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Muestra de escritura Una vez psiquiatra. Los inicios

#GRATIS Capítulo 4 Una vez psiquiatra…Los inicios Y promoción

Hola a todos:

Ya falta poco para la publicación del libro (ando en las últimas correcciones). Hoy toca el capítulo 4 de la precuela de Una vez psiquiatra…

Una vez psiquiatra. Los inicios. Olga Núñez Miret. Portada de Ernesto Valdés
Una vez psiquiatra. Los inicios. Olga Núñez Miret. Portada de Ernesto Valdés

Capítulo 4. La evaluación

Mary y Phil llegaron a Wright y Asociados a las 8:45. Phil le presentó Maggie a Mary, formalmente, y le mostró la cocina/sala del personal, donde estaba la cafetera.

—Siempre hay algún refresco y zumos en la nevera. Ya sé que no te gustan demasiado ni el café ni el té.

Mary asintió.

—¿Estarás bien aquí? Puedes esperar en la oficina de Maggie si lo prefieres.

—Estaré bien. Supongo que aquí veré a más gente.

—Eso es cierto. Si te aburres, vente. Estaremos en la misma sala donde entrevistamos a Fenton el sábado. Estoy seguro de que al Sr. Wright no le importaría, pero prefiero que lo sugiera él mismo. Puede que discutamos otros casos también…

—No te preocupes. Tengo mi libro —. Mary agitó su copia de Entrevista con el vampiro de Anne Rice. Se había planteado llevarse otro libro, pero estaba disfrutando la novela, y además le pareció bastante apropiado. Y no le faltaba mucho para terminarlo. Tenía planeado leerse La noche más oscura después. Lo incluiría como trabajo de investigación, y estaba segura de que podría sumar el coste del libro a los gastos del caso. Por supuesto, eso siempre que tuvieran pensado pagarle algo, lo que ni siquiera se le había ocurrido preguntar. No parecía que les hiciera falta ahorrar a los del bufete, pero a veces las apariencias engañan.

Tania entró en la habitación. Llevada un vestido corto rojo y aún más maquillaje que el sábado, o al menos eso le pareció a Mary. Como  ella normalmente no se maquillaba era consciente de que su opinión podía no ser muy neutral.

—¡Ah, hola! Mary, ¿no? Esto debe ser raro para ti, acostumbrada a tratar con locos y todo eso. Aunque supongo que habrá muchos… ¿cómo les llaman? Bueno, gente que no está loca pero se preocupan por cosas y también van a ver a los psiquiatras… ¿Neuróticos? Si quieres mi opinión, hay que estar un poco majara para ir a ver a un psiquiatra. No te ofendas.

—No, no, para nada —. Mary tuvo que morderse los labios para no echarse a reír. Phil tenía razón. Tania tampoco le parecía a ella la candidata perfecta a abogada.

Tania estaba preparando una bandeja de cafés y tés.

—Es para la reunión de la mañana. ¿No vienes?

—No. Seguramente discutirán asuntos confidenciales que no debería oír. Estoy aquí para la evaluación.

—Bueno, mientras nadie se lo cuente a los clientes no pasará nada. Aunque, si quieres que te diga la verdad, estas reuniones… pueden pasarse un montón de rato discutiendo una tontería de nada. Probablemente estarás mejor aquí. ¡Nos vemos luego!

—¿Necesitas ayuda? —Mary hizo amago de levantarse para ayudar a Tania a llevar la pesada bandeja.

—Oh, no, no te preocupes. Mi madre siempre dice que soy tan fuerte como un caballo. Y mi padre siempre la corrige. ‘Como una yegua, querida, como una yegua.’ Son una pareja algo rara, mis padres. Bueno, será mejor que me vaya, antes de que se den cuenta de que les faltan los cafés y se empiecen a quejar.

Y se largó. Mary se rio por lo bajo y volvió a su libro. Al cabo de unos minutos le dio la impresión de que alguien la estaba mirando. Cuando izó los ojos vio a un hombre joven, por lo menos cuatro o cinco años más joven que Phil y ella, de pie al lado del fregadero, mirándola. Llevaba un traje gris precioso, un jersey de cuello de cisne, de un color gris más oscuro, de muy buena calidad, y unos zapatos de cuero negros que se notaba a la legua estaban hechos a mano. Era alto, parecía muy atlético, y su rostro era muy bello, como el de una escultura griega. Un perfil perfecto y ojos de color azul oscuro. El pelo rubio ondulado. Sonrió, y como esperaba Mary, su sonrisa también era perfecta. La mejor que se podía comprar con dinero, sin lugar a dudas.

—Debes ser Mary —dijo él, acercándose a ella en un par de zancada y ofreciéndole la mano derecha. Tenía un apretón de mano firme—. Mary me dijo que viniste el sábado y estuviste presente en la entrevista con el Sr. Fenton. Yo no pude asistir. Asuntos de familia. Soy Lance Mayfield.

—Sí, ya me lo imaginaba.

Él asintió.

—Y por lo que he oído vas a evaluar al Sr. Fenton para descartar cualquier problema de salud mental. Tu opinión nos será muy útil, estoy seguro.

—Gracias. No sé si seré capaz de aclarar demasiado las cosas, pero considerando las circunstancias del caso, podría resultar interesante.

—Sin duda. Por desgracia, ahora no está en condiciones de ser evaluado, pero quizás si hubieran enviado a la víctima a ver a un psiquiatra hace tiempo, este desafortunado incidente podría haberse evitado. Es una pena que no interviniera nadie, o al menos no de forma constructiva, antes de que las cosas llegaran a tal punto —. Lance se quedó callado como si estuviera ensimismado en sus pensamientos. Al cabo de unos segundos dio una sacudida y sonrió, de vuelta de donde quiera que su mente lo hubiera llevado—. Así que te gusta leer. Yo solía leer mucho, ficción y no-ficción, pero estos días tengo muy poco tiempo.  El último libro que me he leído fue, bueno, La noche más oscura. Para prepararme para el caso. No es el tipo de libro que suelo leer, pero es bastante bueno. Muy realista y detallado.

—Estaba pensando en leérmelo cuando acabe éste. Puede que me ayude a hacerme una mejor idea de cómo es el Sr. Fenton.

—Dicen que todos los escritores se incluyen a sí mismos dentro de sus libros, sea consciente o inconscientemente —dijo Lance, asintiendo.

—Yo he leído lo mismo —dijo Mary.

—¿Está Phil siendo un buen anfitrión? Yo aún estoy descubriendo la ciudad. Soy un recién llegado. Pero si quieres ir a ver algo o ir por ahí a explorar, me encantaría acompañarte —. Él le dedicó su sonrisa ganadora, de nuevo. Y ahora que estaba más cerca, Mary se dio cuenta de que tenía hoyitos. Por supuesto. No podían faltar.

—Gracias. Eres muy amable. ¿No te vas a perder la reunión?

—Oh, tenía una reunión en otro sitio esta mañana. No se lo cuentes a nadie, pero el Sr. Wright está pensando en ampliar el bufete y me envió a hablar con una de mis conexiones, el Sr. Timmins, que tiene su propio bufete, principalmente encargándose de propiedades y finanzas. Quiere organizar una reunión para ver si le convence de que se nos una con su personal, pero creyó que sería mejor que yo tanteara el terreno antes de lanzarse.

Mary le miró. No sabía si el tono amistoso y el compartir información eran exclusivamente porque era ella, o él era así con todo el mundo. Ella no supo por qué, pero otra escena de La casa del juego le vino a la memoria. La escena donde Mike (interpretado por Joe Mantegna) le explica a Margaret (la psiquiatra, Lindsay Crouse) las reglas básicas del timo. Él le explica que el timador consigue que le timo funcione haciendo que la víctima le tome confianza. Quizás ella era demasiado cínica para con los abogados, pero no pudo evitar pensar que el tal Lance era muy hábil, y comprendió perfectamente por qué a Phil no le caía demasiado bien la nueva adquisición.

Mary sonrió.

—Entonces, ¿fue bien?

—Oh, estuvo muy receptivo. Estoy seguro de que si la oferta es lo suficientemente buena estará más que contento de asociarse con el bufete del Sr. Wright. Debe ser agradable ser tu propio jefe, pero tener el apoyo de un bufete grande va muy bien, especialmente si las cosas no salen como se habían planeado —. Se quedó quieto y pareció perderse en sus cábalas de nuevo.

Mary se lo quedó mirando, reflexionando. No tenía el aspecto de que nunca nada no le hubiera ido como lo había planeado. Pero quizás era un gran actor.

—Sí. Es bastante arriesgado tener que cargar con toda la responsabilidad.

Lance sacudió la cabeza y sonrió. —Tendría que volver a mi oficina. Pero no te olvides de lo que te dije. Me encantaría ir a explorar por ahí contigo. Estoy seguro de que formaríamos un gran equipo. ¡Una psiquiatra y un abogado!

Salió de la habitación y Mary se dijo que ya tenía bastante con un abogado en su vida. Y sospechaba que Phil debía pensar lo mismo con respecto a los psiquiatras.

Volvió a concentrarse en su libro y un poco más tarde, cuando acababa de leer la última frase, como si lo hubiesen cronometrado, alguien tosió, intentando llamar su atención. Ella miró hacia arriba.

—Sr. Fenton.

—Hola. Mary Miller, ¿no es cierto? Doctor… Mary Miller.

Aunque a Mary no la sorprendió, Fenton debió pensar que si lo estaba, porque añadió:

—No había nadie en recepción cuando me fui el sábado. Le eché un vistazo al registro.

A Mary le pareció algo raro.

—No sé si me equivoco, pero me pensaba que esa era la primera vez que estaba en las oficinas del Wright y Asociados. Supongo que quizás le habían presentado a los demás antes de que llegáramos pero…

—Supone mal. El Sr. Wright se presentó y me dijo que era una reunión preliminar y que no había nada decidido todavía quién se iba a encargar de mi caso. Dijo que estábamos esperando a unos cuantos miembros más del equipo. Y entonces se dedicó a repasar sus notas.

Mary le miró, esperando que continuara.

—¿No se da cuenta? Soy autor. Me encanta informarme. Repasé todo lo que encontré sobre el bufete y su personal antes de venir. Y a usted no la vi por ningún sitio. Por eso fue por lo que tuve que comprobar quién era. Entonces entendí por qué reaccionó así cuando hice un comentario sobre el comportamiento de gente…

—Que sufre de enfermedades mentales —concluyó ella.

Él la miró fijamente unos segundos pero finalmente bajó los ojos. Suspiró y volvió a mirarla.

—Entonces ¿de qué va esto? ¿Vamos a repasar todos los detalles de los incidentes que sucedieron entre el Sr. Green y yo para que pueda sugerir qué le pasaba a ese hombre? ¿Cómo va a ayudarme eso?

A Mary no le gustaba mentir. Aunque en teoría era el bufete el que había contratado sus servicios, para ella el ‘cliente’ era Fenton, y mentirle a un cliente no es la mejor manera de entablar una relación terapéutica, ni tan siquiera diagnóstica.

—No, no es eso. Pensaron que sería una buena idea que yo le evaluara a usted. Por supuesto usted tendría que estar de acuerdo.

Se le abrieron los ojos como platos, hasta tal punto que parecía que los párpados se le hubieran retraído hacia dentro de las órbitas de los ojos.

—¿Evaluarme a mí? ¿Por qué? ¿Acaso creen que estoy loco? —preguntó, alzando la voz.

Ella negó con la cabeza.

—Quizás deberíamos hablar en algún otro sitio. Esto no es muy privado.

Él asintió y salió de la sala. Volvió al cabo de unos minutos y se paró delante de ella. Ella le miró.

—He hablado con Maggie. Me ha mostrado una pequeña sala de recepción. Me ha asegurado que está vacía y no la tienen reservada para nadie. Podemos ir allí.

—Quizás sería mejor esperar hasta que el Sr. Wright y su equipo acaben con la reunión.

Fenton intentó reír pero sonó a ladrido.

—Los abogados son un mal necesario. Pero de ahí a fiarme de sus explicaciones… Van muy bien para confundir al contrario con sus juegos malabares, pero si tenemos que hablar de una evaluación psiquiátrica, creo que una psiquiatra es la persona adecuada.

Mary se encogió de hombros y se dejó convencer. O accedería a la evaluación o no lo haría, pero de todas formas resultaría un ejercicio útil para llegar a entender cómo funcionaban su mente y sus emociones, aunque parecía estar muy tranquilo. Ella se levantó y siguió al autor a una pequeña sala con cuatro sillones individuales, una mesita de centro y unas cuantas revistas. En la pared frente a la puerta, donde normalmente uno esperaría encontrar una ventana, había un gran acuario. La luz azul que emitía pareció hipnotizarlos a los dos por unos momentos. Finalmente, Fenton señaló hacia uno de los sofás y cuando Mary se hubo sentado, se sentó en el sofá de enfrente. Mary se dio cuenta de que al escritor le gustaba estar al  mando y estaba intentando manipular los ‘personajes’ y el ‘escenario’ como lo haría en una de sus novelas.

—Así que… ¿por qué evaluarme a mí? —sus pequeños ojos grises la estaban atravesando.

Cuando Mary hablaba con pacientes que estaban muy enfermos o en un estado mental frágil, Mary intentaba por todos los medios no disgustarlos por ser demasiado directa o por hablar de cosas que podrían desequilibrarlos antes de conocerlos bien; pero ésa no era la situación en el caso del escritor. Directo al grano sería la mejor manera. Después de todo él era un autor profesional, y dudaba que a ella se le fuera a dar mejor manipular el lenguaje que a él.

—Fue usted extremadamente violento. Cuando llegaron sus vecinos tuvieron que impedirle físicamente que siguiera golpeando al Sr. Green cuando ya estaba en el suelo inconsciente.

—¡Estaba dentro de mi propio edificio! ¡No se hubiera detenido ante nada!

—Sr. Fenton…

—Llámame Oliver.

Su tono de voz había vuelto a la normalidad en una fracción de segundo. Como si tuviera un interruptor on-off. Muy extraño. Mary asintió.

—Tienes que entender, Mary… ¿Puedo llamarte Mary? — él la miró y ella volvió a asentir — que éste no fue un incidente aislado. Sí, desde el momento en que mi libro se convirtió en un bestseller y apareció en todas partes, todo tipo de gente me ha estado dando la lata. Lectores que quieren algún recuerdo, o un autógrafo, fans que siguen cualquier cosa que esté de moda, sin importar el qué, otros que confían en ganar algo de fama enganchándose a alguien conocido, paparazzi, reporteros… Pero normalmente se cansan o lo dejan cuando consiguen lo que iban buscando. Pero este hombre no. La cosa no tenía ni pies ni cabeza. Los demás no me asustaban. Uno se acostumbra a ese tipo de individuos. Pero no a alguien como él.

No parecía estar asustado, pero Mary asintió.

—Cuando llegué abajo e iba a salir del edificio…

—Perdona. Antes de hablar de eso…

—¿No me digas que me vas a preguntar sobre mis padres, mi niñez y todas esas tonterías? ¡Anda, vamos! Pero bueno, si tanto te interesa, mi madre fue maestra de una escuela de primaria muchos años, y ahora es la directora. Es una escuela religiosa, católica, St. Mary’s, pero no, yo no soy religioso y no me educaron en la creencia católica. Y mi padre es el encargado de un concesionario de coches, de la General Motors. Tengo un hermano mayor, Tom, que se encarga de modificar y personalizar coches, y una hermana más joven que yo, Ellie, que está estudiando para ser maestra. No hay historia de abuso en la familia, ni sexual ni físico, ni historia de abuso de alcohol o drogas, ni divorcios, ni suicidios. Yo empecé y dejé sin terminar varias carreras: arquitectura, filosofía, derecho. Empecé a escribir artículos para el periódico estudiantil en la universidad y luego seguí escribiendo historias para el periódico local. Cada vez me encargaron historias más largas. Y mi vida sexual es muy satisfactoria — dijo, parándose a tomar aire por fin.

—Gracias por eso, aunque no era lo que te iba a preguntar. Sí, eso formaría parte de una evaluación completa, pero aún no has accedido a ello. No, lo que te iba preguntar era si me podrías contar qué había hecho el Sr. Green antes, que te tenía tan preocupado. ¿Cuánto tiempo hace que publicaron tu libro?

—Ocho… no, nueve meses. Salió publicado un lunes pero ya había habido bastante interés por él. Mi agente y la compañía publicitaria habían conseguido que varios escritores y críticos importantes leyeran el libro y publicaran sus reseñas durante la primera semana del lanzamiento. Hubo muchas especulaciones sobre cuánto había cambiado los lugares y las circunstancias de la historia. Debes estar al tanto de las acusaciones y alegaciones contra sacerdotes y la iglesia con respecto al abuso sexual de menores en algunos lugares. Sí, la gente sentía curiosidad. Me pidieron entrevistas… El New York Times, ABC, Sky News. Oprah escogió La noche más oscura como libro de septiembre en su club de lectura. Y eso lo impulsó a lo más alto. Todo el mundo hablaba de él. Y entonces fue cuando empezó todo.

—Así que el Sr. Green apareció por primera vez en septiembre.

—Bueno, no, no exactamente. Eso fue cuando mi vida cambió por completo. Mi agente vendió los derechos para hacer una película. Todo es muy secreto, pero hay peces gordos interesados. Y también vendió los derechos para convertirlo en una serie para una cadena nacional de periódicos. Mi vida se salió de su curso. Yo estaba a punto de presentarme al examen para hacerme contable, pero no me pareció necesario seguir con eso. Me mudé a un apartamento nuevo y organizaron un tour de charlas y presentaciones del libro. He visitado las ciudades más grandes: Los Ángeles, San Francisco, Chicago, Filadelfia, Boston, Dallas, Miami… Muchas universidades querían que fuera a hablar allí, varias ONGs me pidieron que fuera su portavoz… Creo que fue a mediados de enero cuando el Sr. Green apareció en mi vida por primera vez.

Mary hizo un rápido cálculo mental. Eso quería decir que hacía unos cuatro meses, pero algo menos de tres meses de persecución si tomaba en cuenta cuándo había sucedido el incidente. No era mucho tiempo, aunque desde luego se podría hacer muy largo si uno era víctima de persecución y acoso.

—Al principio no parecía peligroso. Empezó a aparecer en todas las librerías, bibliotecas, donde fuera que yo iba a dar una charla. Siempre se sentaba en primera fila pero nunca preguntaba nada. Mike, mi agente, fue el primero que notó su presencia. Le pareció raro. No importaba lo lejos que fuéramos, él siempre estaba allí. Pero simplemente allí estaba. Sentado, escuchando. A veces tomaba notas. Pero yo no tenía ni idea de para qué, ya que los periodistas siempre intentaban conseguir entrevistas personales y hablaban con Mike. Él se limitaba a sentarse entre el público. Yo bromeé que quizás era un escritor que quería aprender, ya que parecía estar tan atento.

El autor dejó de hablar y se quedó mirando fijamente el acuario.

—Qué existencia más rara, ¿no te parece? Vivir toda tu vida dentro de una caja, a merced de un insignificante ser humano y sus caprichos. Cuando encienden la luz, es de día. Si la apagan, vuelve a ser de noche. Para ellos probablemente eso es todo un universo y nosotros somos su dios.

—Probablemente. ¿Y qué pasó luego?

Él suspiró—. Esto es tedioso. Ya lo he explicado todo millones de veces. Un día, cuando llevaba varias semanas apareciendo en todos mis eventos, de repente, se acercó a mí con un libro para que se lo firmase y cuando estuvo delante de mí me amenazó. Y a partir de ese momento hizo lo mismo en todos los sitios adonde fuimos. Le prohibimos la entrada y avisamos a los guardas de seguridad para que no le dejasen pasar, pero eso no le detuvo. Se disfrazaba; entraba a escondidas por la puerta de atrás…

—¿De qué tipo de amenazas estamos hablando? ¿De violencia?

—He contado lo mismo muchas veces. Estoy seguro de que está escrito en el fichero, en algún sitio. Pero bueno, de todas formas… Me dijo que conocía mi ‘secreto’ y que iba a ‘arruinarme’. Mike puede atestiguarlo. Creo que lo ha hecho. Estaba a mi lado.

—¿Qué secreto? ¿Tienes la menor idea de qué estaba hablando?

—Por aquel entonces no. Por supuesto que no, porque yo no tengo secretos, al menos nada que pueda arruinarme o que le pueda interesar a nadie. Más adelante me dijo que sabía que yo había usado su historia sin su permiso y que no tenía derecho a hacer eso. Yo le dije que no sabía quién era, pero él insistió. No quería irse. Tuve que llamar a los de seguridad y se lo tuvieron que llevar a rastras, chillando y pataleando. No exagero. Chillando y pataleando. Pero eso no le detuvo y volvió. Intentamos lo típico, incluso una orden judicial de alejamiento, pero nada parecía conseguir detenerle. Y las cosas fueron a más. Empezó a gritar, amenazándome, diciéndome que iba a hablar con los medios de comunicación y revelarles como había explotado su vida solo para beneficiarme de ello. Una locura. Nunca jamás había visto a ese hombre.

—¿Mencionó alguna vez cómo creía que tú habías descubierto la información?

—Dijo algo sobre los ‘bastardos’ que habían vendido su historia. Cada vez que se ponía a hablar de eso se disparaba a todo tren, despotricaba y no había quien se enterara de nada. Las únicas palabras que conseguí entender fueron ‘terapista’, ‘escuela’ y ‘policía’. Yo sospecho que debía creer que alguien a quien le había contado la historia, algún profesional, debía habérmelo dicho. Pero yo nunca he contado de dónde saqué la historia. ¡Ni siquiera se parece al hombre en cuestión!

—¿Entonces por qué cree que es su historia?

—Le estás preguntando a la persona equivocada. No tengo idea. Supongo que podría ser que haya más de una persona que haya pasado por una experiencia similar.

—Y nos dijiste que habías hecho algunos cambios para asegurarte de que la persona en cuestión no fuera identificable.

—Sí. Es una tontería colosal. Por supuesto que no es él. Es un chiflado. O mentalmente inestable, cualquiera que sea la forma correcta de llamarlo.

—Quizás algunos de los detalles coincidan.

—Quizás… Pero yo no lo puedo evitar y no es culpa mía. Yo no fui el abusador. Y no he escrito sobre él. O sobre… —dejó de hablar de repente, como si hubiese dicho ya demasiado, miró al suelo y entonces, al cabo de unos segundos, se quedó mirando a Mary fijamente—. Como ves, todo esto no tiene nada que ver conmigo. Sería una pérdida de tu tiempo y del mío proceder a una evaluación a fondo. Duermo bien, tengo buen apetito, mi estado de ánimo es razonable, considerando el stress debido al caso, nunca he oído voces…

—¿Ni siquiera las de tus personajes?

Él se rio. —Soy perfectamente capaz de distinguir mi imaginación y creatividad de algo o alguien que intenta controlar mi cerebro o hablar conmigo. No. No tengo ideas raras, a menos que consideres la auto-defensa y el querer sobrevivir una idea rara.

Mary estaba encallada. Había muchas otras cosas que le gustaría haberle preguntado, y algunas cosas de las que le había contado Fenton que no la convencían mucho, pero no creía poder justificar el seguir adelante. El escritor la estaba mirando con una expresión plácida, convencido de que había ganado. Cuando Mary abría la boca para decir algo, aunque no estaba segura de qué, la puerta se abrió y la salvó. La cabeza del Sr. Wright se asomó por la rendija.

—Aquí estáis. Maggie me dijo que buscabais un sitio privado donde poder hablar. ¿Podéis venir conmigo? Tengo algo que decirle a todos los que están trabajando en el caso.

Fenton se levantó y Mary se los quedó mirando. Lo cierto es que ella no estaba involucrada en el caso, especialmente ahora que el escrito había dejado claro lo que opinaba sobre una posible evaluación psiquiátrica. Pero el Sr. Wright no sabía eso, y le hizo un gesto para que lo siguiera, impaciente. Mary estaba convencida de que el Sr. Wright no estaba acostumbrado a que le hiciesen esperar. Nunca. Ella se levantó y siguió a los dos hombres. Anduvo más deprisa y consiguió ponerse a la altura del Sr. Wright.

—Sr. Wright…

—Llámame Percy. Al fin y al cabo no eres mi empleada.

—Gracias. Percy… El Sr. Fenton no está muy interesado en la evaluación…

—Ahora eso no tiene importancia. Ve a la sala de reuniones. Yo iré a buscar a Lance.

Mary se quedó parada en medio del pasillo, preguntándose qué estaba pasando. Vio a Phil al lado de la puerta de la sala de reuniones y se acercó a él.

—¿Qué está pasando? Estaba hablando con el escritor, quien, por cierto, no está muy interesado que digamos en someterse a una evaluación de su estado mental, cuando Percy se presentó de repente y dijo que tenía algo que ‘comunicarnos’. ¿Sabes de qué va esto?

Phil se encogió de hombros.

—No. Estábamos discutiendo los casos en curso en la reunión, como cada mañana, cuando Maggie llamó a la puerta, entró y le susurró algo al oído. Y entonces se levantó, nos dijo que podíamos salir y que nos teníamos que reunir con él aquí en quince minutos, y se fue. Es la primera vez que pasa algo así en el tiempo que llevo aquí. Y por las caras que han puesto todos, debió ser la primera vez también para ellos. Es que, según Percy Wright, estas reuniones matinales son la clave del éxito del bufete y son sagradas. No se pueden interrumpir ni se nos puede molestar. Así que sea lo que sea, tiene que ser bastante gordo.

El Sr. Wright llegó seguido por Lance Mayfield que le lanzó una sonrisa a Mary antes de seguir a su jefe y entrar en las sala. Phil y Mary también entraron. Steve, Tania, Ryan y el cliente ya estaban sentados dentro.

—¿Voy a llamar a Maggie? —preguntó Steve, a medio levantarse de la silla.

—No, no. No hará falta. Tiene unas cuantas cosas que hacer y ya está al corriente de lo que vamos a hablar.

Se hizo el silencio y se miraron los unos a los otros. Mary tomó nota de la forma en que el Sr. Wright usaba las pausas para aumentar el efecto dramático. Quizás fuera cierto que ser buen actor podía ser de gran ayuda para la carrera de abogado.

—Perdonad el que haya tenido que interrumpir así la reunión, pero hemos recibido una noticia muy grave que tuve que comprobar… No, no os preocupéis, no es sobre mí o mi familia. Nada de eso. Es sobre el caso. Por esa razón está aquí el Sr. Fenton. Esta madrugada, la víctima del caso, Miles Green, ha fallecido.

Todos soltaron un grito ahogado. Mary miró el escritor, que aparte de abrir sus ojillos un poco, no mostró evidencia alguna de emoción. Cuando se giró para mirar a Phil, algo le llamó la atención. Se dio cuenta de que la mano derecha de Lance estaba temblando incontrolablemente cuando intentó coger el vaso de agua frente a él, hasta tal punto que abandonó la idea y ocultó las dos manos debajo de la mesa. Ella le miró a la cara. Estaba tan pálido y demacrado que Mary se preguntó si no estaría enfermo y le preocupó que pudiera desmayarse.

—¿Saben qué ha pasado? —preguntó Steve.

—No están seguros al cien por cien pero sospechan una hemorragia cerebral, probablemente debida al… alegado asalto —dijo el Sr. Wright.

—¿Y ahora? —preguntó Steve.

—¿Ahora? Bueno, supongo que la acusación cambiará. Quizás debiera reconsiderar esa evaluación, Sr. Fenton, Oliver —dijo el Sr. Wright, girándose hacia el autor.

—No veo por qué el hecho de que el hospital no supiera como tratar al Sr. Green resulte en que yo tenga que someterme a una evaluación psiquiátrica. ¿Cree usted que sufro de alguna enfermedad mental? —preguntó Fenton, volviéndose hacia Mary.

Ella suspiró, y miró directamente al escritor, aunque sentía los ojos de todos enfocados en ella. Entonces miró a Wright. Él hizo un gesto con la cabeza en la dirección del autor.

—Es evidente que él no cree que valga la pena hacerle una evaluación, y sé que sin su cooperación no puede hacer gran cosa. Pero sinceramente, ¿qué opina?

—No he tenido la oportunidad de realizar una entrevista a fondo, y no he podido acceder a su historial médico o comprobar su historia con nadie más, pero por lo que me ha dicho el Sr. Fenton y lo que yo he podido observar, no, no diría que exista ninguna evidencia de que sufra de una enfermedad mental o de que esté perturbado hasta el punto de no tener conocimiento de las consecuencias de sus actos. Pero mi examen no es lo suficientemente detallado como para ser válido ante un tribunal, o en ningún otro sitio. Es una opinión algo informada pero nada más.

El escritor asintió.

—Bueno, con eso me basta — dijo Wright —. Y creo que tenemos muchas otras cosas de que preocuparnos y un juicio completamente distinto para el que prepararnos ahora. Sr. Fenton, si usted está de acuerdo, me gustaría que el Sr. Mayfield, Lance, esté a cargo del caso. Contará con el total apoyo del equipo, y yo le supervisaré personalmente, y oficialmente el caso irá a mi nombre. Y no deje que su juventud le preocupe. Confío en él implícitamente.

Mary miró a Lance. Tenía los ojos clavado en un folio en blanco frente a él y sus manos seguían escondida. Finalmente se puso de pie, despacio, y extendió su brazo derecho hacia el escritor. Parecía que el abogado había conseguido controlar sus emociones, y aparte de estar algo pálido, su presencia era tan profesional como siempre. Fenton se levantó y le dio la mano.

—Bueno, supongo que eso es todo. Al trabajo. Si tenéis ideas sobre cómo plantear el caso, compartidlas con Lance o conmigo. Y espero poder contar con todos vosotros si necesitamos ayuda extra.

Todos asintieron y se levantaron. Cuando Mary iba a seguir a Phil en dirección a la puerta, el Sr. Wright le puso la mano en el hombro.

—Lo siento. Estoy seguro de que nos hubiera sido útil tener una evaluación completa, pero ahora mismo no podemos hacer nada —. Miró hacia la puerta y una vez vio que Fenton estaba fuera del alcance de sus palabras, añadió —Es muy tozudo. Pero supongo que eso no es ninguna enfermedad mental. De todas formas serás compensada. Y espero que tengamos oportunidades de cooperar más a fondo en el futuro.

—Gracias, Percy. Y no te preocupes. No hace falta la compensación. No he hecho nada.

Mary no sabía bien por qué, pero decidió que no quería deberle nada al Sr. Wright. Al menos de momento. Siguió a Phil hasta su oficina, entró y cerró la puerta.

—Ya sabía yo que le iba a dar el caso a Lance. El preferido del profe. Bueno, quizás sea mejor así. No es que yo vea a Oliver Fenton con muy buenos ojos precisamente.

—¿Cómo es eso? Creía que todo el mundo merece una defensa.

Phil suspiró y se desplomó sobre su silla.

—Sí, por supuesto. Pero suele ayudar si crees a tu cliente, o si él o ella te caen bien. Y puedo decir, con la mano en el corazón, que ni me cae bien, ni le creo.

Mary asintió.

—Estoy de acuerdo contigo en las dos cosas.

—¿Te dijo alguna cosa interesante?

—Nada específico, pero hay algunos detalles que creo que no encajan. No, ahora oficialmente no es asunto mío. Pero sigo decidida a leer su libro… Me da pena que se haya muerto el Sr. Green. Y no llegaremos a oír su versión de la historia nunca, al menos de sus labios.

—Eso es verdad.

Nos quedamos callados unos segundos. Finalmente Phil dijo:

—¿Tienes planes o te quieres quedar por aquí y vamos a comer luego?

Mary le echó un vistazo a su reloj.

—No, gracias. Es demasiado temprano. Tengo una larga lista de cosas que quería hacer y sitios que quería visitar, y lo había aplazado todo por esto, pero ahora tendré tiempo. Quiero ir a visitar varios museos, quiero pasearme otra vez por Central Park, quiero subirme al ferry e ir a Long Island… Y si te apetece, puedo intentar conseguir entradas a medio precio y podemos ir a ver otro show durante la semana.

—Me parece perfecto.

—Te veo luego.

Mary dejó el bufete y se fue en pos de aventuras en la Gran Manzana.

Por si queréis poneros al día, aquí os dejo enlaces a los otros capítulos:

Capítulo 1 

Capítulo 2

Capítulo 3

Y os recuerdo que mientras preparo la publicación de la precuela Una vez psiquiatra… está en promoción especial, a solo $0.99. Aquí os dejo los detalles.
Una vez psiquiatra... de Olga Núñez Miret Portada de Ernesto Valdés Una vez psiquiatra… Portada de Ernesto Valdés

Una vez psiquiatra…

‘Una vez psiquiatra…’ es una colección de tres historias protagonizadas por Mary, una psiquiatra y escritora. Ella está empeñada en dedicarse totalmente a su carrera literaria pero las circunstancias y sus amigos parecen conspirar para arrastrarla de nuevo al mundo de la psiquiatría.

En ‘Carne de cañón’ Mary tiene que examinar a Cain un joven Afro-Americano acusado de incitar un motín religioso cuando declaró que oía la voz de Dios y que Dios era negro. Puede que no esté loco, pero Mary está segura de que esconde algo.

En ‘Trabajo en equipo’ Mary se ve forzada a ofrecerle terapia a Justin, un policía que se siente culpable cuando su compañero, que era también como un padre para él, es asesinado durante una investigación rutinaria. Antes de que Mary consiga desenmarañarse del caso, el caso se vuelve muy personal.

En ‘Memoria’ Mary desparece después de un incidente con Phil, que está maníaco ya que no se ha tomado la medicación. Cuando la encuentran ella ha sido víctima de un terrible crimen, pero pronto descubren que tuvo más suerte de la que se pensaban.

El epílogo nos muestra a Mary durante el juicio de su raptor y vemos cómo ha cambiado su vida. ¿Conseguirá por fin dejar la psiquiatra, o una vez psiquiatra, siempre psiquiatra?

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Y por si queréis leeros un poco del libro:

 

Gracias a todos por leer, y ya sabéis, dadle al me gusta, comentad, compartid y haced CLIC!

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