado al borde de su asiento, pero incluso él debió pensar que ya se había ganado la suficiente hostilidad del cliente por un día y lo dejó correr.

—Si no les importa, tengo una cita con mi agente a la hora de comer. Habíamos organizado un tour de presentaciones y firmas de libros y con todo esto tendremos que cambiar las fechas.

—Sí, por supuesto. Maggie, mi secretaria, le dará unas cuantas citas, empezando el lunes por la mañana. Tenemos que discutir mucha información. Y usted aún no ha conocido al Sr. Mayfield. Aunque es uno de los asociados más jóvenes del bufete, tiene mucha experiencia en este tipo de casos.

Mary miró a Phil que asintió ligeramente con la cabeza, indicándole que hablarían sobre ello en otro momento.

El autor se levantó y se inclinó levemente. La mujer que había estado tecleando en la esquina le acompañó fuera de la sala de reuniones. Una vez se hubo cerrado la puerta detrás de ellos, el Sr. Wright se aclaró la garganta.

—Phil, ¿podrías presentarnos a todos a tu amiga, por favor?

Phil se sonrojó y se puso en pie. Mary no pudo evitar pensar en el director regañando a un niño.

—Ésta es la doctora Mary Miller. Es psiquiatra. También es escritora, aunque de momento aún no ha publicado nada.

Todo el mundo saludó con la cabeza. Phil entonces le presentó a todos. Steve Burman le sonrió amablemente. La chica joven, Tania —no mencionó su apellido al presentarla—, estaba allí en prácticas de la universidad.

—Mi padre trabaja en el departamento de contabilidad y pensó que sería un proyecto interesante. Y el Sr. Wright accedió con mucha amabilidad.

—Y Maggie, mi secretaria, que acaba de salir con el Sr. Fenton. Así que ¿primeras impresiones?

—Es una buena historia—dijo Steve.

—¿De veras te lo parece? —preguntó Ryan—. Hay muchos agujeros en ella.

—Casi tan grandes como el del cráneo de la víctima —añadió Phil—. No sé cómo de grande o pesada era esa lámpara, pero para conseguir hacerle un agujero de ese tamaño, tiene que haberle golpeado con algo muy pesado y muchas veces. Y una vez el asaltante estaba inconsciente, ¿por qué seguir golpeándole?

—Quizás convendría echarle un vistazo a su salud mental. Es posible que el acoso lo llegara a estresar tanto que perdió el control —dijo Steve.

—¿Podríamos convencerla, querida doctora, de que nos asesorara en este asunto? Podría hacer una evaluación del estado mental del Sr. Fenton y decidir si hace falta que hagamos algo más. Me refiero a pruebas, técnicas de imagen, o algún otro experto al que pudiéramos consultar que nos pueda servir de ayuda cuando montemos la defensa —dijo el Sr. Wright, mirando intensamente a Mary.

—No me dio la impresión de que estuviera demasiado perturbado, pero las circunstancias actuales no son las mejores para juzgar. Siempre que pueda hacerlo durante mi visita, me encantaría poder ayudar.

El Sr. Wright le sonrió a Mary y se levantó, saludando a todos con la cabeza y dando por finalizada, oficialmente, la reunión.

Para celebrar que la publicación de la precuela está al caer, y también para celebrar el nuevo año, Una vez psiquiatra… está en promoción especial, a solo $0.99. Aquí os dejo los detalles.
Una vez psiquiatra... de Olga Núñez Miret Portada de Ernesto Valdés                                                             Una vez psiquiatra…  Portada de Ernesto Valdés

Una vez psiquiatra…

‘Una vez psiquiatra…’ es una colección de tres historias protagonizadas por Mary, una psiquiatra y escritora. Ella está empeñada en dedicarse totalmente a su carrera literaria pero las circunstancias y sus amigos parecen conspirar para arrastrarla de nuevo al mundo de la psiquiatría.

En ‘Carne de cañón’ Mary tiene que examinar a Cain un joven Afro-Americano acusado de  incitar un motín religioso cuando declaró que oía la voz de Dios y que Dios era negro. Puede que no esté loco, pero Mary está segura de que esconde algo.

En ‘Trabajo en equipo’ Mary se ve forzada a ofrecerle terapia a Justin, un policía que se siente culpable cuando su compañero, que era también como un padre para él, es asesinado durante una investigación rutinaria. Antes de que Mary consiga desenmarañarse del caso, el caso se vuelve muy personal.

En ‘Memoria’ Mary desparece después de un incidente con Phil, que está maníaco ya que no se ha tomado la medicación. Cuando la encuentran ella ha sido víctima de un terrible crimen, pero pronto descubren que tuvo más suerte de la que se pensaban.

El epílogo nos muestra a Mary durante el juicio de su raptor y vemos cómo ha cambiado su vida. ¿Conseguirá por fin dejar la psiquiatra, o una vez psiquiatra, siempre psiquiatra?

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GRATIS Muestra de escritura

#GRATIS precuela de Una vez psiquiatra… y nueva portada.

Hola a todos:

Como os había prometido, voy a compartir la precuela de Una vez psiquiatra… mi colección de tres historias protagonizadas por Mary Miller, una psiquiatra y escritora, que he incluído dentro de la categoría del thriller psicológico, aunque las historias son bastante diferentes.

En la precuela descubrimos cómo Mary Miller se vio mezclada en el tipo de casos que luego forman una buena parte de su vida. El caso es el de un escritor que se ve obligado a defenderse de un fan/chiflado,  que lo acosa… ¿O no?

Ah, y Ernesto Valdés ha creado una portada espectacular. Así que, sin más bla, bla…

Una vez psiquiatra. Los inicios. Olga Núñez Miret. Portada de Ernesto Valdés
Una vez psiquiatra. Los inicios. Olga Núñez Miret. Portada de Ernesto Valdés

Y aquí está el primer capítulo (es un borrador…)

1.     La crisis

—¡Fue terrible! Te lo digo de verdad, Phil. ¡Una vergüenza! ¡El pobre tío estaba abriéndome su corazón y su alma, y yo ni siquiera le estaba escuchando! ¿Qué tipo de psiquiatra soy yo? ¿Dónde está mi empatía? Una de las profesiones que se cuida de los demás. ¡Ja! ¡Ni siquiera nos importa lo que nos dicen!

—Vamos, Mary. No te lo tomes así. Era de madrugada y llevabas trabajando todo el día —. Phil aprovechó que Mary había tenido que pararse a recobrar el aliento e intentó ofrecerle su punto de vista. No era abogado y la voz del raciocinio por nada. Su amiga Mary, normalmente tranquila y con la cabeza en su sitio, estaba descontrolada. Sí, era cierto que tenía un trabajo estresante, ya que trabajaba de psiquiatra internista residente en un hospital grande. Pero llevaba tiempo en formación y normalmente no se tomaba las cosas tan a la tremenda.

—Eso no es culpa suya. Joder, el tío estaba hablando de su vida, contándome que su novia le había dejado, que se estaba planteando suicidarse y yo… estaba en babia. No tengo la menor idea de lo que me dijo.

—No pasó nada. Le diste un buen consejo y evidentemente debiste oír más que suficiente. Probablemente solo desconectaste unos segundos. Y le proporcionaste lo que necesitaba.

—¿Cómo? Quería alguien que le escuchara. ¡Y yo no le estaba escuchando!

Phil se dio cuenta de que dijera lo que dijera lo más probable era que solo iba a conseguir empeorar las cosas, y decidió dejar que Mary se desahogara. Se le agotarían las pilas dentro de poco. Con un poco de suerte.

Ella dejó de hablar después de unos cuantos minutos más de lamentarse de su falta de empatía. Phil decidió que podía arriesgarse a intervenir de nuevo.

—¿Por qué no…?

—Es un timo, —ella le interrumpió. — ¿Te acuerdas de aquella película que se llamaba House of Games (Casa de juegos)?

—¿La que iba de una psiquiatra y unos timadores? ¿De David Mamet, no?

—Sí, justamente esa. Me estoy planteando que tenía razón. Montamos una escenita, una actuación y mientras seamos buenos actores, profesionales, tengamos el atrezo y sepamos usar la jerga apropiada,  colará.

—Si lo miras así, supongo que todas las profesiones son un timo— dijo Phil.

—Quizás. Pero la mayoría no van por ahí moralizando y diciéndole a los demás lo que tienen que hacer.

Phil estaba a punto de contradecir a Mary, pero se dio cuenta de que ella se estaba calmando y sería mejor probar una táctica diferente.

—Te deben tocar vacaciones dentro de poco, Mary. ¿Por qué no vienes a visitarme y pasar algo de tiempo conmigo? Podrías acompañarme al trabajo. Así podrías distanciarte un poco y comprobar cómo se ven las cosas desde dentro de otra organización.

—¿No se opondrán los de tu bufete de abogados? ¿Confidencialidad y todo eso?

—Yo respondo por ti. Y estoy seguro de que podría convencerlos de que tenerte de ‘asesora’ con nosotros nos podría ser muy útil. Para darnos una perspectiva distinta. Especialmente si no les cobras por el servicio.

—Me estoy empezando a preguntar si no tendrás un caso para el que quieras mi opinión, y mi llamada ha resultado ser la excusa perfecta— dijo Mary, en un tono de voz más animado.

—Tienes una mente que sospecha de todo, querida Mary.

—Cuando eso me lo dice un abogado, es para preocuparse.

Phil estaba acostumbrado a que la gente hiciera chistes y dijera cosas nada agradables sobre los abogados. Él trabajaba en algunos casos gratuitamente, pero no se hacía grandes ilusiones ni creía que fuera a cambiar la sociedad ejerciendo su profesión. Pero aun así le resultaba interesante.

—Así que, ¿qué me dices? ¿Te vienes a pasar unos días conmigo?

Mary se quedó callada unos segundos. Finalmente dijo:

—¿No vendré a estorbar?

—¿A estorbar? ¿Qué quieres decir?

—Estás soltero, bueno, divorciado, y eres un tío. ¿No hay ninguna mujer en tu vida ahora mismo?

—Ya sabes que aún me estoy recobrando de mi divorcio—. Phil intentó sonar tan sincero como le fue posible. El detector de chorradas de Mary era ultra-sensitivo.

—¡Ja! ¡Eso tiene gracia! Nunca te he visto llorar, ni siquiera estar triste por culpa de tu fallido matrimonio. Nunca llegué a entender por qué te casaste con Iris.

—Hombre… Estaba buena.

—Ya, vale, pero aparte de eso… No estaba a tu nivel intelectual, Phil. Y la enviaste a casa de tu madre tan pronto como volviste a estudiar a la facultad de derecho. Yo diría que la cantidad de veces que la viste en los tres meses que duró vuestro matrimonio se pueden contar con los dedos de una mano, y no exagero. Estoy segura de que me viste a mí más a menudo de lo que la viste a ella.

—Quizás si hubieras jugado bien tus cartas, tu podrías haberte convertido en mi esposa en lugar de ella—. Phil no sabía de dónde había salido eso. Esperaba que Mary se lo tomara en broma. Porque era eso lo que era, ¿no?

—Echarías a correr si pensaras que yo estaba interesada en tener una relación contigo.

Phil se echó a reír.

—Y no pararía hasta que estuviera bien lejos. No me entiendas mal. Te quiero mucho, pero creo que nos volveríamos locos mutuamente si fuéramos pareja. Nos conocemos el uno al otro demasiado bien.

Phil se dio cuenta de que estaba completamente convencido de lo que acababa de decir, aunque nunca se lo había planteado conscientemente hasta entonces. ¿Era capaz de ser completamente abierto y honesto en una relación? Quizás ese había sido el problema desde siempre. No dejaba que nadie se le acercase lo suficientemente, al menos no la gente con la que acababa entablando una relación sentimental.

—Así que tú crees que guardar secretos y no contárselo todo a tu pareja es la receta para una relación exitosa. Basándome en eso, no me extraña que sigas solo. Y sí, no hace falta que me recuerdes que yo también estoy sola. Las relaciones no son mi prioridad en este momento. El intentar averiguar lo que quiero hacer con mi vida sí que lo es. No necesito complicaciones añadidas. Y por supuesto, sospecho que muchos hombres no me encontrarían lo suficientemente atractiva y sexy como para ser la candidata ideal para una relación.

—Tú ya te descalificas antes de intentarlo siquiera, querida Mary. Pero estoy seguro de que podemos seguir hablando de ello cuando estés aquí. ¿Cuándo será?

—Tendré que hablar con mis jefes, con los de personal y con los otros médicos, pero no hay vacaciones escolares a la vista ni nada de eso, así que puede que tengamos suerte. Hablaré mañana con todo el mundo, si puedo, y te diré algo.

—Muy bien. Espero que sea pronto.

—¿Por qué? — ella sonó recelosa.

—Porque el bufete acaba de aceptar la defensa de un escritor, y sé cuánto te gusta leer y escribir.

—Ah, ya veo. Sí, tienes razón. Y quizás si empiezo a escribir otra vez eso también ayude. ¿De qué va el caso?

—Probablemente te enterarás dentro de poco, pero no te puedo dar información confidencial hasta que sepa que el bufete está de acuerdo en que colabores, y sepa que vas a venir seguro. Si no resultaría muy descuidado, por no decir nada ético, de mi parte.

—Por supuesto. Entonces, hablamos mañana.

—Hasta mañana.

—¿Phil?

—¿Qué?

—Has hecho un buen trabajo.

—¿A qué te refieres?

—Primero a lo bien que has soportado mis quejas, pero más que eso, a lo bien que has echado el anzuelo. Has conseguido que me intrigue el caso.

Él alzó el puño en celebración. “¡Sí!” pensó.

—Solo algo que se me ocurrió de repente mientras hablábamos.

—Sí, por supuesto… Buenas noches.

—Buenas noches.

Mary volvió a llamar a Phil al día siguiente y confirmó que iría a pasar un par de semanas con él.

—Llegaré el sábado por la mañana, si te va bien. Pero, en serio, dímelo si voy a estar estorbando. Siempre puedo reservar una habitación. En un hotel o algo así.

—No, no, eso no hará falta. Puedes quedarte aquí conmigo. Ah, y he hablado con mi jefe de forma no oficial, y le interesa mucho tu perspectiva y opinión sobre el caso, tanto desde el punto de vista psiquiátrico como de otro del mundillo.

—¿Del mundillo?

—Le dije al Sr. Wright que también eres escritora. Estaba tan interesado que incluso ofreció uno de los apartamentos de la empresa para que te quedaras allí mientras estés en Nueva York. Tienen varios para clientes importantes que vienen de fuera de la ciudad y para abogados recién llegados. Le dije que ya lo habíamos organizado todo, pero hablaba en serio.

—¿Y por qué está interesado en mi opinión psiquiátrica?

—Ya hablaremos de eso cuando estés aquí. Te estaré esperando con impaciencia el sábado por la mañana.

 

Gracias a todos por leer, a Ernesto Valdés, por la portada tan estupenda, y ya sabéis, dadle al me gusta, comentad, compartid y si queréis hacer clic, os dejo enlace a Una vez psiquiatra… que para celebrar está disponible a solo $0.99

Una vez psiquiatra...
Una vez psiquiatra…

Una vez psiquiatra… Y si váis a la página de Libros encontraréis muchos otros enlaces al libro en otros sitios (y en papel también).

 

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'I Love Your Cupcakes' (Me encantan tus cupcakes) Mi nueva novela romántica y muy dulce está al caer. Y aquí os dejo el principio

Hola a todos:

No sé si recordaréis que hace unos meses pedí consejo en el blog sobre una novela romántica que estaba planeando, pidiendo sugerencias sobre títulos, nombres, recetas… Vamos, de todo. Y hace unas semanas como parte de un blog hop sobre los personajes de las  novelas que estábamos escribiendo mencioné a los principales protagonistas de la mía.  Pues bueno I Love Your Cupcakes (Me encantan tus cupcakes) está acabada en borrador, y ando corrigiéndola, poniéndola guapa, y haciendo todas esas cosas que se hacen antes de lanzar nuestras creaciones al mundo.

Pero como hace tiempo que vengo hablando de ella, me pareció que podría compartir al menos el principio con vosotros, para que no os quejéis de que no os tengo al tanto. Y la probable portada.

I Love Your Cupcakes (Me encantan tus cupcakes) de Olga Núñez Miret. Portada de Lourdes Vidal
I Love Your Cupcakes (Me encantan tus cupcakes) de Olga Núñez Miret. Portada de Lourdes Vidal

Prólogo. Ahora

 

—¡Cámara, acción!

Dulcinea (Dulce para sus amigos) se quedó paralizada. Veía hablar al productor pero su mente iba a mil por hora y no procesaba nada. “¡Dios mío! ¿Cómo me he metido en este lío? ¿Por qué me he dejado convencer?” se preguntó. El codazo de Adelfa la despertó:

—¡Vamos! ¡Solo tenemos 45 minutos para crear la Madre de todos los Cupcakes.

—Pues si eso es lo que tenemos que hacer, ¡a la carga!

 

Capítulo 1. Inicios (Hace tres años)

A Dulcinea le encantaba su nombre. Siempre le había parecido que le sentaba como un guante. Tanto era así, que si la hubieran llamado de otra manera estaba convencida de que se habría cambiado el nombre a Dulcinea. OK, no era el nombre más típico para una chica norteamericana, pero su madre, Carmen, era española, y siempre había opinado que la dama/amor imaginario de Don Quijote se merecía una segunda oportunidad y un papel más importante que el que le había tocado. También le encantaba el hecho de que el diminutivo era Dulce. Y si había algo que le gustaba a su madre eran las cosas dulces. Carmen era la mejor pastelera amateur de entre las madres de todas sus amigas y dudaba que hubiera muchos profesionales de la repostería y los postres que pudieran competir con ella. Su talento culinario alcanzó tal popularidad que mucha gente le pedía que les diera recetas o les enseñara cómo preparar pasteles hasta el punto que decidió hacer un cursillo de cocina y postres en el instituto local de enseñanza para adultos y siguió con él hasta su fallecimiento. Era de justicia y totalmente apropiado que su hija fuera Dulce.

—¿Qué me dices entonces? Llevas demasiado tiempo luchando contra tu destino. ¿Cuántas carreras y trabajos distintos has probado? —le preguntó Adelfa su mejor amiga, que aunque siempre apoyaba sus ideas, desde luego no se mordía la lengua en cuanto a expresar su opinión —. Déjame contar…

—¿…las maneras? —bromeó Dulce.

—No te pongas Shakesperiana conmigo.

—Es Elizabeth Browning, no Shakespeare.

—¿Ves como llevo razón? Sé que adoras los libros pero…si al menos pudieras hacer algo útil con ello quizás, pero así…Vale, volvamos a lo que estábamos hablando antes de la interrupción literaria. Peluquería…— Adelfa contó uno con los dedos.

Ahora, si esto fuera una película, vendría un montaje de unos cuantos cortes de pelo con poca gracia y nada chic, una permanente quemada hasta el punto de que se cayeran mechones de pelo, aunque el mayor desastre de Dulce siempre fue el tinte y el color. Una paleta de colores naranja brillantes e inesperados, verdes fosforescentes, e incluso efectos tricolor habían salido de sus manos y sellado su salida de la escuela de peluquería por la puerta de atrás.

—Azafata… —Dos.

La película mostraría ahora como a Dulce se le caían las bolsas de equipaje al intentar colocarlas en el compartimento superior, como le aplastaba el pie con el carrito de la comida a un pasajero, le echaba el café por encima a otro, y como se caía sentada encima de varios pasajeros y pasajeras. Nunca se le había dado bien llevar tacones y al final decidió que viajar constantemente tampoco era lo suyo. Por lo menos no le vomitó encima a nadie.

—Horticultura y jardinería ornamental… —Tres.

Esto podría ponerse feo, especialmente si os gustan las flores y las plantas. Nadie podía acusar a Dulce de tener la mano partida para la jardinería. Aparte de composiciones rocosas sin plantas, nada había sobrevivido a sus experimentos como jardinera. Y sus diseños de jardines parecían algo salido de El Bosco. Adelfa solía bromear y decirle que tendría éxito si se especializase en jardines para Goths. Aunque que ella supiera a los Goths no les iba demasiado el aire libre ni los jardines.

—Empresariales… —Cuatro.

De hecho, los estudios le fueron bien. Aunque Dulce prefería la ficción y la literatura no le disgustaban los números y el estudiar en general. Así que la parte teórica no le había ido mal. Una vez llegó el momento de aplicarlo a situaciones de la vida real, ella era demasiado amable y bien educada y no se arriesgaba lo suficiente, no le gustaba la competición salvaje y no era agresiva así que jamás tuvo éxito. Aunque se planteó dedicarse a la enseñanza, los profesores con más carisma eran los que tenían muchas anécdotas personales que contar, especialmente sobres sus éxitos y los fracasos de los demás. Y ella quería hacer algo que requiriera ponerse con las manos en la masa.

—Fotografía… —Cinco.

Dime, ¿no creéis que hoy en día con las cámaras digitales es totalmente imposible hacer una mala foto? Pues bien, si conocierais a Dulce sabrías que estáis equivocados. Mala iluminación, ángulos imposiblemente antiartísticos, partes del cuerpo en lugar del todo. Ni siquiera una top model quedaría bien en sus manos.

—Cuidar de niños…

—Vale, vale. Si estás intentando que me sienta mejor, estás haciendo un trabajo estupendo. Y no le pasó nada malo a ninguno de los bebés. Solo que no estoy hecha para ello. No todo el mundo tiene tanta suerte como tú, Adelfa. Siempre te ha gustado mezclar cosas y analizarlas. Has nacido para ser química y lo has sabido de siempre.

A Adelfa se le había dado bien la química desde muy joven y siempre había impresionado, primero a los maestros y luego a los profesores de universidad, con su talento. Cuando se graduó varias de las más grandes compañías farmacéuticas se la disputaron, aunque ella escogió enseñar en la universidad local y dedicarse a su propia investigación. Pero su éxito profesional no parecía bastarle. Y a pesar de su aspecto (hermoso color café con leche, boca hecha para besarla, curvas en los lugares adecuados y un trasero que hasta Beyoncé estaría orgullosa de lucir) volvía a estar de duelo por otra relación amorosa fallida.

—Sí, pero aún no he encontrado una fórmula que si se la damos a los hombres haga que los idiotas y los perdedores se vuelvan fluorescentes.

Dulce no pudo evitar imaginarse los resultados de tal preparado. ¡Valdría millones!

—Quizás te haría falta estudiar magia en lugar de química para eso. Aunque mi experiencia en el tema es muy limitada diría que la ciencia y los mejores cerebros han fallado miserablemente al intentar encontrar la fórmula para la relación perfecta.

—Probablemente no es culpa de los tíos. Soy yo. Parece que tengo un talento especial echar a perder incluso al mejor tío.

Dulce odiaba ver así a su amiga. Primero porque no tenía razón. Segundo, porque era su amiga y la apoyaría en lo que fuera. Y tercero, porque su último novio, Melvin, no era el mejor tío ni con diferencia. Desde luego los había tenido peores, pero Melvin era uno de esos tipos que se creen que coleccionar mujeres es un hobby de categoría y que cuanto mejores sean las mujeres, más valor tienen para él. Les iba a la zaga, usaba todos los trucos románticos a su alcance, y entonces, una vez las tenía aseguradas, se iba a por otra, a por el siguiente reto, la siguiente joya en la colección.

—Estoy segura de que si quisieras podrías echar a perder a alguien, pero no, no es culpa tuya. Tienes razón; era un idiota y un perdedor. Y vale, también tienes razón sobre mí. Nada de lo que he hecho hasta ahora ha funcionado. Y sí, es cierto, se me da bien la repostería, pero ¿cómo voy a vivir de eso?

El talento repostero de Dulce había sido objeto de muchas conversaciones entre las dos amigas a través de los años, pero últimamente Adelfa le había estado dando la lata a Dulce más de lo habitual con ello.

—¿Por qué no preparamos algún pastel y luego hablamos? Una de las recetas de tu madre. ¿Por qué no aquel pastel que llevaba chocolate, almendras tostadas, huevo, mantequilla, leche, harina y levadura?

—¿Reina de Saba? ¿Pero tendremos todos los ingredientes a mano? —preguntó Dulce.

Adelfa se echó a reír mientras cogía las llaves del coche.

—¡Vamos a comprar! ¡Y necesitaremos unas cuantas cosas más!

—Helado, crema…

—Y también algunos snack salados, para equilibrar la dieta un poco. Al menos el gilipollas me dejó antes de que nos fuéramos a vivir juntos y no tendré que perder el tiempo trasladando trastos. ¡Deprisa! ¡No gastemos ningún tiempo de cocinar!

Una vez de vuelta en su apartamento (de hecho el piso bajo de una casa convertida en un par de apartamentos, con la ventaja de que ellas tenían el patio y un viejo pero aún energético limonero todo para ellas) vaciaron las bolsas de la compra, se pusieron los delantales y se echaron manos a la obra. Adelfa también había comprado una buena reserva de bebidas y se sirvió un vaso de vino tinto y una limonada para Dulce.

—Un día de estos tendremos que conseguir que bebas alcohol. Esta postura anti-alcohólica es demasiado remilgada y aburrida.

—Conoces perfectamente bien mi opinión sobre la bebida, Adelfa. No es nada religioso, ni siquiera moral, aunque no es que pueda decir que me guste lo que le puede hacer a la gente. Es…

—Cuestión de sabor. Ya lo sé, ya lo sé.

—No me importa usarlo para cocinar. De hecho debo admitir que ayuda con algunas recetas. Mucho.

—Ya sabes lo que pienso sobre eso. Como dice el dicho: Me gusta cocinar con vino. ¡A veces hasta lo pongo en la comida!

Dulce se encogió de hombros y las dos se rieron y se dedicaron a cocinar. Las dos amigas pelaron las almendras, mezclaron la mantequilla y el azúcar, trituraron las almendras en trocitos pequeños, separaron las yemas de las claras del huevo, derritieron el chocolate con un poco de leche y añadieron todos los ingredientes (y la harina y la levadura). Vertieron la mezcla en un molde, la metieron en el horno caliente y salieron al patio después de haber lavado los cacharros, a esperar a que el horno obrara su magia. Hacía poco que se habían comprado una silla/columpio doble y las dos se sentaron de un salto, meciéndose hacia atrás y hacia adelante lentamente.

—¿Alguna idea? ¿Cómo podemos convertir mi talento para la repostería en un negocio? Bueno, debería decir “nuestro” talento para la repostería, ya que tú eres la que siempre consigue descubrir la perfecta combinación y la cantidad de ingredientes que asegura que los pasteles o las masas hagan lo que se supone que deben hacer —dijo Dulce.

—De acuerdo, tú eres la Diosa de los Sabores y yo la Reina de la Química y de calcular las cantidades y la temperatura del horno. No estaba pensando en dejar mi trabajo, especialmente la investigación, aunque siempre podría trabajar menos horas, pero podríamos experimentar después de mi trabajo y yo podría dejar preparadas instrucciones precisas para que las puedan seguir otros miembros del personal que nos ayudarían con la repostería —dijo Adelfa.

—¿Personal? ¡Dios mío! Si tú vas a crear una metodología y recetas detalladas, quizás yo podría escribir un libro de cocina. O un libro de repostería y dulces. Siempre son populares y me encantan los libros, aunque nunca he escrito nada largo. Bueno, supongo que escribir un libro de recetas no es lo mismo que escribir otro tipo de libros.

Adelfa se estaba mordiendo el labio inferior, un hábito que tenía desde pequeña y al que volvía cuando se ponía a pensar, especialmente cuando estaba sola.

“Un libro de cocina. No es mala idea, pero como plan de negocios…Por lo que he observado, los libros de ese tipo que se venden bien suelen o haber sido escritos por famosos, por chefs conocidos (por ejemplo porque tienen un programa de televisión), o libros asociados con un restaurante o un local famoso. Creo que tendríamos que tenerlo en cuenta para cuando nuestra pastelería/cafetería se convierta en un éxito. Entonces podemos expandirnos y producir todo tipo de productos de mercado, no solo libros, sino quizás también nuestra propia marca de utensilios de cocina, podríamos asociarnos con algún distribuidor de harina y esencias pasteleras orgánicas y prestarles nuestra marca, delantales, libros de cocina para niños, videos, programas de televisión…

Dulce se sintió como solía cuando le entraba el pánico. Tuvo una sensación vívida de que las pecas le crecían y ocupaban toda su cara, su ojos verdes estaban a punto de salir proyectados de las órbitas y su pelo pelirrojo (o rubio caoba como insistía Adelfa) se ponía de punta. Sorprendentemente, cuando en ocasiones como ésta había conseguido verse en un espejo, solo tenía pinta de asustada y estaba pálida, aunque no acababa de creerse que el espejo no estuviese gastándole una broma. Ella sabía lo que sentía.

—¡Respira Adelfa! ¡Respira! Quizás deberíamos empezar por el principio. ¿Estamos hablando de una pastelería, o una cafetería o…?

—¿Y por qué no una mezcla de las dos?

Sí, ¿y por qué no?

 

Gracias por leer, y si os ha interesado, ya sabéis, dadle al me gusta, comentad y compartid. Y os mantendré informados del lanzamiento oficial. 

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