Categories
Lanzamiento 'Una vez psiquiatra...' Muestra de escritura

#Gracias! Ya tenemos portada! Y si queréis leer un poco más…

Hola a todos:

Quería daros las gracias por la respuesta a mi pregunta de la semana pasada. Para seros sincera, al publicar el post pensé que poca gente respondería y que las opiniones estaría muy igualadas, pero me equivoqué. Aparte de las respuestas aquí, varios autores respondieron a mensajes en Facebook, tuve mensajes en Twitter, y Ernesto Valdés, el diseñador de la portada también compartió la pregunta en su cuenta de Facebook y tuvimos muchísimas respuestas. Y también me equivoqué en lo de que las opiniones estaría igualas. Pues no. No solo eso sino que la gente ha coincidido y votado por la misma portada tanto en inglés como en español, en una gran mayoría (vamos, que no tendremos que ir a segundas votaciones ni terceras…).

La ganadora por mayoría abrumadora es:

Propuesta de portada 1
Propuesta de portada 1

¡Muchas gracias! De hecho me estoy planteando el probar y cambiar las portadas en la versión digital del libro, para comprobar si influye mucho, aunque no creo que con mi volumen de ventas el resultado fuera muy significativo, pero…

Como os comenté, la novela está escrita, pero acabar de tenerla lista, especialmente ya que publico mis libros siempre en versión española e inglesa a la vez, lleva tiempo, y en verano lo cierto es que no apetece ir a todo correr, así que puede que tardemos un poco.

Pero  mientras tanto, decidí compartir el principio de la historia en Wattpad, por si tenéis un rato y os intriga. Aquí está el enlace. 

Espero tener disponible a la venta la versión en audio de la precuela de la serie, pero os tendré informados.

Y hablando de Una vez psiquiatra… Los inicios este mes en el Grupo Café Literario en Goodreads estamos hablando de esa novela corta, así que si la habéis leído y os queréis unir a nosotros, aquí está el enlace.

Muchísimas gracias por vuestra ayuda y por leer, y si os ha interesado, dadle al me gusta, comentad, compartid y haced CLIC!

Categories
GRATIS Una vez psiquiatra. Los inicios

#GRATIS El último capítulo de Una vez psiquiatra… Los inicios

Hola a todos. Sí, hoy comparto el último capítulo de Una vez psiquiatra… Los inicios. Aunque he completado el borrador (en inglés) de la siguiente historia en la serie, no planeo compartirla aún, no os preocupéis. Pero habrá reseñas, os pondré al día de lo que he estado haciendo, y seguro que alguna otra cosa se me ocurrirá (ah, y planeo una promoción de mis servicios de traducción).

Por si se os ha pasado Una vez psiquiatra… Los inicios ya está a la venta, gratis en todas partes (bueno, en las que me han dejado de momento. Por cierto, si véis que no lo estáis podéis hacerme el favor de informar a Amazon copiando el enlace de una de los sitios donde está disponible gratuito, ya que mucho caso parece que no me hacen).

Una vez psiquiatra. Los inicios. Olga Núñez Miret. Portada de Ernesto Valdés
Una vez psiquiatra. Los inicios. Olga Núñez Miret. Portada de Ernesto Valdés

Una vez psiquiatra… Los inicios Olga Núñez Miret

¿Hasta dónde llegaría un escritor por conseguir una historia única? Esa es la cuestión que le plantea a la psiquiatra Mary Miller el primer misterio/thriller de su carrera. Conoce a los personajes principales de esta serie de thrillers psicológicos GRATIS y pon a prueba tu intuición y tu ingenio con esta novela corta sobre el precio de la ambición.

La doctora Mary Miller es una joven psiquiatra que sufre una crisis de vocación. Su amigo Phil, abogado criminalista que trabaja en Nueva York, la invita a visitarle y a asesorar a su bufete en el caso de un escritor al que acusan de un grave asalto. Su víctima llevaba tiempo acosándolo y acusándolo de haberle robado la historia de su vida, que él había convertido en un best-seller. El autor lo niega y alega autodefensa. Cuando la víctima muere, las cosas se complican aún más. La frontera entre la verdad y la ficción se difumina y secretos y mentiras salen a la luz.

Una vez psiquiatra… Los inicios es la precuela de Una vez psiquiatra… un volumen que recoge tres historias en las que Mary, con su experiencia como psiquiatra, ayuda a solucionar una variedad de casos, desde asuntos de religión y raza, pasando por el asesinato de un policía, y en la última historia, Mary se enfrenta cara a cara con un asesino en serie.

Si os gusta esta novela corta, no os olvidéis de que podéis leer más aventuras de Mary. Y aún quedan muchas por contar.
Aquí podéis ver una muestra en vivo y en directo:

AMAZON (e-book) KOBO NOOK APPLE    SCRIBD

PAGE FOUNDRY

Y ahora, como os había prometido, el último capítulo.

8.     La verdad 

Como parte de su formación continuada, Mary cambió de trabajo, y aunque solo estaba a unas millas de donde vivía, suponía algunos ajustes y acostumbrarse a una nueva rutina. Cuando sonó su teléfono una mañana a las 6:30, saltó de la cama, pensando que estaba de guardia. Entonces recordó que no lo estaba y se preguntó quién la llamaría tan temprano.

—Hola, Mary. Espero no haberte despertado.

—¡Phil! Creí que me llamaban del trabajo.

—¿Estás de guardia?

—No, pero tardé un poco en recordarlo. No me llama mucha gente a esta hora de la mañana. ¿Pasa algo?

—¿Eh?… No, no. Nada malo. ¿Estás siguiendo el juicio? ¿El de Fenton?

—No muy de cerca. He leído algún artículo sobre ello y algo vi en las noticias, pero no le he dedicado mucha atención. Hace poco que cambié de trabajo y siempre es algo frenético. ¿Cómo va?

—Es todo muy raro. Lance se fue a trabajar para la Fiscalía y está ahí sentado en la mesa del fiscal. No ha abierto la boca, pero es inquietante. Wright intentó hablar con la jueza para que lo echara, pero el nombre de Lance no aparece en ninguna de las declaraciones y no estaba en el listado oficial. Ella le advirtió al fiscal que no solo echaría a Lance de la sala, sino que desestimaría el caso por un tecnicismo si usaban cualquier información privilegiada a la que no deberían tener acceso. Pero eso ha dejado el juicio completamente abierto.

—Suena difícil.

—Bueno, yo no creo que ellos tengan un caso sólido con evidencia. Hay muchísimas pruebas del comportamiento perturbado de Green, y Fenton siempre intentó hacer lo correcto.

“Sí, ya”, pensó Mary.

—¿Y cuándo esperáis que se acabe todo?

—Nunca se puede ser muy preciso en estas situaciones, pero supongo que el viernes. Por eso te llamaba. ¿Podrías tomarte el viernes libre y venir? Quizás podrías llegar el jueves por la noche y quedarte el fin de semana, si te puedes escapar. Percy sugirió que quizás te gustaría estar presente, y me parece una gran idea. Especialmente si estás pensando en dedicarte a hacer de testigo pericial en el futuro. La mayoría de la gente cree que sabe cómo es porque lo han visto en series de televisión y en películas, pero no es así.

—No me toca trabajar este fin de semana. Intentaré conseguir que me den el viernes libre. Me gustaría ver cómo se resuelve el caso. Tengo la impresión de que será interesante.

—Probablemente te llevarás una desilusión, pero siempre podemos hacer algo que valga la pena el fin de semana, y estoy seguro de que a Ryan le encantaría volver a verte.

—¡Oh, Phil! ¡Déjalo estar!

—¡Solo era una broma! —Él se rio—. Llámame. ¡Que tengas un buen día!

Mary consiguió permiso para tomarse un día de vacaciones y el doctor que estaba de guardia el viernes accedió a ocuparse de sus pacientes. Llamó a Phil para confirmarle que iba a ir, y el jueves, como habían quedado, él fue a recogerla a la estación de tren. Durante el viaje en taxi, Mary preguntó:

—¿Así que mañana será el último día?

—Es muy posible. Les toca a ellos interrogar al agente de Fenton mañana por la mañana. Y después de eso… bueno, eso es todo. Los alegatos finales, y entonces ya todo queda en manos del jurado. Puede que no oigamos el veredicto mañana, pero no creo que tarde demasiado.

—¿Y cómo ha ido hasta ahora?

—Aparte de la evidencia de que cuando se defendió Fenton usó mucha fuerza, no hay nada en concreto contra él. Varios testigos hablaron sobre el comportamiento de Green y sobre cómo llevaba meses acosándolo sin parar.

Mary se quedó callada un rato.

—Siempre supuse que el verdadero protagonista de la novela, el verdadero David Collins, como sea que se llame en realidad, acabaría presentándose.

—¿Para qué?

—Supongo que aumentaría la credibilidad de la historia de que Green no estaba bien y que sus sospechas no tenían fundamento.

—Quizás no crea que haya el menor riesgo de que Fenton acabe viéndose metido en serios problemas. Autodefensa. Y si es una persona tan reservada, quizás no esté al alcance de los medios de comunicación y no le hayan llegado las noticias.

Mary negó con la cabeza.

—Muy poco probable. Hace tiempo que se habla del juicio. Y ha aparecido en todas partes. No importa, solo era una reflexión.

A la mañana siguiente fueron al juzgado. Percy y Steve estaban sentados a la mesa de la defensa con Fenton. Phil cogió a Mary del brazo y la hizo sentarse a su lado, en el banco detrás de ellos. Ryan apareció al cabo de unos minutos y se sentó a su derecha. Percy y Steve se dieron la vuelta y los saludaron.

En la mesa del fiscal se encontraba un hombre afroamericano muy atractivo, con un traje azul marino, hablando animadamente con Lance. Phil se dio cuenta de que Mary los miraba.

—El fiscal. Stanton —le dijo.

Wright miró de soslayo a la fiscalía.

—Me pregunto de qué estarán hablando. Uno no se imaginaría que las cosas les están yendo tan mal viendo lo animados que están.

Fenton se giró brevemente y saludó con la cabeza. A Mary le dio la impresión de que no estaba demasiado contento de verla. Pero el escritor tenía cosas más importantes de las que preocuparse y quizás era cosa de su imaginación.

La jueza Pearson, una mujer de unos sesenta y pocos años, pelirroja y con el pelo rizado, entró, anunciada por el secretario judicial, y se levantaron todos. Después de decirles que se sentaran, empezó el proceso. Aunque Mary no había llegado a conocer a Mike Spinner, el agente de Fenton, no esperaba nada nuevo de su declaración. Stanton le preguntó sobre su historial y luego lo que sabía sobre los orígenes del libro. También le hizo unas pocas preguntas sobre el comportamiento de Green. Todo parecía encajar con la versión de lo sucedido que había dado Fenton. El fiscal se acercó a su mesa, miró un papel que le mostraba Lance, y volvió andando lentamente al estrado de los testigos.

—Señor Spinner ¿se habló alguna vez de una orden judicial de alejamiento?

—¿Una orden judicial de alejamiento? Hablé con uno de mis abogados sobre el tema, pero era todo muy complicado debido a las giras y al viajar constantemente, que dificultaría fijar las condiciones. Y aunque se impusiera una condición de mantenerlo a una cierta distancia, si hubieran aceptado, con el interés del público y tanta gente yendo y viniendo… No hubiera sido posible implementarla. No hubiese funcionado. No valía la pena.

—Así que nunca oyó al señor Fenton o al señor Green hablando de una orden judicial —repitió Stanton.

—No. En realidad no.

—¿En realidad no? —Stanton, que se había dado la vuelta y se dirigía hacia su colega, se giró y fijó los ojos en el testigo.

—El testigo ya ha respondido a la pregunta, Su Señoría —protestó Steve.

—No, en realidad no —respondió la jueza Pearson, sonriendo—. Continúe.

Asintió, mirando a Stanton. Mary observó que a Fenton se le ponía el cuello rojo.

—Quiero decir… La última vez que Green vino a una sesión de firmas del libro, me llamaron para que fuera a hablar con el dueño de la librería, y los dos oímos un alboroto. Para cuando llegué allí, dos de los guardias de seguridad se estaban llevando a Green a rastras. Los guardas me contaron más tarde que Green había conseguido acercarse a la mesa, colocándose una identificación como las que llevaban los empleados de la librería, se puso al lado de Fenton y le susurró algo al oído. Ellos me dijeron que Fenton le respondió algo en voz muy baja, que ellos no pudieron oír, y les hizo gestos para que se acercaran, y mientras se lo llevaban, una vez fuera de la librería, Green dijo que ninguna orden judicial le impediría decir la verdad, o algo parecido. Nada nuevo, aunque no sé de dónde salió la idea de la orden judicial.  Más tarde le pregunté a Oliver, el señor Fenton, pero me contestó que Green le había dicho lo de siempre, que había usado su historia y que conseguiría que le indemnizaran. Nada más.

Steve parecía estar a punto de levantarse y protestar, Mary supuso que “testimonio de oídas”, pero Percy lo detuvo. Parecía intrigado.

—Gracias.  —Stanton cogió un papel que le ofrecía Lance. Volvió a dirigirse al estrado del testigo y le mostró el papel a Spinner—. ¿Reconoce este número de móvil?

—No. Pero no tengo muy buena memoria para los números de teléfono. Si quiere puedo comprobar la agenda de mi teléfono…

—¿No es el número del acusado?

—No, no. Ese número me lo sé de memoria.

Stanton sonrió y dijo que eso era todo. A Spinner le dijeron que se podía ir y bajó del estrado.

—Queremos volver a llamar al estrado a Oliver Fenton —anunció Stanton.

Percy, Steve y Fenton se miraron entre sí.

—Necesito consultar con mi cliente —dijo Percy, poniéndose en pie.

—Nos tomaremos un breve receso. Volvemos en media hora —dijo la jueza Pearson.

Una vez que la jueza se fue, Percy se volvió hacia Phil y Ryan.

—Venid con nosotros. Tú también, Mary.

—¿Al señor Fenton no le importa? —preguntó Mary.

Fenton se giró a mirarla y sonrió, con los labios tan apretados que se habían convertido en una línea blanca.

—Por supuesto que no me importa. ¿Crees que te tengo miedo? Sé que no tienes superpoderes y no puedes leer mi mente. Y de todas maneras, no tengo nada que ocultar.

Mary se encogió de hombros y les siguió. Fueron a una sala adyacente mientras el guarda se quedaba fuera.

—A ver. ¿Qué es todo eso de una orden judicial? —preguntó Percy tan pronto como se hubieron sentado todos.

—Yo no sé nada sobre ninguna orden judicial. Cualquiera sabe lo que pudo haber dicho. Alguna locura que debió metérsele en la cabeza —respondió Fenton, despectivamente.

—¿Y el número de móvil? —preguntó Ryan.

—¿Qué número de móvil?

—Evidentemente la fiscalía le preguntó a tu agente por un número de teléfono móvil. ¿Hay algo de lo que debamos preocuparnos? —preguntó Percy.

—¿Por qué no protestaron cuando Mike dijo todo aquel bla, bla bla? Todo eran rumores. Green susurró alguna cosa. Yo le dije alguna otra cosa. No quiere decir nada. ¿Qué podría haber dicho que venga al caso?

—Las sorpresas no son buenas en este negocio, Fenton —dijo Wright —. Podemos prepararnos para casi cualquier eventualidad, pero no para lo que no sabemos.

Fenton suspiró.

—Ya os lo he dicho. Siento mucho que haya muerto, pero el hombre estaba chiflado —dijo, bajando la mirada.

—De acuerdo —asintió Percy. Entonces se volvió hacia Mary—. ¿Alguna pregunta, doctora Miller?

—Me estaba preguntando… —Fenton levantó la cabeza y le lanzó una mirada de odio— ¿Por qué susurró Green? Había gritado a pleno pulmón diciéndole a cualquiera que le escuchase que habías usado su historia. ¿Por qué susurrarte al oído? No tiene sentido. Debe haberte dicho alguna otra cosa. ¿Por qué mencionaría contar la verdad y que nadie se lo podría impedir? Si se tratara de la misma acusación, ya había contado la verdad. Y no me respondas que estaba loco. Eso no lo había hecho con anterioridad y desde luego, había sido consistente y vociferante. Debía tener una buena razón. Una razón por la que acabó muerto.

Fenton se levantó de la silla tan de prisa que esta cayó al suelo, con un estrépito que resonó por toda la sala.

—Te crees que lo sabes todo. ¿Pero qué sabes en realidad?

—Ese hombre estaba obsesionado con la verdad. Debió descubrir algo, o sospechaba algo, pero sin saberlo a ciencia cierta. Por eso te lo susurró en lugar de gritarte como siempre. Tu reacción confirmó sus sospechas —respondió Mary, que seguía sentada mirándole, hablando en voz baja y con gesto tranquilo.

—¿Ah sí? ¿Y qué crees que era eso? Quizás tienes superpoderes de verdad —la desafió Fenton.

—No tengo ni idea, aunque si tuviera que apostarme algo… Te inventaste toda la historia. El libro es una obra de ficción. No, no usaste la historia de Green, porque no usaste la historia de nadie. Te limitaste a inventártela. Y él debió llegar a esa conclusión de alguna manera. Quizás te contradijiste en algún momento, o quizás hizo comprobaciones y descubrió que no habías estado de voluntario en ninguna línea telefónica de ayuda. Fueran las que fueran las circunstancias, cuando te lo dijo, tú le amenazaste con una orden judicial.

Fenton había palidecido y estaba temblando ligeramente.

—El acoso era una cosa, pero eso me podría haber costado la carrera. Siempre ha habido escándalos por plagio y por tomarse libertades con la verdad en el mundo literario pero eso… Habría supuesto el fin de mi carrera justo al principio. Conseguí un móvil sin registrar, y le llamé. Yo planeaba verme con él en algún sitio discreto y ofrecerle dinero a cambio de que mantuviese la boca cerrada y desapareciese, pero cuando le llamé me dijo que no perdiera el tiempo y que no lo podría comprar. Que quería convertirme en un ejemplo por explotar ese tema y aprovecharme de una mentira, de algo que había destruido y dañado a tanta gente. Entonces le dije que había obtenido una orden judicial contra él y que ya no podría seguirme por todas partes o presentarse en mi apartamento nunca más. Sabía que eso le provocaría y se presentaría allí. Y eso sería ideal para mí, ya que estaría invadiendo mi casa y podría alegar autodefensa. Envié al recepcionista fuera con una excusa y le esperé, escondido. Cuando llegó, le di la oportunidad de aceptar algo de dinero e irse, pero se negó. Se dio la vuelta diciéndome que iba a hablar con la prensa y…

Percy estaba horrorizado. Steve, Phil y Ryan se habían puesto de pie y se estaban mirando los unos a los otros, sin saber qué decir.

—Deben tener una grabación de la llamada telefónica… O por lo menos un registro —dijo Steve —. Y deben haberla conectado contigo. Es evidencia de asesinato. Lo habías planeado.

—¡Pero no murió allí en aquel momento! ¿No podemos ir a por el hospital, acusarles de negligencia? —preguntó Fenton.

Phil negó con la cabeza.

—La cadena causal es muy clara.

—¡Pero me había estado acosando!

—Sí, pero ese no fue el motivo de su acción. La autodefensa no funcionará si tienen la llamada —dijo Ryan.

—¡Me someteré a la evaluación mental! —gritó Fenton.

Mary negó con la cabeza.

—Puedes solicitar otra opinión, pero…

Percy se encogió de hombros.

—No vale la pena. Lance conoce a Fenton y estaba presente cuando hablamos de su estado mental. Sabe que se negó a que le evaluaran. Aunque no puede testificar sobre eso, no tendrán ninguna dificultad para encontrar un experto que diga que no hay evidencia de ningún trastorno mental. Por lo menos ninguno que pudiera librarlo alegando locura. Y no creo que nos vaya a ser demasiado fácil encontrar a alguien dispuesto a decir lo contrario.

—¿Y entonces qué hacemos?

—Tendrá que declararse culpable. Podemos alegar el exceso de trabajo, el estrés, el acoso, pero dependerá de lo generosos que se sientan. Intentaremos negociar una reducción de condena —dijo Phil.

El empleado del juzgado llamó a la puerta.

—Hora de volver a la sala.

Una vez dentro, cuando la jueza hubo vuelto a la sala, Percy se acercó a ella. Después de escucharle, llamó a Stanton. Los dos abogados charlaron unos instantes y la jueza suspendió el juicio. Esta vez Pearson, Stanton, Lance, Wright y Steve se reunieron en privado.

El público esperó fuera.

—¿Cómo lo supiste? —le preguntó Ryan a Mary.

—No lo sabía seguro. Se me ocurrió esa posibilidad cuando me puse a hablar. Y la reacción de Fenton me lo confirmó.

—Quizás tienes superpoderes —bromeó Phil.

Mary se rio.

Poco después, volvieron a la sala. Hubo un cambio de declaración y la jueza aplazó la sesión para dictar sentencia.

—Extraordinario —dijo Percy cuando salían, dándole la mano a Mary —. De veras confío en que trabaje para nosotros en el futuro.

—Muchas gracias. Estoy muy ocupada en mi trabajo actual, pero tengo que reconocer que esto es muy interesante.

—Y puedes hacer los cursos de formación que te parezcan necesarios, a nuestra costa.

—¡Gracias!

Phil vio como Lance se dirigía hacia la puerta y le llamó.

—Eh, Lance, ¿ya no te acuerdas de tus amigos?

—¡Hola chicos! Mary… —Le sonrió afectuosamente.

—Vamos, dinos. ¿Qué teníais? —le preguntó Ryan, dándole palmaditas en el hombro.

—No seas malo. Ya sabes que no puedo contarlo. Es información confidencial. ¡Hasta pronto!

Ryan masculló algo sobre secretos y salieron todos del juzgado.

 

El caso fue noticia importante en los medios de comunicación: televisión, radio, periódicos… Por supuesto también escribieron un libro sobre ello poco después.

Mary fue a varios de los cursos de formación, sobre cómo escribir informes, hacer de perito judicial, y estudió el funcionamiento del sistema de justicia criminal.

Aproximadamente un año después del juicio, Phil llamó a Mary.

—Tengo buenas noticias.

—¿Sí? Cuéntame.

—¿Recuerdas que te dije que Wright estaba pensando en ampliar el bufete? Ha accedido a que monte una sucursal del bufete en el Sur. No he decidido aún si en Savannah o Atlanta. Tengo que ir y comprobarlo todo a fondo. Me ha otorgado total independencia, así que planeo aceptar muchos casos gratuitos, contratar a abogados locales y…

—Ser más éticamente correcto.

—¡Exactamente! Lo mejor de los dos mundos. No dejo el bufete, pero tampoco apruebo sus prácticas ni las sigo.

—Suena perfecto.

—¿Qué me dices? ¿Te apetece un viajecito al Sur?

—¡Pensaba que no me lo ibas a preguntar nunca!

El fin (del principio)

Por si os habéis perdido alguno de los capítulos, aquí os dejo los enlaces (en cuanto pueda añadiré una página con los enlaces por si preferís volver con más tiempo en otro momento).

Capítulo 1

Capítulo 2

Capítulo 3

Capítulo 4

Capítulo 5

Capítulo 6

Capítulo 7

Y esta es la última semana en que Una vez psiquiatra… está disponible solo a $0.99. ¡Luego no digáis que no os he avisado!
Hoy en lugar de la descripción, podéis leeros una muestra directamente desde aquí.

Y unos cuantos enlaces:
AMAZON (e-book) KOBO NOOK APPLE SCRIBD

PAGE FOUNDRY   PAPEL

Gracias a todos por leer, y ya sabéis, dadle al me gusta, comentad, compartid y haced CLIC!

Categories
book promo Muestra de escritura

#GRATIS Capítulo 3 Una vez psiquiatra…Los inicios Y promoción

Hola a todos:

Lo prometido es deuda y hoy os traigo el capítulo 3 de la precuela de Una vez psiquiatra…

Una vez psiquiatra. Los inicios. Olga Núñez Miret. Portada de Ernesto Valdés
Una vez psiquiatra. Los inicios. Olga Núñez Miret. Portada de Ernesto Valdés

3.     Los jugadores

Una vez fuera de la sala de reuniones, Tania se puso a llamar por teléfono. Steve le dio la mano a Mary y le dijo adiós.

Phil miró a Ryan.

—¿Qué me dices de venir a tomar algo con nosotros y quizás a comer también?

Él dudó pero finalmente se encogió de hombros y suspiró.

—Me encantaría, pero me temo que no va a poder ser. Mi hermana Romy se casa dentro de unos meses y hemos llegado al estadio de escoger menús. Su prometido está trabajando en el extranjero y ella me ha alistado para que le ofrezca asesoramiento táctico. ¡Dios sabrá por qué cree que se me da bien eso! Me ha dicho que yo represento a los maniáticos para la comida, así que si yo apruebo algo, seguramente valdrá para la gente difícil. ¡Lo que hay que aguantar!

Mary sonrió. Phil dijo:

—En ese caso me doy cuenta de que no hay ninguna esperanza. Ni Mary ni yo tenemos hermanos ni hermanas, así que no esperes que nos compadezcamos de ti ni te tengamos simpatía.

—¡Menuda suerte! Aunque no, eso no es cierto. Quiero mucho a mi hermana, aunque puede ser una pesada. Encantado de conocerte, Mary. Parece que vas a pasar algo de tiempo por aquí, así que con un poco de suerte podremos ponernos al día y hacer alguna otra cosa.

—Por supuesto.

Mary y Ryan se dieron la mano y Phil le dio una palmada en el hombro a su compañero.

—¡Buena suerte!

Después de debatir qué iban a hacer para comer de camino al apartamento de Phil, decidieron comprar algunas cosas en una deli del vecindario y comer en casa, mientras charlaban.

—Así que… ¿Sinceramente, cuál es tu opinión? —Phil le preguntó a Mary cuando se sentaron a comer.

—¿Sobre el escritor? —Phil asintió. Mary comió un poco de pan y cuando acabó de masticar miró a Phil. —Tú sabes que no tengo bola de cristal ni súper-poderes. No puedo mirar al tío y saber lo que está pensando.

—Por supuesto que lo sé. Y no sugerí que vinieses para que obtuvieses una confesión, ni nada por el estilo. Pero tengo curiosidad por saber qué opinas.

—Creo que Ryan tiene razón. Y tú también. No parece que le hayan afectado en lo más mínimos sus acciones o que le preocupe en absoluto cómo está la víctima. Puede que le preocupe lo que le pueda pasar a él, pero el bienestar del Sr. Green para nada. Le haga hecho lo que le haya hecho ese hombre, me parece cruel. Despiadado. Pero el Sr. Wright tiene algo de razón. Quizás una evaluación formal nos dé una idea más clara de todo.

Phil miró a Mary de lado.

—¿Qué?

—Tú no crees que le pase nada.

—No. Tienes razón. No creo que sufra de una enfermedad mental, no. Con respecto a su personalidad, sin comentarios.

—Pero usarás tus métodos de interrogación para averiguar la verdad.

—No soy una experta en tortura, Phil. Me limitaré a hacerle unas preguntas e intentaré establecer cuál era su estado mental en el momento del incidente. Eso es todo.

—Vale. Si tú lo dices.

Mary miró a Phil, frunciendo el ceño, y él alzó las manos gesticulando con los labios, ‘lo siento’. Al cabo de unos minutos de comer en silencio, Phil preguntó:

—Así que, ¿qué opinas de los jugadores?

—¿Los jugadores? ¿Te refieres a los empleados del bufete? —él asintió. Ella se rio. —Bueno, Tania…

—Tania no es una jugadora. Es simplemente un elemento decorativo.

—¡Phil! —Mary le dio un puñetazo de broma en el brazo.

—OK. OK. No hace falta que te pongas feminista conmigo. Ya sabes que estoy totalmente a favor de la mujer al poder, pero a Tania ni siquiera le interesa el Derecho. Sospecho que su padre debió pensar que al menos si estaba aquí no andaría por ahí metiéndose en líos y en mala compañía. ¡En serio!

Mary siguió comiendo y haciendo ver que estaba enfadada. Phil tenía mucha paciencia en cuestiones relacionadas con el trabajo, pero no toleraba que le hicieran el vacío.

—Así que, ¿qué piensas?

—¿De tus colegas?

—Sí.

—Es difícil de saber. Solo los he visto con tu jefe delante, aparte de a Ryan muy brevemente, y no me atrevería a juzgar basándome en eso. ¿Es Steve su mano derecha?

—Steve llegó a cubrir la posición de pasante al poco de que Wright montara el bufete. Han pasado por muchas cosas juntos, aunque corren ciertos rumores de que Steve estuvo envuelto en algún escándalo y es por eso por lo que no se ha independizado y creado su propio bufete, y por lo que no ha insistido en que su nombre figure al lado del de Percy.

—¿Un escándalo? —Mary miró a Phil con los ojos de par en par.

—Sí, ya sé que no lo parece. Y no tengo ni idea de qué tipo de escándalo se trata. Parece que fue hace mucho tiempo y está muy bien enterrado.

—¿Y Ryan?

—Como te dije, espera convertirse en asociado, aunque yo no estoy seguro de que vaya a encajar. Es demasiado… Bueno, es como el bufón de la corte. Siempre dando botes por aquí y por allá y diciendo lo primero que se le pasa por la cabeza. Lo mismo hace reír a alguien que se expone a que le den una buena paliza.

—A mí no me parece que sea un bufón, para nada. Creo que es un observado muy sagaz, aunque a veces no se expresa de forma adecuada, y puede que la gente no se lo tome en serio. Pero allá ellos.

—OK… Y aún no has conocido a Lance, la más reciente y lustrosa adquisición. No lleva demasiado tiempo con nosotros pero tiene la imagen y los credenciales perfectos. Y Percy se comporta como un niño con zapatos nuevos: se lo tiene que ir enseñando a todo el mundo.

—Ya veo que te cae muy bien —dijo Mary, guiñándole un ojo.

Phil se rio.

—No es él en sí, sino el efecto que le causa a la gente. Pero, de todas formas, es demasiado pronto para poder formar una opinión firme.

—Pero también habrá otra gente trabajando allí, ¿no?

—Sí, pero en otros departamentos o ejerciendo otro tipo de funciones. Puede que llegues a conocer a algunos de ellos, pero estos son los que van a estar involucrados en el caso más probablemente.

—Tengo muchas ganas de verlos a todos en acción. Y a ti también, por supuesto.

Phil sonrió y los dos recogieron la mesa.

—Y ahora, ¿qué vamos a hacer con el resto del fin de semana? —Mary preguntó.

—Podemos hacer de turistas, y hacer lo típico que se hace en Nueva York —dijo Phil. —¿Qué te parece?

—¡Una idea estupenda!

Y eso fue lo que hicieron. Se pasearon por Central Park, incluso fueron a dar un paseo en un coche de caballos, visitaron el Empire State Building y subieron a la azotea, hicieron cola en la taquilla de entradas a medio precio de Times Square y fueron a ver un musical, fueron a ver los escaparates de la Quinta Avenida…

—Es un sitio fabuloso —dijo Mary.

—Sí. A uno le entran ganas de cantar ‘New York, New York’—respondió Phil.

—No, por favor. Ya sé cómo cantas.

Phil se rio.

Una vez llegaron al apartamento de Phil, el domingo por la noche, vieron que había un mensaje en el contestador automático. Mientras Mary iba a dejar su bolso en la habitación de los invitados, Phil lo escuchó. Ella se reunió con él en la cocina.

—Era de la oficina. Parece que el cliente estará allí mañana por la mañana temprano para repasar algunos detalles y hacer el papeleo. Percy se preguntaba si podrías verlo y empezar tu valoración sobre las once de la mañana.

—Sí, no hay problema. Supongo que le contarán primero lo que vamos a hacer.

—Bueno, sí. Yo tengo que ir más temprano. Siempre tenemos una reunión a primera hora de la mañana, sobre las nueve, para hablar de los casos en los que estamos trabajando. Si no te importa esperar un rato, podrías venir conmigo.

—¿Por qué no? Me llevaré un libro.

—Eso no es ninguna sorpresa.

Si queréis poneros al día con los otros capítulos los podéis encontrar aquí:

Capítulo 1

Capítulo 2

Y por si aún no os habéis enterado, para celebrar que estoy a punto de publicar la precuela y el nuevo año Una vez psiquiatra… está en promoción especial, a solo $0.99. Aquí os dejo los detalles.
Una vez psiquiatra... de Olga Núñez Miret Portada de Ernesto Valdés                                                             Una vez psiquiatra…  Portada de Ernesto Valdés

Una vez psiquiatra…

‘Una vez psiquiatra…’ es una colección de tres historias protagonizadas por Mary, una psiquiatra y escritora. Ella está empeñada en dedicarse totalmente a su carrera literaria pero las circunstancias y sus amigos parecen conspirar para arrastrarla de nuevo al mundo de la psiquiatría.

En ‘Carne de cañón’ Mary tiene que examinar a Cain un joven Afro-Americano acusado de  incitar un motín religioso cuando declaró que oía la voz de Dios y que Dios era negro. Puede que no esté loco, pero Mary está segura de que esconde algo.

En ‘Trabajo en equipo’ Mary se ve forzada a ofrecerle terapia a Justin, un policía que se siente culpable cuando su compañero, que era también como un padre para él, es asesinado durante una investigación rutinaria. Antes de que Mary consiga desenmarañarse del caso, el caso se vuelve muy personal.

En ‘Memoria’ Mary desparece después de un incidente con Phil, que está maníaco ya que no se ha tomado la medicación. Cuando la encuentran ella ha sido víctima de un terrible crimen, pero pronto descubren que tuvo más suerte de la que se pensaban.

El epílogo nos muestra a Mary durante el juicio de su raptor y vemos cómo ha cambiado su vida. ¿Conseguirá por fin dejar la psiquiatra, o una vez psiquiatra, siempre psiquiatra?

AMAZON (e-book)    KOBO           NOOK            APPLE           SCRIBD        

PAGE FOUNDRY   OYSTER     PAPEL          

Gracias a todos por leer, y ya sabéis, dadle al me gusta, comentad, compartid y haced CLIC!

 

Categories
Muestra de escritura

'I Love Your Cupcakes' (Me encantan tus cupcakes) Mi nueva novela romántica y muy dulce está al caer. Y aquí os dejo el principio

Hola a todos:

No sé si recordaréis que hace unos meses pedí consejo en el blog sobre una novela romántica que estaba planeando, pidiendo sugerencias sobre títulos, nombres, recetas… Vamos, de todo. Y hace unas semanas como parte de un blog hop sobre los personajes de las  novelas que estábamos escribiendo mencioné a los principales protagonistas de la mía.  Pues bueno I Love Your Cupcakes (Me encantan tus cupcakes) está acabada en borrador, y ando corrigiéndola, poniéndola guapa, y haciendo todas esas cosas que se hacen antes de lanzar nuestras creaciones al mundo.

Pero como hace tiempo que vengo hablando de ella, me pareció que podría compartir al menos el principio con vosotros, para que no os quejéis de que no os tengo al tanto. Y la probable portada.

I Love Your Cupcakes (Me encantan tus cupcakes) de Olga Núñez Miret. Portada de Lourdes Vidal
I Love Your Cupcakes (Me encantan tus cupcakes) de Olga Núñez Miret. Portada de Lourdes Vidal

Prólogo. Ahora

 

—¡Cámara, acción!

Dulcinea (Dulce para sus amigos) se quedó paralizada. Veía hablar al productor pero su mente iba a mil por hora y no procesaba nada. “¡Dios mío! ¿Cómo me he metido en este lío? ¿Por qué me he dejado convencer?” se preguntó. El codazo de Adelfa la despertó:

—¡Vamos! ¡Solo tenemos 45 minutos para crear la Madre de todos los Cupcakes.

—Pues si eso es lo que tenemos que hacer, ¡a la carga!

 

Capítulo 1. Inicios (Hace tres años)

A Dulcinea le encantaba su nombre. Siempre le había parecido que le sentaba como un guante. Tanto era así, que si la hubieran llamado de otra manera estaba convencida de que se habría cambiado el nombre a Dulcinea. OK, no era el nombre más típico para una chica norteamericana, pero su madre, Carmen, era española, y siempre había opinado que la dama/amor imaginario de Don Quijote se merecía una segunda oportunidad y un papel más importante que el que le había tocado. También le encantaba el hecho de que el diminutivo era Dulce. Y si había algo que le gustaba a su madre eran las cosas dulces. Carmen era la mejor pastelera amateur de entre las madres de todas sus amigas y dudaba que hubiera muchos profesionales de la repostería y los postres que pudieran competir con ella. Su talento culinario alcanzó tal popularidad que mucha gente le pedía que les diera recetas o les enseñara cómo preparar pasteles hasta el punto que decidió hacer un cursillo de cocina y postres en el instituto local de enseñanza para adultos y siguió con él hasta su fallecimiento. Era de justicia y totalmente apropiado que su hija fuera Dulce.

—¿Qué me dices entonces? Llevas demasiado tiempo luchando contra tu destino. ¿Cuántas carreras y trabajos distintos has probado? —le preguntó Adelfa su mejor amiga, que aunque siempre apoyaba sus ideas, desde luego no se mordía la lengua en cuanto a expresar su opinión —. Déjame contar…

—¿…las maneras? —bromeó Dulce.

—No te pongas Shakesperiana conmigo.

—Es Elizabeth Browning, no Shakespeare.

—¿Ves como llevo razón? Sé que adoras los libros pero…si al menos pudieras hacer algo útil con ello quizás, pero así…Vale, volvamos a lo que estábamos hablando antes de la interrupción literaria. Peluquería…— Adelfa contó uno con los dedos.

Ahora, si esto fuera una película, vendría un montaje de unos cuantos cortes de pelo con poca gracia y nada chic, una permanente quemada hasta el punto de que se cayeran mechones de pelo, aunque el mayor desastre de Dulce siempre fue el tinte y el color. Una paleta de colores naranja brillantes e inesperados, verdes fosforescentes, e incluso efectos tricolor habían salido de sus manos y sellado su salida de la escuela de peluquería por la puerta de atrás.

—Azafata… —Dos.

La película mostraría ahora como a Dulce se le caían las bolsas de equipaje al intentar colocarlas en el compartimento superior, como le aplastaba el pie con el carrito de la comida a un pasajero, le echaba el café por encima a otro, y como se caía sentada encima de varios pasajeros y pasajeras. Nunca se le había dado bien llevar tacones y al final decidió que viajar constantemente tampoco era lo suyo. Por lo menos no le vomitó encima a nadie.

—Horticultura y jardinería ornamental… —Tres.

Esto podría ponerse feo, especialmente si os gustan las flores y las plantas. Nadie podía acusar a Dulce de tener la mano partida para la jardinería. Aparte de composiciones rocosas sin plantas, nada había sobrevivido a sus experimentos como jardinera. Y sus diseños de jardines parecían algo salido de El Bosco. Adelfa solía bromear y decirle que tendría éxito si se especializase en jardines para Goths. Aunque que ella supiera a los Goths no les iba demasiado el aire libre ni los jardines.

—Empresariales… —Cuatro.

De hecho, los estudios le fueron bien. Aunque Dulce prefería la ficción y la literatura no le disgustaban los números y el estudiar en general. Así que la parte teórica no le había ido mal. Una vez llegó el momento de aplicarlo a situaciones de la vida real, ella era demasiado amable y bien educada y no se arriesgaba lo suficiente, no le gustaba la competición salvaje y no era agresiva así que jamás tuvo éxito. Aunque se planteó dedicarse a la enseñanza, los profesores con más carisma eran los que tenían muchas anécdotas personales que contar, especialmente sobres sus éxitos y los fracasos de los demás. Y ella quería hacer algo que requiriera ponerse con las manos en la masa.

—Fotografía… —Cinco.

Dime, ¿no creéis que hoy en día con las cámaras digitales es totalmente imposible hacer una mala foto? Pues bien, si conocierais a Dulce sabrías que estáis equivocados. Mala iluminación, ángulos imposiblemente antiartísticos, partes del cuerpo en lugar del todo. Ni siquiera una top model quedaría bien en sus manos.

—Cuidar de niños…

—Vale, vale. Si estás intentando que me sienta mejor, estás haciendo un trabajo estupendo. Y no le pasó nada malo a ninguno de los bebés. Solo que no estoy hecha para ello. No todo el mundo tiene tanta suerte como tú, Adelfa. Siempre te ha gustado mezclar cosas y analizarlas. Has nacido para ser química y lo has sabido de siempre.

A Adelfa se le había dado bien la química desde muy joven y siempre había impresionado, primero a los maestros y luego a los profesores de universidad, con su talento. Cuando se graduó varias de las más grandes compañías farmacéuticas se la disputaron, aunque ella escogió enseñar en la universidad local y dedicarse a su propia investigación. Pero su éxito profesional no parecía bastarle. Y a pesar de su aspecto (hermoso color café con leche, boca hecha para besarla, curvas en los lugares adecuados y un trasero que hasta Beyoncé estaría orgullosa de lucir) volvía a estar de duelo por otra relación amorosa fallida.

—Sí, pero aún no he encontrado una fórmula que si se la damos a los hombres haga que los idiotas y los perdedores se vuelvan fluorescentes.

Dulce no pudo evitar imaginarse los resultados de tal preparado. ¡Valdría millones!

—Quizás te haría falta estudiar magia en lugar de química para eso. Aunque mi experiencia en el tema es muy limitada diría que la ciencia y los mejores cerebros han fallado miserablemente al intentar encontrar la fórmula para la relación perfecta.

—Probablemente no es culpa de los tíos. Soy yo. Parece que tengo un talento especial echar a perder incluso al mejor tío.

Dulce odiaba ver así a su amiga. Primero porque no tenía razón. Segundo, porque era su amiga y la apoyaría en lo que fuera. Y tercero, porque su último novio, Melvin, no era el mejor tío ni con diferencia. Desde luego los había tenido peores, pero Melvin era uno de esos tipos que se creen que coleccionar mujeres es un hobby de categoría y que cuanto mejores sean las mujeres, más valor tienen para él. Les iba a la zaga, usaba todos los trucos románticos a su alcance, y entonces, una vez las tenía aseguradas, se iba a por otra, a por el siguiente reto, la siguiente joya en la colección.

—Estoy segura de que si quisieras podrías echar a perder a alguien, pero no, no es culpa tuya. Tienes razón; era un idiota y un perdedor. Y vale, también tienes razón sobre mí. Nada de lo que he hecho hasta ahora ha funcionado. Y sí, es cierto, se me da bien la repostería, pero ¿cómo voy a vivir de eso?

El talento repostero de Dulce había sido objeto de muchas conversaciones entre las dos amigas a través de los años, pero últimamente Adelfa le había estado dando la lata a Dulce más de lo habitual con ello.

—¿Por qué no preparamos algún pastel y luego hablamos? Una de las recetas de tu madre. ¿Por qué no aquel pastel que llevaba chocolate, almendras tostadas, huevo, mantequilla, leche, harina y levadura?

—¿Reina de Saba? ¿Pero tendremos todos los ingredientes a mano? —preguntó Dulce.

Adelfa se echó a reír mientras cogía las llaves del coche.

—¡Vamos a comprar! ¡Y necesitaremos unas cuantas cosas más!

—Helado, crema…

—Y también algunos snack salados, para equilibrar la dieta un poco. Al menos el gilipollas me dejó antes de que nos fuéramos a vivir juntos y no tendré que perder el tiempo trasladando trastos. ¡Deprisa! ¡No gastemos ningún tiempo de cocinar!

Una vez de vuelta en su apartamento (de hecho el piso bajo de una casa convertida en un par de apartamentos, con la ventaja de que ellas tenían el patio y un viejo pero aún energético limonero todo para ellas) vaciaron las bolsas de la compra, se pusieron los delantales y se echaron manos a la obra. Adelfa también había comprado una buena reserva de bebidas y se sirvió un vaso de vino tinto y una limonada para Dulce.

—Un día de estos tendremos que conseguir que bebas alcohol. Esta postura anti-alcohólica es demasiado remilgada y aburrida.

—Conoces perfectamente bien mi opinión sobre la bebida, Adelfa. No es nada religioso, ni siquiera moral, aunque no es que pueda decir que me guste lo que le puede hacer a la gente. Es…

—Cuestión de sabor. Ya lo sé, ya lo sé.

—No me importa usarlo para cocinar. De hecho debo admitir que ayuda con algunas recetas. Mucho.

—Ya sabes lo que pienso sobre eso. Como dice el dicho: Me gusta cocinar con vino. ¡A veces hasta lo pongo en la comida!

Dulce se encogió de hombros y las dos se rieron y se dedicaron a cocinar. Las dos amigas pelaron las almendras, mezclaron la mantequilla y el azúcar, trituraron las almendras en trocitos pequeños, separaron las yemas de las claras del huevo, derritieron el chocolate con un poco de leche y añadieron todos los ingredientes (y la harina y la levadura). Vertieron la mezcla en un molde, la metieron en el horno caliente y salieron al patio después de haber lavado los cacharros, a esperar a que el horno obrara su magia. Hacía poco que se habían comprado una silla/columpio doble y las dos se sentaron de un salto, meciéndose hacia atrás y hacia adelante lentamente.

—¿Alguna idea? ¿Cómo podemos convertir mi talento para la repostería en un negocio? Bueno, debería decir “nuestro” talento para la repostería, ya que tú eres la que siempre consigue descubrir la perfecta combinación y la cantidad de ingredientes que asegura que los pasteles o las masas hagan lo que se supone que deben hacer —dijo Dulce.

—De acuerdo, tú eres la Diosa de los Sabores y yo la Reina de la Química y de calcular las cantidades y la temperatura del horno. No estaba pensando en dejar mi trabajo, especialmente la investigación, aunque siempre podría trabajar menos horas, pero podríamos experimentar después de mi trabajo y yo podría dejar preparadas instrucciones precisas para que las puedan seguir otros miembros del personal que nos ayudarían con la repostería —dijo Adelfa.

—¿Personal? ¡Dios mío! Si tú vas a crear una metodología y recetas detalladas, quizás yo podría escribir un libro de cocina. O un libro de repostería y dulces. Siempre son populares y me encantan los libros, aunque nunca he escrito nada largo. Bueno, supongo que escribir un libro de recetas no es lo mismo que escribir otro tipo de libros.

Adelfa se estaba mordiendo el labio inferior, un hábito que tenía desde pequeña y al que volvía cuando se ponía a pensar, especialmente cuando estaba sola.

“Un libro de cocina. No es mala idea, pero como plan de negocios…Por lo que he observado, los libros de ese tipo que se venden bien suelen o haber sido escritos por famosos, por chefs conocidos (por ejemplo porque tienen un programa de televisión), o libros asociados con un restaurante o un local famoso. Creo que tendríamos que tenerlo en cuenta para cuando nuestra pastelería/cafetería se convierta en un éxito. Entonces podemos expandirnos y producir todo tipo de productos de mercado, no solo libros, sino quizás también nuestra propia marca de utensilios de cocina, podríamos asociarnos con algún distribuidor de harina y esencias pasteleras orgánicas y prestarles nuestra marca, delantales, libros de cocina para niños, videos, programas de televisión…

Dulce se sintió como solía cuando le entraba el pánico. Tuvo una sensación vívida de que las pecas le crecían y ocupaban toda su cara, su ojos verdes estaban a punto de salir proyectados de las órbitas y su pelo pelirrojo (o rubio caoba como insistía Adelfa) se ponía de punta. Sorprendentemente, cuando en ocasiones como ésta había conseguido verse en un espejo, solo tenía pinta de asustada y estaba pálida, aunque no acababa de creerse que el espejo no estuviese gastándole una broma. Ella sabía lo que sentía.

—¡Respira Adelfa! ¡Respira! Quizás deberíamos empezar por el principio. ¿Estamos hablando de una pastelería, o una cafetería o…?

—¿Y por qué no una mezcla de las dos?

Sí, ¿y por qué no?

 

Gracias por leer, y si os ha interesado, ya sabéis, dadle al me gusta, comentad y compartid. Y os mantendré informados del lanzamiento oficial. 

GET MY FREE BOOKS
%d bloggers like this:
x Logo: Shield Security
This Site Is Protected By
Shield Security