Categories
GRATIS Muestra de escritura Una vez psiquiatra. Los inicios

#GRATIS Capítulo 5 de la precuela de Una vez psiquiatra… #lectura recomendada

Hola a todos:

Si todo va bien, la semana que viene of podré dejar el enlace a la precuela ya publicada. Pero mientras tanto, aquí está el capítulo 5 de Una vez psiquiatra…

Una vez psiquiatra. Los inicios. Olga Núñez Miret. Portada de Ernesto Valdés
Una vez psiquiatra. Los inicios. Olga Núñez Miret. Portada de Ernesto Valdés

5. El fin de semana

Mary disfrutó de una semana relajada en la que cambió por completo su ritmo de vida. Se lanzó con entusiasmo a su tarea de explorar la ciudad, y visitó exhibiciones, buscó las librerías y tiendas de ropa perfectas, y se dedicó a pasear millas y millas. Cuando llegó el jueves por la tarde estaba ya agotada y decidió quedarse en el apartamento de Phil y acabarse de leer La noche más oscura. Phil llegó poco después de las ocho y la encontró cocinando pasta.

—Hola, Phil.

—Hola, Mary. Huele muy bien.

Ella sonrió y lo miró.

—Bueno, ya sabes que mis talentos culinarios son más bien limitados. Nunca me he domesticado del todo. Si acaso lo que me iría bien sería un marido amo de casa.

Phil sonrió y le dio un achuchón en el brazo.

—Voy a quitarme el traje. ¿Has pasado un buen día? —le preguntó, mientras salía de la cocina.

—Volví temprano. Estaba cansada y quería terminar de leerme la novela —respondió ella, hablando lo suficientemente alto como para que su voz alcanzara la habitación de Phil.

Él volvió al cabo de unos minutos.

—¿Qué novela?

La noche más oscura.

—¿El libro de Fenton? ¿No se supone que es una historia real, o mejor dicho, “está basado en una historia real”?

—Sí. Justamente. Se supone que está basado en una historia real. Pero hay algo que no me acaba de convencer, que no me parece real.

—¿El qué? ¿Es falta de consistencia psicológica? Quizás se deba a los cambios que tuvo que hacer para ocultar la identidad del protagonista.

—Podría ser. Aunque si le entendí bien, me dijo que había cambiado algunos detalles para ocultar su identidad real, pero la historia seguía siendo su historia. Y para mí, no funciona. He escuchado a mucha gente contar cosas de sus vidas, he leído informes psiquiátricos, y créeme, la mayoría jamás llegaría a confundirse con el ganador del Pulitzer, pero aun así se notaba que el contenido era genuino. En este caso no es así. Y hay alguna cosa que no me acaba de encajar en él… Me refiero a Fenton. Dice que estuvo de voluntario en una línea de ayuda telefónica ofreciendo consejos y apoyo. Si es así, tendría que ser más comprensivo y mostrar algo de empatía, al menos eso es lo que yo esperaría. Es demasiado frío… Pero no me hagas caso. Probablemente su comportamiento sea un mecanismo de defensa.

Phil se encogió de hombros.

—Oh, ya sabes cuál es mi opinión sobre él. Estoy contento de que sea Lance el que se encargue del caso y no yo, aunque eso conlleve mucha atención pública.

Mary apagó el fuego.

—Esto está listo. ¿Puedes poner la mesa?

—Por supuesto. Y llevaré algo de vino. Sí, y agua para ti. Ya sé que no bebes.

Mientras comían, Mary preguntó:

—¿Qué te parece si consigo encontrar entradas para alguna obra de teatro mañana?

—Oh, casi se me olvida. El señor Wright, bueno, Percy, nos ha invitado a todos a ir a su casa en los Hamptons este fin de semana. Por lo visto, su esposa ha organizado algún tipo de evento y él ha decidido que nosotros también debemos asistir. Le dije a Ryan que le pasaríamos a recoger de camino. Wright ha decidido que mañana solo trabajaremos por la mañana para asegurarse de que lleguemos allí a una hora razonable. Por lo que he oído, la cena será una cosa “íntima”. Eso quiere decir que probablemente no seremos más de veinticinco.

Mary miró a Phil de reojo.

—¿Hablas en serio?

—Sí, por supuesto. Ya verás cuando conozcas a la señora Wright. Probablemente la hayas visto en las revistas de sociedad. No me extraña que él quiera conseguir los casos gordos. Es cara de mantener.

—¿Qué quieres decir con lo de: “Ya verás cuando conozcas a la señora Wright”? Y también has dicho que “pasaríamos” a recoger a Ryan… ¿Acaso estoy invitada yo también?

Phil se rio.

—Oh sí. Percy insistió en que me asegurara de que vendrías. Quería mostrarte su hospitalidad. Y creo que está decidido a procurarse tus servicios para futuros casos. Debe haber decidido que eso le da ventaja sobre la competencia. Tienes que venir. No nos abandones a Ryan y a mí. Será interesante. Mucho material para tus historias.

—En eso tienes razón. Pero tengo que volver al trabajo el lunes. Les he llamado hoy.

—No hay ningún problema. Nos iremos el domingo después de desayunar. Entonces ¿has decidido que tu futuro está en la Psiquiatría?

Mary suspiró.

—No estoy segura. Pero ahora mismo es un proyecto inacabado, pendiente. Tengo que seguir hasta el final. Completar la formación. Entonces tomaré una decisión.

El viaje a la casa de Wright al día siguiente, en el jeep de Phil, fue muy cómodo.

—No sabía que te gustaran este tipo de coches, Phil. Siempre te había visto con modelos más deportivos —dijo Mary.

—Parece ser la moda ahora, al menos entre la gente de élite —respondió Ryan—. Ah, y uno de nuestros clientes tiene un concesionario y ofrece grandes descuentos al personal del bufete.

—Ah…

La casa era impresionante. Un empleado vino a recoger las llaves de Phil y a aparcar el coche. Mary intentó ocultar su sorpresa.

—Es una mansión. No me esperaba que fuera tan enorme y elegante. Estoy segura de que hay muchos miembros de casas reales europeas que viven mucho más modestamente —dijo.

—Sí, pero esto es América. La modestia nunca se ha puesto de moda aquí —le susurró Ryan al oído.

La señora Wright era más joven de lo que Mary esperaba, aunque cuando Phil se la presentó y se dieron la mano, se dio cuenta de que quizás la naturaleza había tenido algo de ayuda.

—Mi marido me dijo que le había ayudado mucho en el caso del escritor. Qué cosa más horrible la muerte de ese hombre, ¿no le parece? Oh, Wilma, querida…

Antes de que Mary pudiera responder, la señora Wright ya había pasado de largo y ahora estaba hablando con una mujer que llevaba un elegantísimo vestido negro.

—Pierre Balmain, creo —dijo Ryan.

Mary le miró, sorprendida. Él sonrió.

—Evidentemente todo esto de ir de compras y consultar revistas de modas con mi hermana me ha afectado.

La velada fue extravagante. La cena “íntima” acabó siendo un asunto de lo más formal con casi una cincuentena de invitados presentes. Por suerte Mary estaba sentada al lado de Ryan. La mujer a su izquierda era una recién casada que solo parecía estar interesada en su  marido. Mary charló con Ryan y él la entretuvo con cotilleos sobre la gente que reconocía.

El sábado, las señoras tenían organizada una visita a un spa local que por lo visto iba a durar todo el día, entre sauna, clases de gimnasia, yoga, masaje, peluquería, comida, maquillaje… Mary se aburrió enseguida y por la tarde decidió escaparse y tomar un autobús que la dejaba a un par de millas de la casa. Le apetecía dar un paseo y hacía una tarde preciosa. El lugar era extravagante y las propiedades tenían unas precios exorbitantes, pero no costaba nada darse cuenta de por qué habían decidido vivir allí. O tener una segunda casa allí. Cuando estaba llegando a la mansión, oyó a alguien que venía corriendo detrás de ella. Se dio la vuelta. Era Lance, sudando a mares. Llevaba pantalones cortos y una camiseta de correr muy ligera, pero a juzgar por su aspecto debía llevar un buen rato corriendo. Disminuyó un poco el ritmo para saludarla.

—Nos vemos luego. No me atrevo a pararme. No estoy seguro de poder volver a ponerme en marcha.

—Ok.

Él siguió corriendo. Si acaso, le dio la impresión de que aceleró al dejarla atrás. Mary solo lo había visto de lejos la noche anterior, ya que él estaba sentado al extremo opuesto de la mesa, a la derecha de Percy. Ella recordó que Phil había hecho un comentario sarcástico. “Por supuesto, está sentado a la derecha de nuestra versión de Dios”. Mary le había regañado por estar celoso pero no le había prestado atención a Lance después de aquello y tampoco se había cruzado con él más tarde.

Esa noche la velada fue mucho más formal y elegante. Mary sintió que iba muy mal vestida para la ocasión. Contempló su vestido largo negro y las bailarinas planas del mismo color, y suspiró. Nunca se le habían dado bien los tacones y no esperó que se fuese a presentar una ocasión así cuando hizo la maleta para pasar unos cuantos días con Phil. Agarró una mantilla negra bordada con flores de colores, se la puso alrededor de los hombros, y poniéndose tiesa, salió con paso decidido de la habitación, sintiéndose como un gladiador al saltar a la arena. Los leones la esperaban.

Se encontró a Phil y Ryan que la habían estado esperando para bajar juntos las escaleras. Había mucha gente en el vestíbulo y oleada tras oleada, gente rica y elegante entraba constantemente por la puerta principal.

—¿No nos podríamos escapar por la puerta de atrás? Estoy segura de que nadie nos iba a echar en falta —sugirió Mary.

Ryan sonrió.

—Me temo que es demasiado tarde, aunque me gusta tu idea. No te preocupes. Tienes razón, nadie va a prestarnos atención y se olvidarán de nosotros en unos segundos. Hay demasiada gente importante presente.

La señora Wright los saludó brevemente y les indicó que fueran a un salón donde la gente se hallaba distribuida en grupos pequeños, y les ofrecían bebidas y canapés. Percy les saludó con la mano desde uno de los grupos, compuesto de hombres de cierta edad, vestidos de punta en blanco y con aire prepotente.

—Más te conviene no caerles mal a ninguno de esos tipos — le advirtió Ryan a Mary. Ella asintió.

Había un cuarteto de cuerda tocando al lado de las puertas que se abrían a la terraza y después de escucharlos un rato, la señora Wright anunció que era hora de pasar a cenar. Los guio a una sala distinta a la que habían usado la noche anterior. Esta era mucho más grande y ella la llamó “la sala de banquetes”. Ryan y Phil encontraron las tarjetas con su nombre al poco de entrar en la habitación. Ryan le dijo adiós con la mano a Mary con cara triste. Su asiento estaba pasado el centro de la mesa. No conocía al hombre sentado a su izquierda, un tal señor Winston, que después de presentarse no tardó nada en volver a su conversación con la rubia despampanante sentada a su izquierda. El hombre sentado frente a ella se llamaba Peter Matthews y era un viejo amigo de la familia. Su principal interés era la comida. La mujer sentada al lado de Matthews, Stella Roberts, se desentendió cuando descubrió que Mary no estaba casada ni tenía hijos. Ella se giró hacia la puerta y vio entrar a Lance. Él se sentó a su derecha. Ese no era el lugar que tenía asignado, ya que Mary se había fijado en el nombre allí escrito, un tal Blake, al que no conocía.

—¿No te meterás en un lío? —susurró ella.

—Oh, nadie se atreverá a armar un escándalo. Y conozco al señor Blake. Sé con toda seguridad que no dirá nada.

Tenía razón. Un hombre de mediana edad entró en la sala y se aproximó al único sitio libre que quedaba, cerca de la cabecera de la mesa, no lejos de los anfitriones. Miró la tarjeta con el nombre, alzó una ceja, miró a Lance, que le respondió con una sonrisa y asintiendo con la cabeza, y entonces se encogió de hombros y se sentó.

—Tenías razón —susurró Mary.

Él se limitó a asentir. Empezaron a servir la cena y la señora Roberts pareció encontrar a Lance mucho más interesante que a ella, e intentó hacerle entrar en conversación con tópicos varios. Él se mostró educado pero no le siguió la corriente ni apreció sus esfuerzos, y estuvo hablando amigablemente con Mary. Cuando estaban acabando el primer plato, la mujer lo intentó de nuevo.

—He oído que estás trabajando con Percy en el caso del famoso escritor… ¿Fenton? Que cosa más terrible que te acosen solo porque te has hecho famoso. Debe ser horroroso.

Mary no pudo contenerse.

—Morirse también es bastante horroroso.

—La avaricia siempre es castigada —dijo la señora Roberts.

—¿Qué quiere decir? —preguntó Mary. No tenía idea de a qué había venido aquello.

—Bueno, seguro que ese hombre estaba intentando chantajear al autor, insistiendo en que le había robado su historia para hacerle pagar por ella. Toda esa gente está acostumbrada a que les paguen para evitar un escándalo… ¡Fenton hizo bien en no dejarlo acceder y ponerse firme!

Mary notó que Lance estaba temblando de forma visible y se acordó de su reacción cuando Percy anunció que Miles Green había muerto. El rostro del abogado había palidecido pero tenía el cuello rojo y una vena le pulsaba en la frente.

—¿Cómo se atreve a imaginarse que sabe qué pasó? ¿Qué le hace pensar que tiene derecho a hablar mal de los muertos? Su arrogancia no tiene límites. Cállese antes de que me olvide de que se supone que es usted una dama —soltó él.

La mujer lo miró con los ojos y la boca abiertos de par en par. Lance dobló la servilleta, murmuró una disculpa, se levantó, dejó la servilleta en la silla y salió andando despacio de la sala.

—¿A qué vino eso? Percy me había contado tantas cosas buenas sobre él —rezongó la señora Roberts.

Mary sabía que la pregunta no iba dirigida a ella y evitó mirarla. Después del postre, los invitaron a todos a salir a la terraza a ver un espectáculo de fuegos artificiales. Mary vio  que Phil y Ryan venían en su dirección, pero sintió curiosidad y se apresuró a salir del salón antes de que alguien la pillara. Dio la vuelta al edificio, y finalmente encontró a Lance sentado en un banco de piedra en la parte trasera de la casa, solo. El suelo en esa zona estaba cubierto de piedrecitas y el ruido de sus pasos hizo que Lance levantara la cabeza.

—Perdona. No quería molestarte, pero me preguntaba si te encontrabas bien.

Él sonrió, aunque la expresión de sus grandes ojos azules era triste. Se deslizó a un extremo del banco, dejándole sitio a ella para que se sentara.

—Gracias.

Se quedaron sentados en silencio un rato. Por fin Mary se decidió a romperlo.

—Ya sé que no es asunto mío, y dime que me vaya con viento fresco si quieres pero… Observé cómo reaccionaste cuando te enteraste de que Miles Green había muerto el otro día, en el bufete.

Él levantó la mirada lentamente y la fijó en la de ella.

—No trabajo para el señor Wright —continuó Mary— y no tengo nada que ver con el caso, ya que Fenton rechazó la evaluación. No pude evitar observarlo y sentir curiosidad. Parecías estar más preocupado por la presunta víctima que por tu cliente. No voy a decirte que te fíes de mí porque soy médico. Solo soy una observadora curiosa, siempre intrigada por la naturaleza humana.

Él se relajó visiblemente y fue como si se desmoronara delante de Mary.

—Todo es… Un lío tremendo. Y es mi lío. El señor Wright tiene en su cabeza la fantasía de que yo soy un tío con mucho estilo, un abogado fabuloso y un diamante en bruto. Bueno, lo de en bruto es cierto. Vengo de un pueblecito en Minnesota. Ni me preguntes. Solo la gente que vive a un radio de treinta millas de allí sabe dónde está. Mis padres trabajaron muy duro toda su vida para darnos a mi hermana y a mí una buena educación. Mi hermana es profesora de educación primaria y es muy feliz. Y yo… estudié mucho, y veía todas las películas, series de la tele, y me leía todas las novelas donde salían abogados. Abogados exitosos. Incluso antes de saber nada de leyes, ya sabía cómo interpretar el papel. Solo me interesaban los casos llamativos, arrimarme a los nombres conocidos cuando llevaban un caso, y hacer cosas que me ayudasen a conseguir la reputación que necesitaba para llegar a la cima. Pero también tenía que aceptar casos gratuitos, siempre hay una cuota que cubrir. Intenté pasárselos a otros abogados tanto como pude, pero no me fue posible evitarlos por completo. Y entonces, hace un par de años, me tocó representar a Miles Green. Intentaba montar un caso contra los que habían abusado de él. Fue el primero que se atrevió a hablar, aunque no era la única víctima. Una vez que se atrevió, muchos otros hicieron lo mismo. Era un hombre muy tímido e inseguro, a pesar de haber estado en el ejército, pero se sintió mejor consigo mismo por atreverse a llevarlo a juicio. Y entonces, cuando la vista estaba al caer, se me presentó la oportunidad de ayudar en un caso que con toda seguridad conseguiría llamar la atención de los medios de comunicación y yo le pasé el caso de Green a un colega con muy poca experiencia, que tuvo que llevarlo a juicio. Y no solo eso, sino que accidentalmente traspapelé algunas de las pruebas. Si yo hubiese estado allí personalmente, no hubiera importado, porque me habría dado cuenta y lo hubiese podido solucionar, pero mi colega no lo sabía y yo ni siquiera le había preparado como era debido. El juez rechazó el caso por falta de pruebas, y los que habían abusado de Green quedaron en libertad. Nunca confesé mi error, y debido a eso mi compañero no terminó las prácticas y dejó el Derecho. Y Green… Estoy seguro de que si los que abusaron de él hubiesen ido a prisión, y la presión y el acoso hubiesen cesado, no habría ido a por Fenton y seguiría vivo. La noticia de su muerte el otro día hizo que me acordase de todo aún más. Y Wright va y me hace defender a ese hombre…

—No puedes echarte la culpa de la muerte de Green. Tú no le mataste.

—¡Pero estoy defendiendo a su asesino! ¡Y fue culpa mía que los que le abusaron quedaran en libertad!

—Echarte la culpa no va a ayudarlos ni a él ni a su familia. Quizás haya algo práctico que puedas hacer para ayudarles…

Él abrió unos ojos enormes y sus labios se curvaron ligeramente.

—Tienes razón. Y sé exactamente qué hacer.

El ruido de los fuegos artificiales se intensificó y él se levantó, ofreciéndole la mano, y ayudándola a levantarse. La cogió del brazo y se dirigieron hacia la terraza detrás del salón de banquetes, donde todo el mundo estaba congregado contemplando el espectáculo. Phil y Ryan se unieron a ellos. Phil tuvo que hablar bastante alto para hacerse oír con el ruido a su alrededor.

—¿Dónde estabais escondidos?

—Necesitaba dar un paseo y tomar un poco de aire fresco y me encontré a Lance en la parte de atrás de la casa.

—¡Mirad eso! —Ryan señaló una gran cascada de luz púrpura que iluminaba todo el cielo y ese fue el final de la conversación.

A la mañana siguiente, el desayuno fue algo mucho más informal: no había horario fijo, sino que los invitados iban bajando cuando estaban listos, y solo las personas que estaban pasando allí el fin de semana acudieron.

—Me encontré a Lance esta mañana —dijo Ryan mientras compartían la mesa—. Me desperté temprano y decidí ir a dar un paseo. Cuando llegué de vuelta a la casa, estaba metiendo su equipaje en el maletero del coche. Le pregunté que por qué se iba tan temprano, y contestó que tenía que marcharse, que tenía que hacer algo muy importante. Ah, y me pidió que os dijera adiós a los dos.

—El gran caso se le debe haber subido a la cabeza —comentó Phil.

—Creo que podrías estar equivocado —dijo Mary.

Phil la miró y chistó.

—Me has defraudado, Mary. Nunca me hubiese imaginado que ibas a dejarte engañar por su actuación.

Ella sonrió.

—Puede que Lance te dé una sorpresa.

Por is os habéis perdido algún capítulo, aquí os dejo los enlaces:

Capítulo 1

Capítulo 2

Capítulo 3

Capítulo 4

 

Y por si aún no os habéis enterado, para celebrar que estoy a punto de publicar la precuela y el nuevo año Una vez psiquiatra… está en promoción especial, a solo $0.99. Hoy en lugar de la descripción, podéis leeros una muestra directamente desde aquí.

Y unos cuantos enlaces:
AMAZON (e-book) KOBO NOOK APPLE SCRIBD

PAGE FOUNDRY OYSTER PAPEL

Gracias a todos por leer, y ya sabéis, dadle al me gusta, comentad, compartid y haced CLIC!

GET MY FREE BOOKS
%d bloggers like this:
x Logo: Shield Security
This Site Is Protected By
Shield Security