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Book reviews Rosie's Book Team Review

#Bookreview #RBRT Never Trust a Skinny Cupcake Maker by D. E. Haggerty (@denaehaggerty) Cupcakes, pole dancing, murder and amusement #TuesdayBookBlog

Hi all:

It’s Tuesday and as I did a bit of travelling over the bank holiday weekend (yes, for the Llandeilo Book Fair. I promise to tell you all about it as soon as I can, but in case you want to catch up with the brain behind everything, fantasic author and organiser extraordinaire, Christoph Fischer, here you have his post about itI read (or rather listened in the car) a fair bit, and here comes a review of a fun book, in case you want a light (but with not some fattening recipes added at the end) read.

Never Trust a Skinny Cupcake Maker by D.E. Haggerty
Never Trust a Skinny Cupcake Maker by D.E. Haggerty

 

Never Trust a Skinny Cupcake Baker (Death by Cupcake Book 1) Cupcakes, pole dancing, murder and amusement

byD.E. Haggerty

I am reviewing this book as part of Rosie’s Book Review Team and I received a free copy of the novel in exchange for an unbiased review.

From the description I thought this book sounded like a fun and light read, and indeed it is. We have the adventures of Callie, a woman who had to work hard to get her doctorate and now teaches at university, although only on a part-time basis, whilst also running a bakery with her friend, Anna. She’s just come out of a disastrous relationship that hasn’t done her self-esteem any good. She’s being pursued by a police detective, who according to all women who meet him is a Mr Hottie, but she can’t believe he’s serious as she feels she not in his league because she’s overweight and does not feel sexy. In an attempt at changing her perspective, her friend enrols both of them in a pole dancing class. Unfortunately this ends up quite badly, not because of lack of skill (that too) but because their instructor is killed and Callie becomes the main suspect. Not only that, but her position teaching at university is put in jeopardy because of this and she decides (with Anna by her side) that if the police won’t do anything to investigate and clear her name, she will.

Each chapter in the novel starts with an amusing quote related to cupcakes and the book moves at a good pace, with twists, turns, new clues and threats at every turn.

As is to be expected in cozy mysteries, the protagonist is quirky (she describes herself as a nerd and when nervous she tends to quote facts as if she were Wikipedia), self-deprecating and with a sense of humour. The male in the story is gorgeous and insistently pursues the protagonist no matter what (he seems too good to be true, perhaps a bit on the overprotective side, but that’s usual when the genre involves big doses of romance). I liked Anna, with her pink hair and her no-nonsense attitude. She is all up and go and drags her friend into action, like it or not. I hope we’ll get to know more about her as the series progresses, as in this one we don’t know much about her personal life other than that she gets propositioned by Dolly, the pole-dancing instructor (who although attractive, isn’t at all nice. Not by a long shot).

Perhaps because I read more straight thrillers than cozy ones, the investigation part of the novel for me stretched the imagination and required more suspension of disbelief than I’m used to. There aren’t that many clues but the few ones available keep being dismissed by the police (than other than Ben, the hottie detective, seem utterly useless) and the ending is satisfying, although seems to be brought on more by the guilty party than by the investigative skills of the police and the main characters. But there are enough twists and turns to keep everybody guessing, and quite a few characters you’d love to hate.

Overall it’s an amusing and light read, includes a delicious recipe, and it is a good start to a series that I hope will develop further the characters and the stories.

Links:

http://amzn.to/1X2pvim

http://amzn.to/1X2pviq

Thank so much to Rosie for creating this fantastic team for authors and reviewers, thanks to D. E. Haggerty for her fun book, and thanks to all of you for reading. And if you’ve enjoyed it, don’t forget to like, share, comment and CLICK!

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Muestra de escritura

'I Love Your Cupcakes' (Me encantan tus cupcakes) Mi nueva novela romántica y muy dulce está al caer. Y aquí os dejo el principio

Hola a todos:

No sé si recordaréis que hace unos meses pedí consejo en el blog sobre una novela romántica que estaba planeando, pidiendo sugerencias sobre títulos, nombres, recetas… Vamos, de todo. Y hace unas semanas como parte de un blog hop sobre los personajes de las  novelas que estábamos escribiendo mencioné a los principales protagonistas de la mía.  Pues bueno I Love Your Cupcakes (Me encantan tus cupcakes) está acabada en borrador, y ando corrigiéndola, poniéndola guapa, y haciendo todas esas cosas que se hacen antes de lanzar nuestras creaciones al mundo.

Pero como hace tiempo que vengo hablando de ella, me pareció que podría compartir al menos el principio con vosotros, para que no os quejéis de que no os tengo al tanto. Y la probable portada.

I Love Your Cupcakes (Me encantan tus cupcakes) de Olga Núñez Miret. Portada de Lourdes Vidal
I Love Your Cupcakes (Me encantan tus cupcakes) de Olga Núñez Miret. Portada de Lourdes Vidal

Prólogo. Ahora

 

—¡Cámara, acción!

Dulcinea (Dulce para sus amigos) se quedó paralizada. Veía hablar al productor pero su mente iba a mil por hora y no procesaba nada. “¡Dios mío! ¿Cómo me he metido en este lío? ¿Por qué me he dejado convencer?” se preguntó. El codazo de Adelfa la despertó:

—¡Vamos! ¡Solo tenemos 45 minutos para crear la Madre de todos los Cupcakes.

—Pues si eso es lo que tenemos que hacer, ¡a la carga!

 

Capítulo 1. Inicios (Hace tres años)

A Dulcinea le encantaba su nombre. Siempre le había parecido que le sentaba como un guante. Tanto era así, que si la hubieran llamado de otra manera estaba convencida de que se habría cambiado el nombre a Dulcinea. OK, no era el nombre más típico para una chica norteamericana, pero su madre, Carmen, era española, y siempre había opinado que la dama/amor imaginario de Don Quijote se merecía una segunda oportunidad y un papel más importante que el que le había tocado. También le encantaba el hecho de que el diminutivo era Dulce. Y si había algo que le gustaba a su madre eran las cosas dulces. Carmen era la mejor pastelera amateur de entre las madres de todas sus amigas y dudaba que hubiera muchos profesionales de la repostería y los postres que pudieran competir con ella. Su talento culinario alcanzó tal popularidad que mucha gente le pedía que les diera recetas o les enseñara cómo preparar pasteles hasta el punto que decidió hacer un cursillo de cocina y postres en el instituto local de enseñanza para adultos y siguió con él hasta su fallecimiento. Era de justicia y totalmente apropiado que su hija fuera Dulce.

—¿Qué me dices entonces? Llevas demasiado tiempo luchando contra tu destino. ¿Cuántas carreras y trabajos distintos has probado? —le preguntó Adelfa su mejor amiga, que aunque siempre apoyaba sus ideas, desde luego no se mordía la lengua en cuanto a expresar su opinión —. Déjame contar…

—¿…las maneras? —bromeó Dulce.

—No te pongas Shakesperiana conmigo.

—Es Elizabeth Browning, no Shakespeare.

—¿Ves como llevo razón? Sé que adoras los libros pero…si al menos pudieras hacer algo útil con ello quizás, pero así…Vale, volvamos a lo que estábamos hablando antes de la interrupción literaria. Peluquería…— Adelfa contó uno con los dedos.

Ahora, si esto fuera una película, vendría un montaje de unos cuantos cortes de pelo con poca gracia y nada chic, una permanente quemada hasta el punto de que se cayeran mechones de pelo, aunque el mayor desastre de Dulce siempre fue el tinte y el color. Una paleta de colores naranja brillantes e inesperados, verdes fosforescentes, e incluso efectos tricolor habían salido de sus manos y sellado su salida de la escuela de peluquería por la puerta de atrás.

—Azafata… —Dos.

La película mostraría ahora como a Dulce se le caían las bolsas de equipaje al intentar colocarlas en el compartimento superior, como le aplastaba el pie con el carrito de la comida a un pasajero, le echaba el café por encima a otro, y como se caía sentada encima de varios pasajeros y pasajeras. Nunca se le había dado bien llevar tacones y al final decidió que viajar constantemente tampoco era lo suyo. Por lo menos no le vomitó encima a nadie.

—Horticultura y jardinería ornamental… —Tres.

Esto podría ponerse feo, especialmente si os gustan las flores y las plantas. Nadie podía acusar a Dulce de tener la mano partida para la jardinería. Aparte de composiciones rocosas sin plantas, nada había sobrevivido a sus experimentos como jardinera. Y sus diseños de jardines parecían algo salido de El Bosco. Adelfa solía bromear y decirle que tendría éxito si se especializase en jardines para Goths. Aunque que ella supiera a los Goths no les iba demasiado el aire libre ni los jardines.

—Empresariales… —Cuatro.

De hecho, los estudios le fueron bien. Aunque Dulce prefería la ficción y la literatura no le disgustaban los números y el estudiar en general. Así que la parte teórica no le había ido mal. Una vez llegó el momento de aplicarlo a situaciones de la vida real, ella era demasiado amable y bien educada y no se arriesgaba lo suficiente, no le gustaba la competición salvaje y no era agresiva así que jamás tuvo éxito. Aunque se planteó dedicarse a la enseñanza, los profesores con más carisma eran los que tenían muchas anécdotas personales que contar, especialmente sobres sus éxitos y los fracasos de los demás. Y ella quería hacer algo que requiriera ponerse con las manos en la masa.

—Fotografía… —Cinco.

Dime, ¿no creéis que hoy en día con las cámaras digitales es totalmente imposible hacer una mala foto? Pues bien, si conocierais a Dulce sabrías que estáis equivocados. Mala iluminación, ángulos imposiblemente antiartísticos, partes del cuerpo en lugar del todo. Ni siquiera una top model quedaría bien en sus manos.

—Cuidar de niños…

—Vale, vale. Si estás intentando que me sienta mejor, estás haciendo un trabajo estupendo. Y no le pasó nada malo a ninguno de los bebés. Solo que no estoy hecha para ello. No todo el mundo tiene tanta suerte como tú, Adelfa. Siempre te ha gustado mezclar cosas y analizarlas. Has nacido para ser química y lo has sabido de siempre.

A Adelfa se le había dado bien la química desde muy joven y siempre había impresionado, primero a los maestros y luego a los profesores de universidad, con su talento. Cuando se graduó varias de las más grandes compañías farmacéuticas se la disputaron, aunque ella escogió enseñar en la universidad local y dedicarse a su propia investigación. Pero su éxito profesional no parecía bastarle. Y a pesar de su aspecto (hermoso color café con leche, boca hecha para besarla, curvas en los lugares adecuados y un trasero que hasta Beyoncé estaría orgullosa de lucir) volvía a estar de duelo por otra relación amorosa fallida.

—Sí, pero aún no he encontrado una fórmula que si se la damos a los hombres haga que los idiotas y los perdedores se vuelvan fluorescentes.

Dulce no pudo evitar imaginarse los resultados de tal preparado. ¡Valdría millones!

—Quizás te haría falta estudiar magia en lugar de química para eso. Aunque mi experiencia en el tema es muy limitada diría que la ciencia y los mejores cerebros han fallado miserablemente al intentar encontrar la fórmula para la relación perfecta.

—Probablemente no es culpa de los tíos. Soy yo. Parece que tengo un talento especial echar a perder incluso al mejor tío.

Dulce odiaba ver así a su amiga. Primero porque no tenía razón. Segundo, porque era su amiga y la apoyaría en lo que fuera. Y tercero, porque su último novio, Melvin, no era el mejor tío ni con diferencia. Desde luego los había tenido peores, pero Melvin era uno de esos tipos que se creen que coleccionar mujeres es un hobby de categoría y que cuanto mejores sean las mujeres, más valor tienen para él. Les iba a la zaga, usaba todos los trucos románticos a su alcance, y entonces, una vez las tenía aseguradas, se iba a por otra, a por el siguiente reto, la siguiente joya en la colección.

—Estoy segura de que si quisieras podrías echar a perder a alguien, pero no, no es culpa tuya. Tienes razón; era un idiota y un perdedor. Y vale, también tienes razón sobre mí. Nada de lo que he hecho hasta ahora ha funcionado. Y sí, es cierto, se me da bien la repostería, pero ¿cómo voy a vivir de eso?

El talento repostero de Dulce había sido objeto de muchas conversaciones entre las dos amigas a través de los años, pero últimamente Adelfa le había estado dando la lata a Dulce más de lo habitual con ello.

—¿Por qué no preparamos algún pastel y luego hablamos? Una de las recetas de tu madre. ¿Por qué no aquel pastel que llevaba chocolate, almendras tostadas, huevo, mantequilla, leche, harina y levadura?

—¿Reina de Saba? ¿Pero tendremos todos los ingredientes a mano? —preguntó Dulce.

Adelfa se echó a reír mientras cogía las llaves del coche.

—¡Vamos a comprar! ¡Y necesitaremos unas cuantas cosas más!

—Helado, crema…

—Y también algunos snack salados, para equilibrar la dieta un poco. Al menos el gilipollas me dejó antes de que nos fuéramos a vivir juntos y no tendré que perder el tiempo trasladando trastos. ¡Deprisa! ¡No gastemos ningún tiempo de cocinar!

Una vez de vuelta en su apartamento (de hecho el piso bajo de una casa convertida en un par de apartamentos, con la ventaja de que ellas tenían el patio y un viejo pero aún energético limonero todo para ellas) vaciaron las bolsas de la compra, se pusieron los delantales y se echaron manos a la obra. Adelfa también había comprado una buena reserva de bebidas y se sirvió un vaso de vino tinto y una limonada para Dulce.

—Un día de estos tendremos que conseguir que bebas alcohol. Esta postura anti-alcohólica es demasiado remilgada y aburrida.

—Conoces perfectamente bien mi opinión sobre la bebida, Adelfa. No es nada religioso, ni siquiera moral, aunque no es que pueda decir que me guste lo que le puede hacer a la gente. Es…

—Cuestión de sabor. Ya lo sé, ya lo sé.

—No me importa usarlo para cocinar. De hecho debo admitir que ayuda con algunas recetas. Mucho.

—Ya sabes lo que pienso sobre eso. Como dice el dicho: Me gusta cocinar con vino. ¡A veces hasta lo pongo en la comida!

Dulce se encogió de hombros y las dos se rieron y se dedicaron a cocinar. Las dos amigas pelaron las almendras, mezclaron la mantequilla y el azúcar, trituraron las almendras en trocitos pequeños, separaron las yemas de las claras del huevo, derritieron el chocolate con un poco de leche y añadieron todos los ingredientes (y la harina y la levadura). Vertieron la mezcla en un molde, la metieron en el horno caliente y salieron al patio después de haber lavado los cacharros, a esperar a que el horno obrara su magia. Hacía poco que se habían comprado una silla/columpio doble y las dos se sentaron de un salto, meciéndose hacia atrás y hacia adelante lentamente.

—¿Alguna idea? ¿Cómo podemos convertir mi talento para la repostería en un negocio? Bueno, debería decir “nuestro” talento para la repostería, ya que tú eres la que siempre consigue descubrir la perfecta combinación y la cantidad de ingredientes que asegura que los pasteles o las masas hagan lo que se supone que deben hacer —dijo Dulce.

—De acuerdo, tú eres la Diosa de los Sabores y yo la Reina de la Química y de calcular las cantidades y la temperatura del horno. No estaba pensando en dejar mi trabajo, especialmente la investigación, aunque siempre podría trabajar menos horas, pero podríamos experimentar después de mi trabajo y yo podría dejar preparadas instrucciones precisas para que las puedan seguir otros miembros del personal que nos ayudarían con la repostería —dijo Adelfa.

—¿Personal? ¡Dios mío! Si tú vas a crear una metodología y recetas detalladas, quizás yo podría escribir un libro de cocina. O un libro de repostería y dulces. Siempre son populares y me encantan los libros, aunque nunca he escrito nada largo. Bueno, supongo que escribir un libro de recetas no es lo mismo que escribir otro tipo de libros.

Adelfa se estaba mordiendo el labio inferior, un hábito que tenía desde pequeña y al que volvía cuando se ponía a pensar, especialmente cuando estaba sola.

“Un libro de cocina. No es mala idea, pero como plan de negocios…Por lo que he observado, los libros de ese tipo que se venden bien suelen o haber sido escritos por famosos, por chefs conocidos (por ejemplo porque tienen un programa de televisión), o libros asociados con un restaurante o un local famoso. Creo que tendríamos que tenerlo en cuenta para cuando nuestra pastelería/cafetería se convierta en un éxito. Entonces podemos expandirnos y producir todo tipo de productos de mercado, no solo libros, sino quizás también nuestra propia marca de utensilios de cocina, podríamos asociarnos con algún distribuidor de harina y esencias pasteleras orgánicas y prestarles nuestra marca, delantales, libros de cocina para niños, videos, programas de televisión…

Dulce se sintió como solía cuando le entraba el pánico. Tuvo una sensación vívida de que las pecas le crecían y ocupaban toda su cara, su ojos verdes estaban a punto de salir proyectados de las órbitas y su pelo pelirrojo (o rubio caoba como insistía Adelfa) se ponía de punta. Sorprendentemente, cuando en ocasiones como ésta había conseguido verse en un espejo, solo tenía pinta de asustada y estaba pálida, aunque no acababa de creerse que el espejo no estuviese gastándole una broma. Ella sabía lo que sentía.

—¡Respira Adelfa! ¡Respira! Quizás deberíamos empezar por el principio. ¿Estamos hablando de una pastelería, o una cafetería o…?

—¿Y por qué no una mezcla de las dos?

Sí, ¿y por qué no?

 

Gracias por leer, y si os ha interesado, ya sabéis, dadle al me gusta, comentad y compartid. Y os mantendré informados del lanzamiento oficial. 

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Writing samples

'I Love Your Cupcakes' My new romantic and sweet novel is coming out soon. And here is the beginning

Hi all:

I’m not sure how many of you will remember that a few months back I was asking for suggestions of titles, images, names of characters, well, most of everything, for a romantic novel I was planning on writing. And recently I talked about it as part of a blog hop where writers were talking about his characters. Guess what! I’ve written it!

‘I Love Your Cupcakes’ (the blame for the title is all mine) is in the process of being edited, corrected, translated, polished and made-up. But I thought I’d leave you with the beginning (and the likely cover):

Prologue. Now

‘Camera, Action!’

Dulcinea (Dulce for her friends) was frozen in place. She could see the producer talking but her mind was on overdrive and nothing went in. “Oh my God! How did I ever get into this situation! What have I let myself into!” she thought. Adelfa’s elbow on her side made her wake up:

“Come on! We have 45 minutes to create the Killer Cupcake to end all Killer Cupcakes!”

“Well, if that’s what we have to do, let’s do it!”

 

 

Chapter 1. Beginnings (Three years ago)

Dulcinea loved her name. She had always felt it suited her to a T. So much so, that if she hadn’t been called that she was convinced she would have changed her name to Dulcinea. OK, it wasn’t the most typical name for an American girl, but her mother, Carmen, was Spanish and she always thought that the imaginary lady/love of Don Quijote deserved a second chance and a bigger role than she had ever been given. She also adored the fact that if it was shortened to Dulce, its meaning was ‘Sweet’ in Spanish. And if there was something her mother had loved was everything sweet. Carmen was the best amateur baker amongst all her friends’ mothers and she doubted that many professionals of baking and desserts could have competed with her. Her culinary skills got so popular and so many people asked her to give them their recipes or teach them how to bake that she ran a course on desserts and cooking at the local adult college until her death. It was only fair and fitting that even her daughter was Dulce.

“What do you say, then? You’ve been fighting against fate long enough. How many careers and jobs have you tried?” Adelfa, her best friend, had always been supportive of all her ideas, but was nothing if not opinionated. “Let me count…”

“…the ways?” Dulce joked.

“Don’t get Shakespearean on me.”

“Elizabeth Browning not Shakespeare.”

“See what I was saying? I know how much you love books, but…if you could do anything practical with it maybe, but as it is…So, back to what we were talking about before the literary interruption. Hairdressing…” Adelfa counted one with her fingers.

Now if this was a movie it would show a montage of a few less than graceful and chic haircuts, a burnt perm to the point of loss of clumps of hair, although Dulce’s crowning disaster had always been coloring. A full palette of unintentional bright oranges, greens, and even tri-color effects had come out of her hands and sealed her exit from hairdressing school.

“Air stewardess…” Two.

The movie would now show Dulce dropping the bags when trying to secure them in the overhead locker, pushing the trolley over somebody’s foot, dropping hot coffee on another passenger’s lap, and falling seated repeatedly on several passengers. She’d never been any good wearing heels and decided the continuous traveling didn’t suit her either. At least she wasn’t sick on anybody.

“Horticulture and ornamental gardening…” Three.

This could now get scary, especially if you’re fond of flowers and vegetables. Green fingers was something nobody could accuse Dulce of. Other than rock gardens with no plants, nothing survived her attempts at gardening. And her garden designs looked like something out of El Bosco. Adelfa used to joke that she might be OK if she specialized on gardens for Goths. Not that Goths liked fresh-air that much.

“Business Studies…” Four.

Actually, the studies had been OK. Although Dulce preferred fiction and literature, she didn’t mind numbers or studying in general. So the theoretical part had been fine. Once it came to applying it to real-life situations, she was too soft and not enough of a risk-taker, didn’t like cutthroat competition and wasn’t aggressive so she never made it. Although she considered teaching it, the most engaging teachers were always those who had plenty of personal anecdotes to tell. And she wanted something more hands on.

“Photography…” Five.

Now, wouldn’t you think that with digital cameras it is impossible to take a terrible picture? Well, if you knew Dulce and saw her pictures you’d know that’s wrong. Bad lights, bad angles, body parts instead of the whole. Not even a proper top model would look good in her hands.

“Child-minding…”

“OK, OK. If you’re just trying to make me feel better, you’re doing a great job. And nothing bad happened to any of the babies. I’m just not cut out for it. Not everybody is as lucky as you, Adelfa. You’ve always liked mixing things and analyzing things. You’re a born Chemist and have always known it.”

Adelfa had been good at Chemistry since she was very young and had awed teachers and later professors with her skills. When she finished university she had several of the biggest Pharmaceutical companies fighting for her, although she’d chosen to teach at the local university and work on her own research. But her professional success did not seem to be enough for her. And despite her looks (beautiful café-au-lait color, kissable mouth, curves in all the right places, and a bum Beyoncé would be happy to call her own) she was once again mourning another failed relationship.

“Yes, but I’m yet to find a formula that applied to men will make the idiots and losers fluorescent.”

Dulce could not help but visualize the results of such a preparation. It would be worth billions!

“Maybe you’d need to train in magic rather than Chemistry for that. From my very limited experience on the subject I’d say that science and the best minds have failed miserably when trying to find a formula for the perfect relationship.”

“It’s probably not the guys’ fault. It’s me. I can ruin the nicest guy it seems.”

Dulce hated seeing her friend that way. First she wasn’t right. Second, she was her friend and she’d back her up no matter what. And third, her latest boyfriend, Melvin, was not the nicest guy. She’d had worse, but Melvin was one of these guys who seemed to think collecting women was a worthy hobby and the better the women, the higher their value for him. He’d pursue them, use every trick in the romantic book, and then, once they were secured, move on to another, to the next challenge, to the next jewel in the collection.

“I’m sure if you wanted you could ruin somebody, but no, it isn’t your fault. You’re right; he was an idiot and a loser. And OK, you’re also right about me. Nothing I’ve done so far has worked out. And yes, it’s true, I’m good at baking, but how am I going to make a living out of that?” Dulce’s baking skills had been the subject of many conversations between the friends for many years, but recently Adelfa had been badgering Dulce more than usual about it.

“Let’s bake something and then we can talk. One of your mother’s recipes. What about that cake that had chocolate, toasted almonds, eggs, butter, milk, flour and baking powder?”

“Queen of Saba? But will we have all the ingredients around?” Dulce asked.

Adelfa laughed picking up the car keys.

“Let’s go shopping! We’ll need a few other things too!”

“Ice-cream, cream…”

“And some salty snacks too, to even things out. At least the wanker left me before we ever moved in together and I won’t have to spend any time moving stuff. Quickly! Let’s not waste any baking time!”

Once back at their apartment (in reality the ground floor of a house that had been converted to a couple of apartments, with the advantage that they had the patio and an old but still zesty lemon-tree all to themselves) they unpacked, put their aprons on and got on with their baking. Adelfa had also stocked on drinks and served herself a glass of red wine and lemonade for Dulce.

“One of these days we’ll have to get you drinking alcohol. It’s too prim and proper this non-alcohol stance of yours.”

“You know full well how I feel about alcohol, Adelfa. It’s not a religious thing, or even a moral thing, although I can’t say I like what it can do to people. It’s…”

“A taste thing. I know, I know.”

“And I don’t mind it for cooking. I must admit it does help with some recipes. A lot.”

“You know what I think about it. As the saying goes: I like to cook with wine. Sometimes I even put it in the food!”

Dulce shrugged and they both laughed and got on with the cooking. The two friends peeled almonds, mixed butter and sugar, mashed the almonds into tiny bits, separated the egg-yolks from the whites, melted the chocolate with a little bit of milk and then added all the ingredients (plus the flour and the baking powder). They put the mix in a baking mold in a warm oven and went out in the patio after washing the implements, to wait for the oven to do its magic. They had recently bought a double swing chair and they both jumped on it moving backwards and forwards at a slow pace.

“So…any ideas? How could we turn my baking skills into a business? Actually, I should say “our” baking skills, as you’re the one who can work out the right combination and amount of ingredients to make the cakes or pastry do what it should” Dulce said.

“OK, you’re the Goddess of Flavors and I’m the Queen of Chemistry and calculating measurements and oven temperature. I wasn’t planning on leaving my job, especially the research bit, although I could always work fewer hours, but we could experiment after my work and I could come up with precise instructions that could be followed by other staff who’d help with the baking” Adelfa said.

“Staff? Goodness! If we’re going to have detailed methodology and recipes, maybe I could write a cookery book. Or a baking and sweets book. They are always popular and I love books, although have never written anything long. However, I guess writing a recipe book isn’t quite like writing other kinds of books.”

Adelfa chewed her bottom-lip, a habit she’d had from childhood and she’d go back to when she was thinking, especially when alone.

“A Cookery book. It isn’t a bad idea, but as a business proposition…For what I’ve seen the books of that kind that sell well are usually either written by celebrities, people who are well-known chefs (because they have a program on the TV), or books associated with a famous restaurant or location. I think we should keep it in mind for when our bakery/coffee shop becomes a success. Then we can branch out and produce all kinds of marketable products, not only books, but maybe a range of cookery utensils, maybe join in with some organic flour and flavorings distributors and rubber-stamp our label on them, aprons, children’s cookery books, videos, TV programs…”

Dulce felt as she did at times of panic. She had the vivid sensation that her freckles were growing and taking over the whole of her face, her green eyes were about to be power-ejected from their orbits and her ginger (or strawberry blonde according to Adelfa) hair was standing on end. Surprisingly enough, at times such at this when she’d managed to get to a mirror, she only looked scared and pale, but she wasn’t truly convinced the mirror wasn’t just playing a trick on her. She knew what she felt.

“Breathe Adelfa! Breathe! Maybe we should start at the beginning. Are we talking about a bakery, a coffee shop, or…?”

“And why not a mix of the two?”

Yes, why not?

 

I Love Your Cupcakes by Olga Núñez Miret (cover by Lourdes Vidal)
I Love Your Cupcakes by Olga Núñez Miret (cover by Lourdes Vidal)

 Thanks for reading, and you know if you’ve enjoyed it, like it, share, and comment. I’ll keep you updated and make a big announcement when it is published, of course! (I hope it should be in a few weeks!) Any ideas to promote are welcome!

Ah, and as I told you, I’ve started reviewing books for BTS-e Magazine and one of my reviews is published in the current number. Check it out here! (And of course, check all the rest of the content)

http://issuu.com/btsemag/docs/sept-oct-2014/123?e=5491198/9147732

 

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