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#GRATIS ¿Queréis una copia de mi audiolibro ‘Una vez psiquiatra… Los inicios’? Aprovechad esta oportunidad #thriller

Hola  a todos:

No sé si recordaréis que hace unas semanas os dije que mi libro Una vez psiquiatra … Los inicios la precuela de mi serie de thriller psicológicos Una vez psiquiatra… estaba ya disponible en Audiolibro, narrado por la maravillosa Camila Ribera.

Por fin he obtenidos códigos gratuitos para poder descargar el audiolibro en Audible.com o Audible.co.uk (aunque ahora hay Audibles en algunos otros países, en la mayoría de sitios lo podéis descargar a través de Audible.com, incluyendo los Estados Unidos y creo que España, aunque como yo estoy en Inglaterra no lo he podido comprobar).

Si queréis una copia… me podéis dejar un comentario, y si me dáis vuestro correo yo os puedo enviar las instrucciones y el código. No es nada complicado.

Aquí os cuento un poco más sobre el audio y os dejo varias muestras para que podáis decidir, con conocimiento de causa:

Una vez psiquiatra... Los inicios narrada por Camila Ribera
Una vez psiquiatra… Los inicios narrada por Camila Ribera

Una vez psiquiatra… Los inicios Olga Núñez Miret. Narración de Camila Rivera

¿Hasta dónde llegaría un escritor para conseguir una historia única? Esa es la cuestión que le plantea a la psiquiatra Mary Miller el primer misterio/thriller de su carrera. Conoce a los personajes principales de esta serie de thrillers psicológicos GRATIS y pon a prueba tu intuición y tu ingenio con esta novela corta sobre el precio de la ambición.

La doctora Mary Miller es una joven psiquiatra que sufre una crisis de vocación. Su amigo Phil, abogado criminalista que trabaja en Nueva York, la invita a visitarle y a asesorar a su bufete en el caso de un escritor al que acusan de un grave asalto. Su víctima llevaba tiempo acosándolo y acusándolo de haberle robado la historia de su vida, que él había convertido en un best-seller. El autor lo niega y alega autodefensa. Cuando la víctima muere, las cosas se complican aún más. La frontera entre la verdad y la ficción se difumina y secretos y mentiras salen a la luz.

Una vez psiquiatra… Los inicios es la precuela de Una vez psiquiatra… un volumen que recoge tres historias en las que Mary, con su experiencia como psiquiatra, ayuda a solucionar una variedad de casos, desde asuntos de religión y raza, pasando por el asesinato de un policía, y en la última historia, Mary se enfrenta cara a cara con un asesino en serie.

Si os gusta esta novela corta, no os olvidéis de que podéis leer más aventuras de Mary. Y aún quedan muchas por contar.

Enlaces:

Audible.com          Audible.co.uk            Amazon.com              Amazon.co.uk             iTunes

Si queréis escuchar una muestra en Soundcloud:

Y aquí en You Tube:

Pues ya sabéis, si os apetece, solo tenéis que dejarme un comentario con vuestro correo (en principio WordPress suele recoger los correos de los que dejan comentarios, pero a veces se equivoca) y yo os lo envío. Pero solo tengo unos cuantos, así que no os demoreis.

Gracias a Camila por su gran trabajo, gracias a todos vosotros por leer, y si os ha interesado, dadle al me gusta, comentad, compartid y haced CLIC (y si os apetece, dejadme un comentario y el correo). 

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GRATIS Lanzamiento Lanzamiento 'Una vez psiquiatra...' Muestra de escritura

#Nuevolibro GRATIS Una vez psiquiatra… Los inicios Ya está disponible y capítulo 6.

Hola a todos:

Una vez psiquiatra… Los inicios ya está a la venta, gratis en todas partes (bueno, en las que me han dejado de momento). Por cierto, si la véis por ahí a algún precio que no sea 0, me haríais un gran favor si se lo comentáis a los de la tienda, que eso ayuda a convencerlos de que tienen que ponerlo a cero.

 

Una vez psiquiatra. Los inicios. Olga Núñez Miret. Portada de Ernesto Valdés
Una vez psiquiatra. Los inicios. Olga Núñez Miret. Portada de Ernesto Valdés

Una vez psiquiatra… Los inicios Olga Núñez Miret

¿Hasta dónde llegaría un escritor por conseguir una historia única? Esa es la cuestión que le plantea a la psiquiatra Mary Miller el primer misterio/thriller de su carrera. Conoce a los personajes principales de esta serie de thrillers psicológicos GRATIS y pon a prueba tu intuición y tu ingenio con esta novela corta sobre el precio de la ambición.

La doctora Mary Miller es una joven psiquiatra que sufre una crisis de vocación. Su amigo Phil, abogado criminalista que trabaja en Nueva York, la invita a visitarle y a asesorar a su bufete en el caso de un escritor al que acusan de un grave asalto. Su víctima llevaba tiempo acosándolo y acusándolo de haberle robado la historia de su vida, que él había convertido en un best-seller. El autor lo niega y alega autodefensa. Cuando la víctima muere, las cosas se complican aún más. La frontera entre la verdad y la ficción se difumina y secretos y mentiras salen a la luz.

Una vez psiquiatra… Los inicios es la precuela de Una vez psiquiatra… un volumen que recoge tres historias en las que Mary, con su experiencia como psiquiatra, ayuda a solucionar una variedad de casos, desde asuntos de religión y raza, pasando por el asesinato de un policía, y en la última historia, Mary se enfrenta cara a cara con un asesino en serie.

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Aquí podéis ver una muestra en vivo y en directo:

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Por si acaso preferís seguir leyendo la historia aquí, y como lo prometido es deuda, os dejo el capítulo 6. Pero no os olvidéis de descargar el libro, decírselo a otros y si la leéis y os gusta, dejar un comentario. Gracias!

6. La sorpresa

Phil siempre se había creído buen observador y solía bromear con Mary diciéndole que él era un psicólogo amateur. Era cierto que el talento que tenía en ese sentido le había resultado muy útil en su trabajo. Observó las interacciones entre Ryan y Mary mientras conducía de vuelta a Nueva York. Se había cuestionado si esos dos conectarían, pero le preocupaba que si le preguntaba directamente a Mary, eso la espantara. No apreciaba las interferencias en ese tipo de temas. Aun así, cuando dejaron a Ryan en su apartamento, y de vuelta al suyo, Phil le preguntó a Mary:

—Entonces ¿qué opinas?

—¿Qué opino sobre qué? La casa de tu jefe es increíble, aunque no puedo decir que me hayan gustado demasiado sus invitados ni el estilo de vida tan artificial. Dudo que alguien haya expresado sus verdaderos sentimientos siquiera una vez durante todo el fin de semana. Bueno, quizás una persona.

—Y estás hablando de…

—Lance. Me parece que tú estabas demasiado lejos para enterarte, pero una mujer que estaba sentada frente a nosotros hizo un comentario muy poco amable sobre Miles Green y él se enfadó y le dijo lo que pensaba.

—Oh… Creía que estabas hablando de Ryan.

Mary sonrió.

—Parece que Ryan siempre dice lo que piensa. Incluso cuando sería mejor para él no hacerlo. Me gusta.

Phil se preguntó qué cara habría puesto, porque Mary lo miró y agitó la cabeza vigorosamente.

—No, no, no empieces a intentar emparejarme con Ryan. No funcionaría jamás. Puede que llegásemos a ser buenos amigos, pero no puedo imaginarme ninguna otra cosa.

Phil suspiró y miró a Mary antes de maniobrar el coche para aparcar.

—Podría intentar conseguirte una cita con Lance, pero sé que tiene mucha demanda. Podría resultar difícil.

—Déjate de hacer de celestino e intentar organizarme citas con nadie, por favor. Y, ¿acaso estás insinuando que Lance es demasiado bueno para mí?

—¡No, por supuesto que no! Tú eres demasiado buena para él, pero ya sabes que hay cierto tipo de chicas que solo van detrás de los tíos llamativos.

Mary miró a Phil de reojo, pero acabo sonriéndole. ¡Buf! Se había librado por el momento.

—Bueno, me voy a hacer la maleta y ya me tengo que ir. Debo trabajar mañana. Muchas gracias por invitarme. Ha sido interesante.

—Estoy seguro de que seguirá siendo interesante. Y también de que Percy querrá que nos ayudes en el futuro, en otros casos si no en este.

—Me parece que Oliver Fenton es una causa perdida, al menos en lo que respecta a que yo le haga una evaluación. No hay que preocuparse. Es mejor así. No me gustaría haber tenido que ir a juicio y testificar sobre él. Me temo que habría causado más daño que bien a su causa. Aunque quizás eso no sea tan mala cosa.

Phil acompañó a Mary a la estación y se despidieron antes de que ella se montara al tren.

—Gracias de nuevo, Phil. Y mantenme informada de las novedades.

—Por supuesto que lo haré. Y no te olvides de llamarme cuando llegues a casa. Para decirme que llegaste bien.

—Sí, mamá.

Se besaron y Phil siguió a Mary con los ojos mientras caminaba por la plataforma y subía al vagón. Volvió a casa preguntándose por qué sería Mary tan tozuda con respecto a las relaciones. Era cierto que quizás su ejemplo personal no la había animado a intentarlo, pero…

Profesionalmente, los días siguientes fueron muy raros y Phil casi no tuvo tiempo de pensar en nada que no estuviera relacionado con el trabajo. El jueves por la noche decidió pasar de ir a tomar otra copa después del trabajo para relajarse, y se fue directo a casa. Tuvo que pararse a comprar algo de comida por el camino, ya que casi no había estado en su apartamento desde que Mary se había ido, aparte de unas cuantas horas para dormir. Se duchó, comió algo, y cuando iba a enchufar la televisión, decidió llamar a su amiga antes. Quería saber qué le parecerían las noticias. Ella respondió muy deprisa.

—Hola, Mary.

—Hola, Phil.

—¿No estás de guardia ni nada así, no?

—No, no te preocupes. He estado pensando en ti. Estaba leyendo una entrevista con Oliver Fenton ayer, y sí, no pude evitar ponerme a  pensar en ti, en Fenton… bueno, en todo el bufete.

—De hecho, ha habido algunos cambios.

—¿De veras? ¿Puedes hablar de ello o es confidencial? —la voz de Mary sonó burlona.

—Percy se fía de ti, así que supongo que no hay problema. Lo cierto es que lo sabrá todo el mundo dentro de poco, aunque dudo que tú te fueras a enterar.

—Vale, vale, ya me has intrigado. Dame la noticia.

—Lance… No lo adivinarías nunca. Lance fue y…

—Dejó el bufete.

Phil se quedó boquiabierto. ¿Cómo diantre lo había adivinado?

—¿Lo sabías? Debías saberlo ya. Ni en un millón de años hubieses sido capaz de adivinar una cosa así. ¡Nos pilló a todos por sorpresa! ¿Te llamó Ryan?

—¿Ryan? No tiene mi número de teléfono. No, por supuesto que no.

—¿Cómo lo has sabido entonces?

—Ya deberías saber que tengo una bola de cristal. Debe haber sido un shock para todo el mundo.

Phil estaba intrigado, pero sospechaba que cuanto más preguntara, menos probable sería que le respondiera la verdad. Sería mejor seguir con la conversación y quizás se le escapase. Sabía que se estaba agarrando a un clavo ardiendo, pero no se le ocurrió nada más para hacer que Mary confesase.

—Sí, desde luego. Y además la forma en que lo hizo. Se presentó temprano el lunes, entró en la oficina de Percy sin anunciarse, dejando la puerta abierta y le dijo que renunciaba. Que se había equivocado y que le importaban demasiado la ética y la moralidad como para seguir con jueguecitos. Que no quería seguir poniéndose del lado de los ricos y poderosos. Y se largó. Percy se quedó allí de pie, abriendo y cerrando la boca del asombro, como un pez. ¡Fue digno de ver!

—Me hubiera encantado verlo. ¿Y qué ha pasado con el caso? ¿Quién está a cargo?

—Percy no parece dispuesto a que le vuelvan a sorprender y ha decidido encargarse personalmente. De todas formas, su nombre ya constaba en el papeleo. Por supuesto, eso quiere decir que los demás nos pasamos el día como sus recaderos corriendo de aquí para allá. Aun así…

—¿Tendrá suficiente tiempo para preparar el caso?

—Falta un mes para la fecha oficial del juicio, pero con el cambio de equipo dice que va a pedir un aplazamiento de una semana o dos.

—Sí, eso le iría bien. ¿Y cómo está el resto de la gente?

Phil estuvo al teléfono con Mary un rato más, pero ella lo tuvo entretenido hablando de todo tipo de cosas, y no volvió a mencionar a Lance o su misteriosa fuente de información. Quizás la próxima vez.

Y por si preferís poneros al día aquí mismo, os dejo los enlaces a los otros capítulos (ya solo quedan dos!):

Capítulo 1

Capítulo 2

Capítulo 3

Capítulo 4

Capítulo 5
Y hasta finales de Febrero Una vez psiquiatra… está en promoción especial, a solo $0.99. Hoy en lugar de la descripción, podéis leeros una muestra directamente desde aquí.

Y unos cuantos enlaces:
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Gracias a todos por leer, y ya sabéis, dadle al me gusta, comentad, compartid y haced CLIC!

 

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Muestra de escritura Promoción de libros

#GRATIS. Capítulo 2 de Una vez psiquiatra… Los inicios. Y oferta

Hola a todos:

Lo prometido es deuda, así que aquí os traigo el capítulo 2 de la precuela de Una vez psiquiatra… Una vez psiquiatra… Los inicios

Una vez psiquiatra. Los inicios. Olga Núñez Miret. Portada de Ernesto Valdés
Una vez psiquiatra. Los inicios. Olga Núñez Miret. Portada de Ernesto Valdés

2.     El bufete

—¡Mary! ¡Ya estás aquí!

Phil la abrazó y le dio palmaditas en la espalda. Tenía buen aspecto. Vestido de forma casual, bueno, casual para Phil, con unos pantalones chinos planchados con raya, zapatos italianos de piel negros, una camiseta tipo polo, y el pelo perfectamente peinado y con un corte muy pulido, y con una enorme sonrisa en los labios.  Sin lugar a duda tenía algo planeado.

—Pareces la personificación de un anglosajón blanco y protestante en su día libre— dijo Mary.

Él se rio.

—Bueno, bueno, tampoco hace falta exagerar. Llevo pantalones largos. I no llevo tweed ni ropa de jugar al golf. Y en mi corazón de corazones soy un chico de pueblo.

—Si tú lo dices…

Él agarró a Mary del hombro y cogiendo la maleta que ella había dejado en el suelo, la guio hacia adentro.

—Entra, entra, echa un vistazo. Puedes dejar tus cosas en tu habitación, aquí —dijo señalando una puerta — y luego desayunamos.

—Yo ya tomé algo en el tren.

—¡Pero yo no!

Mary le echó un vistazo rápido al apartamento de Phil  mientras él ponía la mesa. Techos altos, ventanales enormes y un aire de discreta elegancia. Un poco anticuado, pero sin llegar a ser pretencioso.

—¿Qué te parece?

—Es un hermoso edificio en una calle muy tranquila, especialmente considerando que está en Manhattan.

—El alquiler es caro, pero lo prefiero a uno de esos apartamentos modernos sin personalidad ni encanto.

Comieron las tostadas en silencio. Finalmente, Mary preguntó:

—Pero, ¿qué te parece el bufete? Sé que tenías tus dudas. Creías que sería bueno para tu carrera pero no te convencía mucho su sentido de la ética.

—Y sigue sin convencerme, aunque me callo mi opinión. No preguntes, y así no sabrás nada que no debas, si sabes a qué me refiero. Pero trabajan allí algunos de los mejores abogados de la ciudad, e incluso del país, y ya he aprendido mucho. Y estoy seguro de que me queda mucho más por aprender aún.

—¿Estás pensando en llevar a cabo una revolución desde dentro? —preguntó Mary.

Phil no levantó la mirada del plato, y siguió jugando con la mermelada y la mantequilla, haciendo dibujos con el cuchillo.

—No tengo un plan de ataque preparado. Hasta ahora no les he visto hacer nada demasiado cuestionable, aunque sí, prefieren dedicarse a casos que atraen mucho la atención pública y que tienen muchas posibilidades de aparecer en los periódicos y la tele. Pero, no hay nada malo en obtener publicidad gratis.

Mary posó su mano derecha sobre la de él y consiguió que dejara de jugar con la comida y la mirara.

—¿Eh?

—No me digas que estás pensando en pasarte al lado oscuro.

Él se rio, aunque su risa sonó forzada y poco sincera.

—No hace falta que nos pongamos melodramáticos. Creo que la Fuerza sigue conmigo. Se han comprometido a encargarse de un porcentaje de casos gratuitos, y yo me he presentado voluntario. A veces uno tiene que aceptar un compromiso. Incluso el diablo puede ser un buen aliado si la causa lo merece.

—Ten cuidado. Me preocupa tu alma.

Cuando él abría la boca para contestar, sonó su móvil. Mary no tenía uno y  no lo quería. La idea de que alguien pudiera ponerse en contacto con ella en cualquier sitio y situación la ponía nerviosa. Odiaba estar de guardia, porque nunca podía sentirse uno completamente tranquilo y en paz y te podían llamar en el momento menos pensado, y a ella le daba la impresión que llevar uno de esos cachivaches equivalía a estar siempre de guardia. Pero a Phil le encantaban sus artilugios, como a la mayoría de los hombres a los que conocía. Ella también sospechaba que podía ser cosa de status. Aunque, pensándolo bien, probablemente lo requería el bufete.

—Sí. Por supuesto que estoy interesado en estar ahí cuando hablemos con el cliente—. Phil puso la mano en lo que Mary dedujo debía ser el micrófono e hizo un gesto con la cabeza señalando el teléfono. —Es sobre el caso del que te estaba hablando. El del escritor —susurró.

Mary asintió. Hasta aquel momento solo sabía que el caso tenía algo que ver con un escritor pero nada más. Phil estaba bordando lo de crear suspense.

—Sí. Seguro. Estaré ahí, Sr. Wright. Oh, mi amiga… sí, la psiquiatra —. Phil se quedó escuchando —Sí, por supuesto que le preguntaré. No creo que vaya a suponer ningún problema, si está seguro de que el cliente estará de acuerdo—. Él escuchó de nuevo y se rio. —Nos vemos en media hora. ¡Y gracias!

—¿Era tu jefe?

—Sí. Percy Wright. De los Wright de Virginia. No es que haga mucho en el bufete estos días, solo escoge algún caso que le interesa, de vez en cuando, pero les deja el trabajo duro a los otros abogados y él solo asoma las narices cuando le apetece. Por algún motivo le intriga bastante este caso.

—Supongo que ha dicho que puedo ir. ¿Pero qué dijo que te hizo reír?

—Ah, cuando le dije que yo creía que no te importaría venir, por supuesto si el cliente estaba de acuerdo, él me dijo que el cliente estaría de acuerdo con lo que le dijéramos. Que el susodicho cliente sabía que éramos su mejor oportunidad y que tendría que ganárselo. Y aún tendría que estar agradecido.

—Oh.

—Perdona por asumir que querrías venir…

—Por supuesto. No me lo perdería. Ahora mismo no estoy segura si me interesa más el caso, o tu jefe y el bufete.

—Bueno, el Sr. Wright siempre dice que quizás hayan cualidades intrínsecamente buenas y malas, pero el sistema judicial es un conjunto de reglas completamente arbitrarias y el lado en el que estamos es, en el mejor de los casos un agraciado accidente y en el peor de los casos mala suerte pura. Así que quizás no haya demasiada diferencia.

Mary se preguntó si su amigo creía de verdad lo que le acababa de decir o era una posición puramente filosófica. El Phil que ella conocía siempre había estado muy convencido de saber lo que era correcto y lo que no. Bromas aparte, estaba un poco preocupada.

Salieron del apartamento y cogieron un taxi.

Las oficinas del bufete donde trabajaba Phil (Wright y Asociados, Abogados) tenían vistas al parque. Ocupaban una planta entera en un edificio comercial muy elegante, completamente de vidrio y cubierto en superficies refractantes. El día estaba algo nublado pero Mary se imaginaba que en un día soleado debería destellar y brillar como un diamante.

Mientras estaban en el vestíbulo, esperando el ascensor, Mary dijo:

—¡Qué curioso! Esperaba que alguien como tu jefe tendría las oficinas en un edificio antiguo, lleno de historia y muy tradicional. Pero no. No podría ser un sitio más moderno y neutral si lo hubiera diseñado él así a posta.

—Me da la impresión de que quiere asegurarse de que todo es impersonal y fácil de sustituir. Aparte de él mismo, por supuesto. Y lo mismo se puede decir del nombre del bufete.

—¿No cuestionan los asociados el hecho de que sus nombres no aparezcan encima de la puerta, por así decirlo? —preguntó Mary.

Phil se volvió hacia ella con una media sonrisa.

—Como el Sr. Wright dijo sobre el cliente, no les queda más remedio que estar todos de acuerdo con lo que él dice. Y agradecidos. En mi opinión, todo se reduce a su insistencia en no darle a nadie la menor opción de reclamar algo. Los asociados vienen y van, pero solo hay un Sr. Wright.

Llegaron al piso superior del edificio y salieron del ascensor. Tan pronto como cruzaron las enormes puertas de vidrio, un hombre joven y delgado que había estado paseándose arriba y abajo, corrió hacia ellos.

—Oh, por fin estás aquí, Phil. El Sr. Wright no quería hacer esperar al cliente demasiado tiempo. Ya sabes que le gusta golpear con el hierro en caliente, como dice él.

—Hemos llegado tan pronto como hemos podido. Había mucho tráfico. Esta es mi amiga, Mary. Es psiquiatra. Nos conocimos en la universidad. Éste es Ryan Spencer. Uno de los abogados que trabaja aquí. Y aspirante a asociado.

Ryan llevaba gafas negras de pasta gruesa que le daban el aspecto de un niño empollón, y un traje de bello corte que le quedaba algo holgado. No como si fuera de una talla equivocada, pero como si él se hubiera adelgazado. Aunque no tenía aspecto de estar enfermo, solo ansioso.

—Hay días en que me contentaría con que me dejasen hacer mi trabajo en paz, pero eso no es muy probable. Encantado de conocerte.

Él extendió el brazo e inclinó la cabeza ligeramente mientras le estrechaba la mano. — Y ahora, entremos. El Sr. Wright dijo que no quería presentarte formalmente, Mary, ¿puedo llamarte Mary?, al menos de momento. Quiere que el cliente, el Sr. Fenton, crea que formas parte del equipo. Sin entrar en detalles

Ella asintió. No esperaba involucrarse en el asunto a largo plazo y eso le haría la vida más fácil. No hacía ninguna falta complicar exageradamente las cosas. Y también era cierto que la forma en que la gente reaccionaba cuando se enteraban de que ella era psiquiatra siempre le había resultado curiosa. Había gente que aprovechaba la oportunidad para intentar conseguir una consulta improvisada, en vivo y en directo. Otros se batían en retirada, como si les diera miedo que pudiese descubrir sus pensamientos y secretos más íntimos con solo mirarlos. Pero Mary no tenía súper-poderes, y aunque a veces tenía sus sospechas y podía conjeturar sobre lo que la gente estaba pensando, especialmente gente a la que conocía, a menos que la persona hablase con ella, era una misión casi imposible. También había gente que se lo tomaba como si fuese una broma o una graciosa anécdota, y le preguntaba si los iba a ‘analizar’. Aunque ella jamás había sido experta en psicoanálisis. Y el concepto, al menos como terapia, no le entusiasmaba demasiado.

Los tres entraron en lo que parecía ser una sala de reuniones, intentando pasar tan desapercibidos como fuera posible. Había una mujer de mediana edad, que llevaba un traje azul y estaba sentada con un laptop delante, en el rincón más alejado de la puerta. Había una chica joven y atractiva, rubia, con ojos de color de miel, con un vestido a topos, que estaba sentada cerca de la puerta. Tenía una libreta de notas pequeña y un bolígrafo y parecía estar preparada para no perderse ni una palabra. Al lado de ella estaba sentado un hombre, mayor que Phil y Ryan, probablemente cuarenta y pocos años, vestido impecablemente con un traje azul, que llevaba su pelo gris algo más largo de lo que parecía la norma en el mundo de los negocios. Quizás tenía una vena rebelde. Sentado ocupando la posición central de la mesa oval, estaba el Sr. Wright. Aunque Mary no lo conocía de antes, una vez vio al hombre que estaba sentado allí no le quedó la menor duda de quién era.

El aspecto del Sr. Percy Wright era bastante original. Vestía como si se encontrara en la casa de campo que con toda seguridad debía tener, de tweed, con una chaqueta que llevaba coderas marrones, y su cara, con mandíbula protuberante y nariz rota, parecía más apropiada para un boxeador que para un abogado de élite. Cuando se fijó en los detalles, se dio cuenta de que sus ojos verdes eran inquisitivos y denotaban autoridad, y las manos habían pasado por la manicura. Mary no estaba segura de si el hombre era un verdadero puzle o si había estudiado a fondo la manera de confundir a todos: a sus oponentes y a sus colaboradores. El jefe de Phil se giró hacia la puerta cuando ellos entraron y asintió brevemente. Phil le hizo un gesto a Mary, con la mano detrás de la espalda, para que lo siguiera.

Cuando se sentaron, en el mismo lado que el Sr. Wright, Mary por fin consiguió ver al ‘cliente’. Era más joven de lo que se había imaginado, treinta y tantos años, y era el único vestido de forma casual, con tejanos y una camiseta negra, que ella se preguntó si quizás fuera su uniforme, como había leído que hacía mucha gente exitosa (siempre llevaban el mismo tipo de ropa para ser más productivos y evitar perder el tiempo teniendo que tomar decisiones poco importantes). Tenía los ojos pequeños, tanto que Mary no los veía los suficientemente bien como para saber de qué color eran. Nada espectaculares. Estaba delgado, pero sus manos parecían las de un esqueleto, y ella confiaba en no tener que darle la mano. Le escalofriaba la idea de que iba a notarle los huesos.

—¿Estamos todos aquí, entonces? —preguntó el Sr. Wright. Todos asintieron. Miró alrededor de la mesa, para asegurarse de que todo el mundo le estaba prestando atención, y le hizo un gesto con la cabeza a su secretaria —Bien. Entonces, podemos empezar. Para los que no lo conozcáis aún, éste es Oliver Fenton, el famoso autor. Steve, danos los detalles del caso.

Steve, el hombre de edad indefinible, empezó a hablar:

—Al Sr. Fenton lo acusan de asalto agravado, aunque podría convertirse en intento de asesinato, según lo que decida el fiscal del distrito y cómo vayan las cosas, contra la persona de un tal Miles Green. El Sr. Fenton describe lo que equivale a un serio acoso por parte del Sr. Green, quien llevaba meses incordiando a su agente, y luego personalmente a él, enviándole cartas, llamándole por teléfono, presentándose en persona, y en general haciéndose de lo más pesado. El día del incidente, viernes 23 de abril, cuando el Sr. Fenton iba a salir de su edificio de apartamentos en la Quinta Avenida, el Sr. Green salió de repente de detrás de mostrador de recepción y atacó al Sr. Fenton, amenazándole e intentando estrangularlo. El Sr. Fenton consiguió zafarse de su atacante y lo tiró al suelo. Como se resistía e intentó atacarle de nuevo, el Sr. Fenton le golpeó en la cabeza con una lámpara metálica pesada. Parece que muy poco después una pareja que también vive en el mismo edificio llegó, y ellos detuvieron al Sr. Fenton y llamaron a la ambulancia y a la policía. El Sr. Green ya estaba inconsciente. No se ha recuperado desde entonces y sigue en el hospital en cuidados intensivos.

De eso hacía unas seis semanas.

—¿Qué has querido decir con lo de que ‘detuvieron’ al Sr. Fenton? —preguntó Phil.

—Él aún le seguía golpeando con la lámpara cuando entraron los vecinos.

—¿Tenemos fotos de la víctima? —Phil volvió a preguntar.

Steve cruzó una mirada con el Sr. Wright, quien asintió, y Steve le pasó una carpeta a Phil. Él miró el contenido durante unos segundos y entonces se la pasó a Mary. A ella no le pareció correcto mirarlas, pero se dio cuenta de que le parecería extraño al cliente, y le echó un vistazo rápido a las fotos. Dudaba que hubiera sido capaz de reconocer al Sr. Green basándose en aquellas fotos. Su cara estaba tan hinchada y amoratada que era difícil distinguir las rendijas de los ojos. El tabique nasal estaba aplastado, y parecía que los dos pómulos estaban fracturados. La siguiente foto mostraba un agujero de bordes irregulares en el cogote, a pocos centímetros de la nuca. El impacto había sido tan duro que el cráneo se había fracturado.

Le pasó la carpeta a Ryan que sacudió la cabeza, indicando que ya había visto el contenido, y se levantó, devolviéndosela a Steve.

—¿Hemos sabido algo de los médicos del Sr. Green? —preguntó el Sr. Wright.

Steve se aclaró la garganta y dijo:

—No tienen la menor idea de si sobrevivirá. Confiaban en que con esteroides la hinchazón del cerebro disminuiría y las cosas mejorarían, pero hasta ahora no ha sido así. Su familia ha pedido que le hagan más pruebas. Parecen estar decididos a desconectar el interruptor si no encuentran evidencia de actividad cerebral.

Mary estaba a punto de decir algo, pero Phil la agarró del brazo con fuerza y ella se quedó callada. Él preguntó:

—¿De qué familia estamos hablando?

Steve suspiró.

—Estaba, quiero decir está, casado y tienen mellizos, un niño y una niña, de 18 meses. Estaban separados y llevaban seis meses sin vivir juntos cuando ocurrió el incidente.

—Me echa culpa de su separación. La víctima, quiero decir—. Oliver Fenton acababa de hablar. Aunque habló bajo, había acero en su voz y sus palabras resonaron por toda la habitación. Sin evidencia ni de remordimientos ni de tristeza.

Todos estaban mirando al cliente. En lugar de intimidarse por tener todos los ojos encima, a Mary le dio la sensación de que se hinchaba y se estiraba, como si disfrutase de ser el centro de atención.

—Sí, me seguía a todas partes, me escribía, me llamaba por teléfono, se presentaba en mis eventos públicos, insistiendo en que yo se lo había quitado todo y era un criminal.

—¿Cómo? —preguntó Phil—. ¿Le conocía de algo? ¿Tuvo usted una aventura con su esposa? ¿Fue ese el motivo de la separación.

Fenton negó con la cabeza. Mary se dio cuenta de que se le estaba poniendo rojo el cuello.

—Jamás he conocido a su mujer. O a él antes de que empezara todo eso. Está loco. ¿Quién sabe por qué hace las cosas alguien tan loco como él?

—Incluso cuando las personas están ‘locas’, normalmente hacen las cosas por algún motivo, aunque quizás el motivo solo encaje en su versión delirante del mundo. ¿Tiene alguna idea de qué creía qué usted había hecho para destruir su vida? —preguntó Mary, haciendo caso omiso de la patadita que le había dado Phil por debajo de la mesa.

—Él insiste en que he escrito sobre él en mi libro. Le dijo a todo el mundo que él era la persona en la que yo había basado mi personaje principal, David Collins, e insistía en que debido a eso la gente lo acosaba. Parece ser que el tipo que había abusado de él había ido a verlo, convencido de que él había vendido la historia, y había amenazado a su familia, y Green había sido víctima de toda clase de humillaciones.

—¿Es cierto? —preguntó Phil, mirándome intensamente antes de girarse hacia el cliente.

—¡No, por supuesto que no! Sí, es cierto que he basado el libro en una persona a la que conozco, pero jamás había conocido a ese tal Miles Green antes. I he cambiado los detalles de la historia. Nadie sería capaz de reconocer al individuo en cuestión tan solo leyendo la novela. Me aseguré muy bien de eso.

El Sr. Wright se aclaró la garganta, ruidosamente. Por lo visto le había llegado el turno de hablar. Se inclinó hacia adelante y miró fijamente al cliente. El rostro de Fenton palideció, pero le devolvió la mirada.

—Así que, Sr. Fenton… Nos está diciendo que el Sr. Green se estaba poniendo muy pesado y le seguía a todas partes, acusándole de todo tipo de cosas y amenazándole. ¿No pensó en ir a la policía?

—¡Por supuesto que sí! Pueden preguntarle a mi agente, Mike Spinner. Les llamé e incluso fui a la comisaría a hacer una declaración. Ellos accedieron a amonestarlo pero dijeron que a menos que intentase hacer algo violento, no había mucho más que pudiesen hacer. Me dijeron que quizás lo más sencillo fuese que revelase quién era la persona detrás del personaje de mi novela. Así me dejaría en paz de una vez y se iría a darle la lata a otro. ¿Se lo pueden creer? ¡Revelar mis fuentes! —Dos marcas rojas habían aparecido en sus mejillas y se estaban extendiendo y sus ojos parecían a punto de salir disparados de la furia. Mary se dio cuenta entonces de que eran grises.

—Bueno, al fin y al cabo no es usted periodista… —dijo Ryan.

Fenton saltó de un bote de la silla, pero el Sr. Wright levantó la mano y le hizo un gesto consiguiendo que se volviese a sentar.

—No se excite, Sr. Fenton. Supongo que lo que el Sr. Spencer, nuestro joven amigo, quería decir era que la confidencialidad no es para usted una obligación profesional. Aunque naturalmente entiendo perfectamente que quiera proteger sus fuentes. Pero, me preguntaba si podría ayudarnos y explicarnos un poco los antecedentes del caso, ya que sospecho que no todos los presentes se habrán leído su historia, por popular que sea. Solemos tener las cabezas metidas en otros tipos de libros y papeles, así que tendrá que perdonarnos por nuestra ignorancia. Si pudiera ser tan amable y contarnos de qué va su novela, cuándo fue publicada, etc. No necesitamos demasiados detalles, solo lo justo para ayudarnos a entender las circunstancias en que se desarrolló todo el asunto.

Fenton siguió mirando a Ryan de lado mientras hablaba.

—Mi novela, La noche más oscura, es la historia de David Collins, un hombre que crece en una familia católica, y del que abusan sexualmente, primero un cura en la escuela religiosa donde estudia, y luego un vecino, que es amigo de su padre. Cuando se lo cuenta a su familia, no le creen, y acaban echándole de casa con solo quince años. Su vida es muy difícil. Vive en las calles por un tiempo, y sobrevive como puede hasta que lo empujan, literalmente, dentro de una oficina de reclutamiento del ejército y decide que debe ser el destino y se alista. Y su vida da un giro de 360 grados. Lucha por su país y se convierte en un ciudadano modelo.

—Ya veo. Y usted dice que está basado en una historia real— añadió el Sr. Wright, abriendo la carpeta y comprobando algo.

—Sí—. El escritor tenía los ojos pegados a la carpeta.

—Ahora mismo no le vamos a pedir que nos dé el nombre de esa persona, aunque quiero dejarle perfectamente claro que puede llegar a ser necesario que lo sepamos, más adelante, y que también estamos obligados, por nuestro código profesional, a mantener el secreto, así que no hace falta que se preocupe si llega ese momento. Mientras tanto, si pudiera decirnos cómo se tropezó con esa historia, a menos que el protagonista sea alguien a quien conozca de siempre…

—No, no. Nada de eso. De hecho, es muy simple. Hice de voluntario, hace años, y formaba parte del personal de una línea telefónica  que ayuda y aconseja a gente que piense en suicidarse, o que tenga problemas de salud mental en general. Un hombre joven me llamó y me contó su historia. Fue unos días antes de que se alistara y había tocado fondo. Charlamos un rato y accedió a volverme a llamar al cabo de unos días. Cuando me llamó de nuevo se había alistado y estaba a punto de ir al campo de entrenamiento. Me siguió llamando cuando pudo e incluso me llamó cuando lo enviaron a Iraq. Cuando volvió quedamos en vernos, y para entonces yo había decidido que su historia merecía ser contada, aunque fuera en forma novelada. Cuando se lo sugería él accedió, a condición de que él lo leería antes y yo cambiaría los detalles para proteger su privacidad y ocultar su identidad. Y eso fue lo que hicimos.

Solo levantó los ojos para mirar al Sr. Wright cuando acabó de hablar. A Mary le sonó a ensayado, pero era probable que le hubieran preguntado lo mismo muchas veces.

El Sr. Wright miró a su alrededor, como si estuviese esperando más preguntas. Phil no se lo pensó dos veces:

—¿Siguen en contacto?

—¿Quiere decir con el David original? Una vez la novela fue publicada y empezó a atraer tanta atención decidimos que sería mejor no ponernos en contacto, para evitar que alguien pudieran conectarle con el libro.

—Me sorprende que no se presentara voluntariamente cuando se enteró de que estaba usted en dificultades —dijo Ryan.

A juzgar por la mirada fulminante que le lanzó, Ryan no iba a recibir una postal de navidad del escritor.

—No resulta tan sencillo que se entere de las noticias.

A Mary le sorprendió que nadie le preguntara por qué. O la información ya se sabía, o todos asumieron que algún otro iba a preguntarlo y el momento oportuno había pasado. Ryan estaba sentado al borde de su asiento, pero incluso él debió pensar que ya se había ganado la suficiente hostilidad del cliente por un día y lo dejó correr.

—Si no les importa, tengo una cita con mi agente a la hora de comer. Habíamos organizado un tour de presentaciones y firmas de libros y con todo esto tendremos que cambiar las fechas.

—Sí, por supuesto. Maggie, mi secretaria, le dará unas cuantas citas, empezando el lunes por la mañana. Tenemos que discutir mucha información. Y usted aún no ha conocido al Sr. Mayfield. Aunque es uno de los asociados más jóvenes del bufete, tiene mucha experiencia en este tipo de casos.

Mary miró a Phil que asintió ligeramente con la cabeza, indicándole que hablarían sobre ello en otro momento.

El autor se levantó y se inclinó levemente. La mujer que había estado tecleando en la esquina le acompañó fuera de la sala de reuniones. Una vez se hubo cerrado la puerta detrás de ellos, el Sr. Wright se aclaró la garganta.

—Phil, ¿podrías presentarnos a todos a tu amiga, por favor?

Phil se sonrojó y se puso en pie. Mary no pudo evitar pensar en el director regañando a un niño.

—Ésta es la doctora Mary Miller. Es psiquiatra. También es escritora, aunque de momento aún no ha publicado nada.

Todo el mundo saludó con la cabeza. Phil entonces le presentó a todos. Steve Burman le sonrió amablemente. La chica joven, Tania —no mencionó su apellido al presentarla—, estaba allí en prácticas de la universidad.

—Mi padre trabaja en el departamento de contabilidad y pensó que sería un proyecto interesante. Y el Sr. Wright accedió con mucha amabilidad.

—Y Maggie, mi secretaria, que acaba de salir con el Sr. Fenton. Así que ¿primeras impresiones?

—Es una buena historia—dijo Steve.

—¿De veras te lo parece? —preguntó Ryan—. Hay muchos agujeros en ella.

—Casi tan grandes como el del cráneo de la víctima —añadió Phil—. No sé cómo de grande o pesada era esa lámpara, pero para conseguir hacerle un agujero de ese tamaño, tiene que haberle golpeado con algo muy pesado y muchas veces. Y una vez el asaltante estaba inconsciente, ¿por qué seguir golpeándole?

—Quizás convendría echarle un vistazo a su salud mental. Es posible que el acoso lo llegara a estresar tanto que perdió el control —dijo Steve.

—¿Podríamos convencerla, querida doctora, de que nos asesorara en este asunto? Podría hacer una evaluación del estado mental del Sr. Fenton y decidir si hace falta que hagamos algo más. Me refiero a pruebas, técnicas de imagen, o algún otro experto al que pudiéramos consultar que nos pueda servir de ayuda cuando montemos la defensa —dijo el Sr. Wright, mirando intensamente a Mary.

—No me dio la impresión de que estuviera demasiado perturbado, pero las circunstancias actuales no son las mejores para juzgar. Siempre que pueda hacerlo durante mi visita, me encantaría poder ayudar.

El Sr. Wright le sonrió a Mary y se levantó, saludando a todos con la cabeza y dando por finalizada, oficialmente, la reunión.

Para celebrar que la publicación de la precuela está al caer, y también para celebrar el nuevo año, Una vez psiquiatra… está en promoción especial, a solo $0.99. Aquí os dejo los detalles.
Una vez psiquiatra... de Olga Núñez Miret Portada de Ernesto Valdés                                                             Una vez psiquiatra…  Portada de Ernesto Valdés

Una vez psiquiatra…

‘Una vez psiquiatra…’ es una colección de tres historias protagonizadas por Mary, una psiquiatra y escritora. Ella está empeñada en dedicarse totalmente a su carrera literaria pero las circunstancias y sus amigos parecen conspirar para arrastrarla de nuevo al mundo de la psiquiatría.

En ‘Carne de cañón’ Mary tiene que examinar a Cain un joven Afro-Americano acusado de  incitar un motín religioso cuando declaró que oía la voz de Dios y que Dios era negro. Puede que no esté loco, pero Mary está segura de que esconde algo.

En ‘Trabajo en equipo’ Mary se ve forzada a ofrecerle terapia a Justin, un policía que se siente culpable cuando su compañero, que era también como un padre para él, es asesinado durante una investigación rutinaria. Antes de que Mary consiga desenmarañarse del caso, el caso se vuelve muy personal.

En ‘Memoria’ Mary desparece después de un incidente con Phil, que está maníaco ya que no se ha tomado la medicación. Cuando la encuentran ella ha sido víctima de un terrible crimen, pero pronto descubren que tuvo más suerte de la que se pensaban.

El epílogo nos muestra a Mary durante el juicio de su raptor y vemos cómo ha cambiado su vida. ¿Conseguirá por fin dejar la psiquiatra, o una vez psiquiatra, siempre psiquiatra?

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#GRATIS precuela de Una vez psiquiatra… y nueva portada.

Hola a todos:

Como os había prometido, voy a compartir la precuela de Una vez psiquiatra… mi colección de tres historias protagonizadas por Mary Miller, una psiquiatra y escritora, que he incluído dentro de la categoría del thriller psicológico, aunque las historias son bastante diferentes.

En la precuela descubrimos cómo Mary Miller se vio mezclada en el tipo de casos que luego forman una buena parte de su vida. El caso es el de un escritor que se ve obligado a defenderse de un fan/chiflado,  que lo acosa… ¿O no?

Ah, y Ernesto Valdés ha creado una portada espectacular. Así que, sin más bla, bla…

Una vez psiquiatra. Los inicios. Olga Núñez Miret. Portada de Ernesto Valdés
Una vez psiquiatra. Los inicios. Olga Núñez Miret. Portada de Ernesto Valdés

Y aquí está el primer capítulo (es un borrador…)

1.     La crisis

—¡Fue terrible! Te lo digo de verdad, Phil. ¡Una vergüenza! ¡El pobre tío estaba abriéndome su corazón y su alma, y yo ni siquiera le estaba escuchando! ¿Qué tipo de psiquiatra soy yo? ¿Dónde está mi empatía? Una de las profesiones que se cuida de los demás. ¡Ja! ¡Ni siquiera nos importa lo que nos dicen!

—Vamos, Mary. No te lo tomes así. Era de madrugada y llevabas trabajando todo el día —. Phil aprovechó que Mary había tenido que pararse a recobrar el aliento e intentó ofrecerle su punto de vista. No era abogado y la voz del raciocinio por nada. Su amiga Mary, normalmente tranquila y con la cabeza en su sitio, estaba descontrolada. Sí, era cierto que tenía un trabajo estresante, ya que trabajaba de psiquiatra internista residente en un hospital grande. Pero llevaba tiempo en formación y normalmente no se tomaba las cosas tan a la tremenda.

—Eso no es culpa suya. Joder, el tío estaba hablando de su vida, contándome que su novia le había dejado, que se estaba planteando suicidarse y yo… estaba en babia. No tengo la menor idea de lo que me dijo.

—No pasó nada. Le diste un buen consejo y evidentemente debiste oír más que suficiente. Probablemente solo desconectaste unos segundos. Y le proporcionaste lo que necesitaba.

—¿Cómo? Quería alguien que le escuchara. ¡Y yo no le estaba escuchando!

Phil se dio cuenta de que dijera lo que dijera lo más probable era que solo iba a conseguir empeorar las cosas, y decidió dejar que Mary se desahogara. Se le agotarían las pilas dentro de poco. Con un poco de suerte.

Ella dejó de hablar después de unos cuantos minutos más de lamentarse de su falta de empatía. Phil decidió que podía arriesgarse a intervenir de nuevo.

—¿Por qué no…?

—Es un timo, —ella le interrumpió. — ¿Te acuerdas de aquella película que se llamaba House of Games (Casa de juegos)?

—¿La que iba de una psiquiatra y unos timadores? ¿De David Mamet, no?

—Sí, justamente esa. Me estoy planteando que tenía razón. Montamos una escenita, una actuación y mientras seamos buenos actores, profesionales, tengamos el atrezo y sepamos usar la jerga apropiada,  colará.

—Si lo miras así, supongo que todas las profesiones son un timo— dijo Phil.

—Quizás. Pero la mayoría no van por ahí moralizando y diciéndole a los demás lo que tienen que hacer.

Phil estaba a punto de contradecir a Mary, pero se dio cuenta de que ella se estaba calmando y sería mejor probar una táctica diferente.

—Te deben tocar vacaciones dentro de poco, Mary. ¿Por qué no vienes a visitarme y pasar algo de tiempo conmigo? Podrías acompañarme al trabajo. Así podrías distanciarte un poco y comprobar cómo se ven las cosas desde dentro de otra organización.

—¿No se opondrán los de tu bufete de abogados? ¿Confidencialidad y todo eso?

—Yo respondo por ti. Y estoy seguro de que podría convencerlos de que tenerte de ‘asesora’ con nosotros nos podría ser muy útil. Para darnos una perspectiva distinta. Especialmente si no les cobras por el servicio.

—Me estoy empezando a preguntar si no tendrás un caso para el que quieras mi opinión, y mi llamada ha resultado ser la excusa perfecta— dijo Mary, en un tono de voz más animado.

—Tienes una mente que sospecha de todo, querida Mary.

—Cuando eso me lo dice un abogado, es para preocuparse.

Phil estaba acostumbrado a que la gente hiciera chistes y dijera cosas nada agradables sobre los abogados. Él trabajaba en algunos casos gratuitamente, pero no se hacía grandes ilusiones ni creía que fuera a cambiar la sociedad ejerciendo su profesión. Pero aun así le resultaba interesante.

—Así que, ¿qué me dices? ¿Te vienes a pasar unos días conmigo?

Mary se quedó callada unos segundos. Finalmente dijo:

—¿No vendré a estorbar?

—¿A estorbar? ¿Qué quieres decir?

—Estás soltero, bueno, divorciado, y eres un tío. ¿No hay ninguna mujer en tu vida ahora mismo?

—Ya sabes que aún me estoy recobrando de mi divorcio—. Phil intentó sonar tan sincero como le fue posible. El detector de chorradas de Mary era ultra-sensitivo.

—¡Ja! ¡Eso tiene gracia! Nunca te he visto llorar, ni siquiera estar triste por culpa de tu fallido matrimonio. Nunca llegué a entender por qué te casaste con Iris.

—Hombre… Estaba buena.

—Ya, vale, pero aparte de eso… No estaba a tu nivel intelectual, Phil. Y la enviaste a casa de tu madre tan pronto como volviste a estudiar a la facultad de derecho. Yo diría que la cantidad de veces que la viste en los tres meses que duró vuestro matrimonio se pueden contar con los dedos de una mano, y no exagero. Estoy segura de que me viste a mí más a menudo de lo que la viste a ella.

—Quizás si hubieras jugado bien tus cartas, tu podrías haberte convertido en mi esposa en lugar de ella—. Phil no sabía de dónde había salido eso. Esperaba que Mary se lo tomara en broma. Porque era eso lo que era, ¿no?

—Echarías a correr si pensaras que yo estaba interesada en tener una relación contigo.

Phil se echó a reír.

—Y no pararía hasta que estuviera bien lejos. No me entiendas mal. Te quiero mucho, pero creo que nos volveríamos locos mutuamente si fuéramos pareja. Nos conocemos el uno al otro demasiado bien.

Phil se dio cuenta de que estaba completamente convencido de lo que acababa de decir, aunque nunca se lo había planteado conscientemente hasta entonces. ¿Era capaz de ser completamente abierto y honesto en una relación? Quizás ese había sido el problema desde siempre. No dejaba que nadie se le acercase lo suficientemente, al menos no la gente con la que acababa entablando una relación sentimental.

—Así que tú crees que guardar secretos y no contárselo todo a tu pareja es la receta para una relación exitosa. Basándome en eso, no me extraña que sigas solo. Y sí, no hace falta que me recuerdes que yo también estoy sola. Las relaciones no son mi prioridad en este momento. El intentar averiguar lo que quiero hacer con mi vida sí que lo es. No necesito complicaciones añadidas. Y por supuesto, sospecho que muchos hombres no me encontrarían lo suficientemente atractiva y sexy como para ser la candidata ideal para una relación.

—Tú ya te descalificas antes de intentarlo siquiera, querida Mary. Pero estoy seguro de que podemos seguir hablando de ello cuando estés aquí. ¿Cuándo será?

—Tendré que hablar con mis jefes, con los de personal y con los otros médicos, pero no hay vacaciones escolares a la vista ni nada de eso, así que puede que tengamos suerte. Hablaré mañana con todo el mundo, si puedo, y te diré algo.

—Muy bien. Espero que sea pronto.

—¿Por qué? — ella sonó recelosa.

—Porque el bufete acaba de aceptar la defensa de un escritor, y sé cuánto te gusta leer y escribir.

—Ah, ya veo. Sí, tienes razón. Y quizás si empiezo a escribir otra vez eso también ayude. ¿De qué va el caso?

—Probablemente te enterarás dentro de poco, pero no te puedo dar información confidencial hasta que sepa que el bufete está de acuerdo en que colabores, y sepa que vas a venir seguro. Si no resultaría muy descuidado, por no decir nada ético, de mi parte.

—Por supuesto. Entonces, hablamos mañana.

—Hasta mañana.

—¿Phil?

—¿Qué?

—Has hecho un buen trabajo.

—¿A qué te refieres?

—Primero a lo bien que has soportado mis quejas, pero más que eso, a lo bien que has echado el anzuelo. Has conseguido que me intrigue el caso.

Él alzó el puño en celebración. “¡Sí!” pensó.

—Solo algo que se me ocurrió de repente mientras hablábamos.

—Sí, por supuesto… Buenas noches.

—Buenas noches.

Mary volvió a llamar a Phil al día siguiente y confirmó que iría a pasar un par de semanas con él.

—Llegaré el sábado por la mañana, si te va bien. Pero, en serio, dímelo si voy a estar estorbando. Siempre puedo reservar una habitación. En un hotel o algo así.

—No, no, eso no hará falta. Puedes quedarte aquí conmigo. Ah, y he hablado con mi jefe de forma no oficial, y le interesa mucho tu perspectiva y opinión sobre el caso, tanto desde el punto de vista psiquiátrico como de otro del mundillo.

—¿Del mundillo?

—Le dije al Sr. Wright que también eres escritora. Estaba tan interesado que incluso ofreció uno de los apartamentos de la empresa para que te quedaras allí mientras estés en Nueva York. Tienen varios para clientes importantes que vienen de fuera de la ciudad y para abogados recién llegados. Le dije que ya lo habíamos organizado todo, pero hablaba en serio.

—¿Y por qué está interesado en mi opinión psiquiátrica?

—Ya hablaremos de eso cuando estés aquí. Te estaré esperando con impaciencia el sábado por la mañana.

 

Gracias a todos por leer, a Ernesto Valdés, por la portada tan estupenda, y ya sabéis, dadle al me gusta, comentad, compartid y si queréis hacer clic, os dejo enlace a Una vez psiquiatra… que para celebrar está disponible a solo $0.99

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Una vez psiquiatra… Y si váis a la página de Libros encontraréis muchos otros enlaces al libro en otros sitios (y en papel también).

 

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